La locomotora y los carros


((Columna diario La Tercera, 20 de abril de 2007))

Por: Patricio Arrau P.



No es fácil comprender que ocurrió esta semana en el Senado con la principal medida del plan Chile Invierte. No se entiende si el análisis se circunscribe sólo a la medida concreta que estaba en juego, puesto que dicha propuesta es la más potente propuesta pro inversión en muchos años. ¿Por qué se produce una alianza circunstancial tan extraña como la que se produce entre los senadores Ominami y Zaldívar, que vienen de raíces tan distintas? ¿Por qué la Alianza se desmarca tan abiertamente de los grandes gremios empresariales y lo hace tan unida?. ¿Por qué la polémica se centra en las empresas pequeñas versus las empresas grandes?. Sostengo que estas preguntas tienen una respuesta común y dice relación con el agotamiento de un “modo” de hacer política económica. Comprender esa respuesta representa una oportunidad para el ministro Velasco, pues le permitirá enmendar errores e imprimir un giro a su conducción económica, redoblando las apuestas para desprenderse de las herencias de la anterior administración y enfatizar su propio sello.

Primero algunos antecedentes. La economía chilena se parece a un tren. Por mucho tiempo se ha venido “amononando” la locomotora y todavía quedan muchas cosas por hacer para incrementar su capacidad de arrastre y velocidad. Sin duda que el tren no se mueve si no tiene una potente locomotora y los carros se mueven arrastrados por ella. Sin embargo, cada vez se hace más difícil arrastrar los carros si las ruedas de éstos están oxidadas y los eslabones de enganche se encuentran en serio riesgo de cortarse. En Chile existen 7.000 empresas con ventas superiores a UF 100 mil anuales, o lo que es lo mismo, con ventas mayores a $ 150 millones al mes. Son las llamadas grandes empresas. Son la locomotora. También existen 690.000 empresas con ventas inferiores a dicho monto y que genéricamente llamamos empresas pequeñas. Son los carros de la economía, que llevan el 80% de la población y del empleo. No existe una desagregación detallada pero estimaciones gruesas sugieren que cerca del 90% de la inversión en maquinaria y equipos de la economía chilena la realiza la locomotora. Los problemas de inversión de los carros tienen que ver con la inversión en capital de trabajo, es decir, en las cuentas por cobrar, y la inversión en inventarios. Los problemas de financiamiento de estos dos tipos de inversión son el verdadero problema de las pequeñas. Las cuentas por cobrar en muchos casos son cuentas por cobrar a la locomotora, son el eslabón de enganche de los carros. El sistema de financiamiento para las pequeñas y los eslabones de enganche en el tren no están en buenas condiciones y requieren urgentes medidas de ajuste.

La Concertación siempre ha tenido claro lo importante que es tener una locomotora bien aceitada y por ello sus gobiernos han realizado múltiples reformas para favorecerla. Desde el año 2002, los conductores de la locomotora han reconocido esta realidad y giraron oficialmente desde la crítica hacia la colaboración con el gobierno. En buenahora. En la segunda mitad del gobierno del presidente Lagos, el ministro Eyzaguirre buscó insistentemente el apoyo de esta nueva amistad para aprobar las iniciativas económicas, lo que le ahorraba tener que preocuparse de los partidos u otros intereses. El esquema, que funcionó bien entonces, se agotó por todos los frentes. Es resistido por igual por un senador de raíz “intelectual”, a la izquierda de la Concertación (Ominami), como por otro de raíz “empresarial”, que se encuentra a la derecha en el bloque gobernante (Zaldívar). Ya no están disponibles para “llamados a la disciplina” en este contexto o “modo” de hacer política económica. El esquema es también resistido por la Alianza, pues su independencia de la gran empresa es clave para llegar al poder. Además, todo ello se da en el contexto de problemas reales de las pequeñas empresas, mal comprendidos en el gobierno hasta ahora. El ministro Velasco ha dado un gran impulso a la institucionalidad del emprendimiento y su sello a favor de la microeconomía es ampliamente apreciado. No es su sello, sin embargo, este “modo” de hacer política económica, o el aferrarse a los ingresos del impuesto de timbres y estampillas, menos en el contexto de las actuales holguras fiscales. Tampoco es su sello el superávit del 1%. En las actuales condiciones tanto sus colegas como la comunidad internacional están abiertos a una modificación de la meta fiscal. El ministro tiene la oportunidad de desprenderse de esta herencia de la administración anterior y administrar un nuevo equilibrio económico y político, con autonomía, que incluya un adecuado diagnóstico de lo que ocurre en el mundo de la pequeña empresa. Finalmente una tarea para la locomotora. Es necesario que amplíe su agenda e incorpore un diagnóstico del estado de los eslabones hacia atrás, es decir, del sistema de pago a proveedores. Si tuviéramos estadísticas, veríamos un alargamiento considerable de los plazos de pago en los últimos años, lo que redunda en serios problemas de financiamiento de capital de trabajo para la pequeña.



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