Meta de inflación y tipo de cambio


(columna La Hora, 7-7-99)

Por: Patricio Arrau P.



No es conveniente fijar un rango para el próximo año. Para recuperar un crecimiento sostenido de 7% es necesario permitir una importante devaluación real en el año 2000. Por ello es conveniente una meta de 4% para el año entrante.

Año a año, durante la primera quincena de septiembre, el Banco Central da a conocer cual es la meta de inflación que espera se cumpla el año siguiente. Aunque sólo es una estimación, el guarismo elegido tiene una enorme importancia. En primer lugar, la credibilidad del Banco Central autónomo desde 1989 ha estado fuertemente sustentada en lo certero que ha sido en cumplir la meta de inflación. En los años 1995 a 1998 la inflación efectiva ha caído sistemáticamente y ha estado dentro del rango de más/menos 0,2 puntos porcentuales de la meta estimada el año anterior por el Banco Central, con la única excepción de 1997, donde la inflación de productos perecibles, es decir frutas y verduras, fue más de un 30%.

Sin embargo, las rebajas de la inflación en los años 1995 a 1997 tienen un sabor amargo. Ellas fueron acompañadas de una apreciación del tipo de cambio real de más de 16% en el mismo período, restando competitividad a los exportadores no tradicionales. A diferencia de la apreciación de los años anteriores, que puede explicarse por una expansión del comercio e incremento de productividad del sector transable, las apreciaciones de estos años pueden atribuirse a una política monetaria y cambiaria que resulto ser insostenible en el largo plazo, donde la meta de inflación jugó una función determinante.

El caso de 1996 es el más claro al respecto. La meta de inflación fijada en septiembre de 1995 para el año 1996 fue el primer conflicto abierto entre el Banco Central y Hacienda. En ese momento, el Banco Central propuso una meta de 6,5% para 1996, 1,5% menos que la meta para 1995 que fue de 8%. Ello se hizo en contraposición de Hacienda que deseaba una meta de 7%. En diciembre de 1995, tan sólo tres meses después de fijar la meta e incluso antes de que partiera el año 1996, ya era claro que dicho objetivo sería muy difícil de cumplir. La tasa de interés se elevó a 7,5% para contrarrestar una expansiva demanda interna, inducida por muy buenos precios de nuestros productos de exportación. Dicha tasa indujo enormes influjos de capitales que deprimieron el tipo de cambio, lo que permitió cumplir con la meta de inflación a costa de la apreciación real mencionada. En los otros años la historia es similar: metas estrictas generaron políticas monetarias de tasas altas y tipo de cambio deprimido.

En contraste con ello, sin embargo, la meta fijada para 1999 en septiembre de 1998 es una notable excepción a esta historia de metas difíciles y apreciación real. Con un destacable pragmatismo y sabiendo que se requería recuperar el retraso cambiario acumulado, el Consejo del Banco Central decidió fijar la meta en un 4,3%, tan sólo 0,2 punto porcentuales menos que la meta de 1998. La meta se cumplirá con creces este año debido a la recesión, y el tipo de cambio recuperará unos 5 a 6 puntos perdidos.

El mismo argumento de hace un año es válido hoy. Es necesario que la meta fijada deje holgura para una recuperación del tipo de cambio real otros 5 a 6 puntos. A diferencia de este año, sin embargo, una meta de 4% no es fácil en este contexto debido a que el año 2000 será un año de reactivación. Para evitar caer nuevamente en el uso del tipo de cambio para cumplir la meta inflacionaria en conveniente una meta de 4% para dicho año.




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