Hora de Reanimarse


(columna La Hora, 2-6-99)

Por: Patricio Arrau P.



El rezago con que se dan a conocer las cifras económicas junto a las condiciones normales de estacionalidad en las cifras de desempleo se confabulan para mostrar una economía que parece peor de lo que verdaderamente está. Sin embargo, una profecía autocumplida de pesimismo puede prolongar la recesión.

La reciente entrega de datos respecto del desempeño económico del primer trimestre, las nuevas cifras que sugieren una nueva y pronunciada caída para el IMACEC de abril, en conjunto con el pronosticado crecimiento de la tasa de desempleo hasta 8,7% según los datos del INE, se han confabulado para desatar una nueva ola de pesimismo y una creciente apuesta de que el Banco Central va a reducir las tasas nuevamente. Sí, es muy probable que el crecimiento del segundo trimestre del año sea negativo respecto a igual cifra del año pasado, que el desempleo se eleve hasta alcanzar dos dígitos y que la demanda doméstica se mantenga floja por algunos meses más. Sin embargo, ello no quiere decir que las cosas estén empeorando, aunque sí parecen realmente feas. Dos elementos ayudan a ver las cosas peor de lo que son.

En primer lugar está la creciente tasa de desempleo. En un año normal, la estacionalidad del empleo, especialmente agrícola, resulta en tasas de desempleo que se elevan hasta el tercer trimestre del año para luego reducirse hacia fines de año debido principalmente a la casi nula actividad agrícola en dicho trimestre. Por ejemplo, en 1997 la economía creció 7,6% en el año, pero aún así el desempleo se elevó desde un 5,4% en enero hasta un 6,7% en julio-septiembre para luego reducirse hasta un 5,3% en diciembre. Es decir, en un año de fuerte crecimiento, la tasa de desempleo se eleva fuertemente para luego caer. Parte del mayor desempleo que veremos de aquí hasta agosto o septiembre se explica por esta situación.

En segundo lugar, las cifras de actividad se conocen con rezago. Recién se están dando a conocer los indicadores que componen el IMACEC de abril. Las tasas de crecimiento en doce meses muestran una tendencia decreciente debido a que en 1998 la actividad crecía a tasas aceleradas en esta época del año. Si bien la tasa de crecimiento de abril será bastante negativa, es posible que el mes de mayo tenga un crecimiento cercano a cero y que las cifras azules aparezcan desde junio en adelante. Estimamos que el tercer trimestre el crecimiento será cercano a un 2,5% y el cuarto trimestre el crecimiento será del orden de 4%. Estas estimaciones nos dan un pobre promedio de 1,1% para el año, pero claramente vamos de menos a más.

El problema actual de la economía no es tanto si el Banco Central vuelve a reducir las tasas de interés o si el Ministro de Hacienda retira su compromiso de superávit fiscal, aunque ciertamente esos hechos ayudarían. El problema de fondo es que los agentes económicos no han recobrado la confianza en que la economía retomará un ritmo de crecimiento. El Banco Central reaccionó con decisión en marzo una vez que descubrió con retardo en marzo que la economía se encontraba más deprimida de los que él mismo pensaba. Asimismo, el Ministerio de Hacienda partió el año con una importante expansión fiscal de 7,5% respecto de igual trimestre del año pasado, donde destaca el avance presupuestario de los gastos de obras públicas y vivienda.

El problema de hoy es definitivamente de expectativas y desánimo. Las autoridades económicas hicieron un extemporáneo esfuerzo en marzo recién pasado para reanimar al sector privado con un discurso de crecimiento cuando aún las cosas venían en baja. Ahora es el momento propicio. El resultado de las primarias del domingo pasado junto a las declaraciones del candidato opositor de evitar campañas de terror, dan también un marco de ordenamiento en un año complicado.




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