Para impulsar la revolución del dinero electrónico


(Columna revista Capital, 30 de noviembre de 2007)

Por: Patricio Arrau P.



El dinero electrónico, es decir el registro electrónico de las transacciones comerciales como medio de pago de todo tipo, incluido el retail y la transacción de bajo monto, está llamado a sustituir el medio de pago de papel, monedas y cheques bancarios. Para ello se requería por una parte el avance tecnológico que disminuyera considerablemente los costos de realizar transacciones electrónicas. Esos avances tecnológicos ya están con nosotros. Si una transacción con cheque tiene un costo total de más de un dólar, una transacción por Internet tiene un costo de apenas 3 centavos de dólar. Adicionalmente, se han desarrollado redes, aparatos y terminales, tanto en línea como fuera de línea, que permiten sustentar transacciones en el mostrador de la tienda a costos inferiores que las alternativas de papel y cheques, donde las redes inalámbricas juegan un rol central. El cuello de botella ya no es la tecnología. Se requiere sin embargo de importantes decisiones el plano de las políticas públicas.

Cuando el papel moneda sustituyó a las monedas de oro, la plata y las piedras preciosas para realizar transacciones comerciales, se produjo una enorme ganancia de bienestar en la sociedad. Se liberó toda esa riqueza en metales y piedras preciosas que se encontrada atrapada en el sistema de pagos. El costo del sistema lo representaba el valor intrínseco de esa riqueza. Para que ello ocurriera se requería que se consolidara la confianza en el papel moneda y en el sistema bancario como medio universal de pagos y ello requería estados que le dieran respaldo al sistema a través de bancos centrales. Por años se ha consolidado ese sistema, donde la sociedad ha concedido a los bancos comerciales y al los bancos centrales el monopolio de la emisión de los medios de pago, y donde estos últimos son el garante de la estabilidad de ese sistema. Los medios de pago electrónico están llamados a terminar con ese paradigma y reemplazarlo por uno totalmente nuevo, son una tecnología totalmente “disruptiva” de ese sistema centralista que emergió del sistema del papel moneda y la banca. La tensión disruptiva que han originado los medios de pago electrónicos ya se ha visto en nuestro país con los medios de pago de las casas comerciales. Ante la impresionante penetración de las tarjetas de las casas comerciales, la autoridad reaccionó con una regulación tipo bancaria para los medios de pago de las casas comerciales. Ello demuestra que no podemos aún visualizar el nuevo paradigma de los medios de pagos electrónicos, que se basa en una dispersión y especialización de emisores de medios de pago no bancarios. Diversos actores tendiendo redes y sistemas que sean aceptadas por comercios y consumidores por igual, sin necesidad de un prestamista de última instancia. Tarjetas de diverso tipo, de crédito, de débito que se cargan directamente en las cuentas corrientes bancarias y de prepago, que se cargan en un chip electrónico incrustado en la misma tarjeta, que reduce el monto registrado en el chip. Esta revolución tendrá enormes ventajas para el control de crimen, de la evasión tributaria, para la administración de los programas gubernamentales, etc.
Para que todo esto ocurra, se requiere la acción de políticas públicas. La autoridad, tanto fiscal como monetaria, muestra una inercia que es necesario remover. La primera se aferra a los impuestos de cheques, que se extienden a todas las transacciones distintas de las realizadas por papel moneda. Este impuesto ya recolecta más de US$ 129 millones y crece aceleradamente debido al crecimiento de las transacciones electrónicas. Este impuesto representa un 20% de costo de producir una transacción por cheque bancario pero casi un 1.000% del costo de producir una transacción por Internet. Para impulsar la revolución de los medios de pago electrónico, el Fisco debe desprenderse de recolectar este impuesto para transacciones electrónicas. La autoridad monetaria, por su parte, se aferra al sistema del monopolio de los medios de pago de uso general reservado a los bancos y al mismo banco central. Así, a través de su compendio de normas financieras, en sus capítulos III.J.1 y III.J.3, el Banco Central introduce fuertes restricciones para ser emisor de tarjetas de crédito (III.J.1) y simplemente impide (III.J.3) a las instituciones no bancarias a ser emisores de tarjetas de prepago para uso de fines generales. Es necesario revisar profundamente estas normas, pues los medios de pago electrónicos están listos para revolucionar una vez más el bienestar de nuestras sociedades, para lo cual se requiere desencadenar el emprendimiento y la innovación.



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