Crecimiento e inflación el 2008


(Columna diario La Tercera, 18 de enero de 2008)

Por: Patricio Arrau P.



El miércoles pasado, el nuevo y flamante presidente del Banco Central ha dado a conocer su primer Informe de Política Monetaria, conocido coloquialmente como IPOM. También se ha dado a conocer el Informe de Estabilidad Financiera. Es una delicia para los analistas y observadores de mercado poder constatar una vez más lo bien que funciona nuestra institucionalidad monetaria autónoma. Estos sólidos documentos de análisis son el mejor reflejo de ello. Definitivamente el Banco Central la lleva en análisis macroeconómico y financiero.

El Banco Central ha reducido el crecimiento estimado para el año 2008 al rango 4,5-5,0% y ha incrementado su estimación de inflación a 4,5%. Respecto a la inflación, podemos estar tranquilos. Orientado por su la política de meta de inflación en torno al 3% anual, la inflación viene de vuelta en el horizonte de 24 meses a ese rango. Es muy clarificador constatar una vez más que la inflación medida en exceso de la meta sigue siendo un fenómeno asociado a los incrementos de precios de alimentos y de energías. Respecto a la inflación de alimentos, ésta se compone de la inflación importada por las extraordinarias alzas de granos, leche y otros, así como los choques de precios de nuestros productos perecibles y verduras asociadas a las heladas del año pasado. En el segundo caso los precios no alcanzaron a revertirse hacia fines de año, pero ello ocurrirá en los meses sucesivos. En el caso de la energía, el alza de precios también es un fenómeno de oferta y se trata de inflación importada. El fin del gas argentino llevó a que sea el petróleo y el carbón el que determine los precios domésticos de nuestra energía y ya sabemos el nivel de precios que ha alcanzado el primero de estos productos. Incluso el Banco Central incrementó su estimación del precio del petróleo a 93 centavos el barril para este año, lo que implica incrementos adicionales en el precio de la energía en los próximos meses. El detallado análisis de incidencias de inflación es muy claro y muy sólido. La inflación en Chile sigue siendo un fenómeno de oferta. Las dos últimas alzas de la tasa de política monetaria son entonces unas alzas preventivas. Se trata de evitar que estos choques de oferta de origen importado que explican los registros de inflación en estos meses tengan efectos de propagación indeseados en la inflación futura. Es decir, la política monetaria debe permitir y acomodar un cambio de nivel en los precios, pero no debe acomodar una mayor inflación esperada futura permanentemente más alta. La inflación alcanzará un nivel superior al actual en el segundo trimestre de este año, para iniciar un rápido descenso al 3% en el horizonte de 24 meses, pasando por un 4,5% de inflación hacia fines de año. El análisis es contundente.

Respecto al crecimiento, es evidente que la Fed está tratando de evitar una recesión en los EE.UU. y por ello los movimientos de tasa en ese país son a la baja. No es nuestro caso. Nuestro crecimiento está sólidamente determinado por la demanda interna y no por las exportaciones, por lo que la recesión en dicho país no debe tener un impacto importante en Chile. Tanto el consumo doméstico, el gasto público como la inversión están tirando el carro. El consumo y la inversión sólo podrían reducirse en el caso que el sistema financiero nacional redujera dramáticamente el crédito y ello no tiene razón para ocurrir. Esta incipiente eventual recesión de los EE.UU. está compensada por el crecimiento de otras partes del mundo, algo parecido a lo ocurrido al final de la década de los ochenta y principios de los noventa. Chile llegó a crecer a dos dígitos mientras los EE.UU. se encontraban en recesión. Nunca Chile había tenido una posición financiera más sólida que la actual para enfrentar una situación como esta. La eventual recesión de los EE.UU. no afectará nuestro crecimiento más allá del medio punto de ajuste de las proyecciones del Banco Central.

El único factor de riesgo que observo para la economía chilena es el absoluto desinterés de las autoridades públicas respecto del tipo de cambio. Es notable el análisis y detalle de incidencias que se encuentra en los documentos del Banco Central sobre inflación, portafolios de activos e inversiones de las AFP, desagregación del crecimiento por componentes de demanda, etc., pero también es notable la pobreza y nulo análisis sobre el tipo de cambio. Se repite majaderamente que el tipo de cambio real se encuentra en el nivel de los últimos 15 años, pero un análisis de incidencia demostraría que el tipo de cambio real se encuentra en las nubes para sectores mineros y de commodities y por el suelo para los sectores menos tradicionales de exportación. Falta información para que el mercado lleve el tipo de cambio a niveles más consistentes con los fundamentos económicos de nuestra economía. Sería muy bueno que el Banco Central se hiciera cargo de un análisis más profundo de incidencias y desagregación del tipo de cambio en futuros IPOM.



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