Temperancia


(Columna diario La Tercera, 1 de febrero de 2008)

Por: Patricio Arrau P.



Hermosa virtud. La temperancia es la virtud de la moderación. Es la virtud que permite disfrutar los placeres de la vida en equilibrio, en balance, con moderación. Tanto los ascetas como los libertinos son intemperantes. Los primeros viven con el remordimiento y el temor de caer en tentación. Los segundos se sienten libres pero son esclavos del hartazgo. Ambos se escudan es sus rígidas estructuras mentales, construidas para permitirles vivir en el extremo. Los primeros se ven a si mismos como los guardianes de la moral y las buenas costumbres, y muchos de ellos caen fácilmente en denigrar o reprimir a quienes no comparten sus principios. Los segundos idolatran el desenfreno y muchas veces no pueden ver como su incontinencia puede dañar su propia salud. Muchos de ellos caen en el delito pues no aceptan los límites, ni legales ni morales. Sin duda que la temperancia es una virtud difícil de practicar todo el tiempo, pero es la virtud que permite vivir en plenitud, en verdadera libertad.

En tiempos de turbulencias es especialmente recomendables practicar la temperancia, la moderación. Evitar esconderse en falsos principios, evitar proclamar los males del infierno y evitar caer en los dictados de la rigidez. Vivir bien conectados con el mundo real, con la vida tal cual es. La turbulencia es caldo de cultivo para los predicadores del mal. Florecen los ascetas que quieren hacernos comulgar con sus ruedas de carreta para salvarnos de las llamas del infierno.

Especialmente importante es el ejercicio de la temperancia de parte de los actores económicos. No se requieren nuevas alzas preventivas de tasas de interés de parte de la autoridad monetaria. La solidez de la economía chilena está a la vista y podemos seguir disfrutando de esa tranquila realidad. Asimismo, seguir ignorando la situación que se observa con el tipo de cambio puede confundirse con el ascetismo en políticas económicas. Algo de fanatismo empieza a vislumbrarse en esta obstinada opción por el inflexible apego a supuestos principios que en realidad no son más que instrumentos del momento. En el año 1998, el ascetismo del momento era el tipo de cambio fijo. No podía dejarse flotar el tipo de cambio pues ello era sinónimo a renunciar al control de la inflación. Falso oráculo. El resultado fue desencadenar siete años de bajo crecimiento producto de la crisis financiera y de pagos ocasionada por aquella opción extrema. Notable el contraste que se observa entre el pragmatismo de la política económica de los EE.UU. y nuestro inflexible y rígido apego a enfoque de política económica sustentada en modas disfrazadas de principios. Corresponde una dosis de pragmatismo. Desapego a falsos oráculos que nos impiden disfrutar la vida y sus placeres con moderación. En el plano fiscal corresponde seguir en el camino trazado. La posición financiera del Fisco y el enorme superávit fiscal del año 2007 son garantía de tranquilidad. Sustentar adecuadamente la demanda interna, manteniendo el gasto público nos permite avanzar con moderación en este año de turbulencias. Nada tiene que ver la inflación actual con el nivel de gasto público. Ese predicamento repetitivo se cae por su propio peso. No comulgue con ruedas de carreta, puede ser malo para la salud.



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