Un gran acuerdo, dos temas pendientes


(Columna diario La Tercera, 16 de noviembre de 2007)

Por: Patricio Arrau P.



El reciente acuerdo de la educación es una gran noticia. Quienes hemos ido perdiendo la fe en nuestra clase política debemos al menos replantearnos la desesperanza que nos embargaba y volver a entregarle el beneficio de la duda a esta vilipendiada actividad. Es necesario también reconocer la visión de la presidenta en su campaña. Muchos de nosotros arrugamos la naríz y los opositores criticaron abiertamente cuando la entonces candidata Michelle Bachelet anunciaba comisiones de expertos para resolver varios de los problemas estructurales más acuciantes del país. El punto de partida fue la exitosa Comisión Marcel, que resultó no sólo ser transversal y convocó a varias de las mejores mentes del país, sino que su propuesta resultó ser todo un éxito para reimpulsar nuestro sistema provisional. La comisión-asamblea de la educación que surgió de la revolución de los pingüinos no llegó a puerto, pero sirvió para que diversos actores sociales y políticos, también de un amplio espectro, se miraran a los ojos y se digieran los que piensan. El resultado fue una pugna de base ideológica en la sociedad chilena respecto a la educación, especialmente respecto al centralismo estatista versus el descentralismo privado para educar a nuestros hijos. El rechazo de parte de la Alianza al proyecto de gobierno llevó a la necesidad de una nueva comisión, esta vez política, que logró este trascendental acuerdo. Y surgió lo necesario. Se requieren más recursos públicos en el modo de subvenciones, en un entorno de mayor rendición de cuentas y evaluación de los sostenedores, pero no se excluye la convocatoria al capital privado para atraer recursos físicos y humanos al mundo de la educación. La insensatez de la eliminación del lucro se cayó por su propio peso. El absurdo de sostenedores sin vocación educacional, que además estafan al Estado y a todos los chilenos llenando plantillas fantasmas de asistencia de alumnos no podía continuar.

El marco general está definido. Dos aspectos necesarios están pendientes para levantar la educación en Chile. En primer lugar, que duda cabe, se requiere al menos una modificación del estatuto docente. Para algunos su eliminación, para otros convertirlo en una carrera docente, para los que no somos expertos al menos terminar con el actual sistema gremial docente. Entiendo que cerca de 100.000 profesores tienen el privilegio de no poder ser despedidos aunque su desempeño sea desastroso. Negocian directamente con el Ministerio de Educación su remuneración y gozan de inmovilidad. Una ofensa para todos los trabajadores del país que deben mostrar resultados para permanecer en sus puestos de trabajo. Tampoco se sabe quienes tienen vocación y motivan a sus alumnos y quienes deben salir del sistema porque simplemente nunca debieron estar allí. Ello es así puesto que los dirigentes se han opuesto por 16 años a ser evaluados y remunerados por desempeño. Este problema, fundamentalmente radicado en la educación municipalizada, debe enfrentarse con coraje. Dos alternativas. Una nueva comisión de esta renovada clase política para transformar el estatuto docente en una carrera docente, o bien, permitir a las municipalidades vender sus colegios para que nuevos actores privados consoliden el sector en el marco del nuevo sistema regulatorio y de rendición de cuentas.

El segundo tema pendiente tiene que ver con “empoderar” a la gente, empoderar a los apoderados. Muchos expertos ligados al oficialismo han asociado nuestro sistema de subvenciones a los llamados “voucher” de demanda. Ello es incorrecto. Nuestro sistema de subvenciones es en realidad un “voucher” de oferta, un arreglo entre el Estado y los sostenedores para trasferirles recursos a los oferentes de la educación, donde el apoderado (la demanda) no tiene nada que decir. En el presupuesto 2008 se transferirán US$ 3.500 millones de dólares a las escuelas subvencionadas donde más de US$ 140 millones (un 4%) irá a escuelas cuyos sostenedores llenan libros de asistencia falsos sin que siquiera los padres sepan que esa escuela recibe recursos a cuenta de su hijo. Con el nuevo sistema ese sostenedor sale del sistema. Pero ¿por que no dar el poder de pago a los padres?. Este verdadero “voucher” de demanda no era posible hasta ahora por problemas de administración. Los enormes avances de los medios de pago electrónico resuelven el problema. Una tarjeta de prepago específica para el padre, quien deberá pagar una vez al mes en la escuela de sus hijos, en terminales POS especiales para este propósito, es hoy posible a costos inferiores a los actuales costos de fiscalización. Transfiramos los US$ 3.500 millones a los padres para que paguen directamente la educación de sus hijos con dinero electrónico. Ello no sólo los motivará a involucrarse más, sino que también convierte a los beneficiarios del gasto público en dignos ciudadanos.



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