La travesía del Titanic


(columna El Diario, 23-7-99)

Por: Patricio Arrau P.



El transatlántico no chocó con el iceberg, pero la frenada del capitán fue tan abrupta y en seco, que los viajeros salieron volando por la proa y casi mueren de hipotermia, congelados junto al majestuoso muro de hielo. Mientras son rescatados con casi nulos signos vitales y se realizan esfuerzos para reanimarlos, cabe preguntarse acerca de las responsabilidades de la tripulación, las razones que impidieron divisar a tiempo el peligro y las acciones necesarias para que aquello no vuelva a ocurrir.

El presidente de la SOFOFA y el presidente del Banco Central se enfrentaron recientemente en un muy interesante debate acerca de las responsabilidades de esta última institución en la profundización de la recesión que vive el país. Para ello utilizaron una analogía que asemeja la economía chilena al Titanic, aprovechando que la saga de este formidable transatlántico se encuentra muy fresca en la memoria de la opinión pública gracias al la galardonada película.

El Presidente de SOFOFA culpó al Banco Central de hundir el Titanic con las políticas aplicadas para manejar internamente los efectos de la crisis asiática, implicando una responsabilidad del equipo económico del Banco Central que excede lo que puede atribuirse al fenómeno externo. El Presidente del Instituto Emisor replicó que al contrario, precisamente debido a que se aplicaron los frenos a tiempo, algo que no pudo hacer el capitán del Titanic, la economía chilena se salvó de chocar con el iceberg.

Las analogías no son pruebas de una hipótesis, pero tienen un extraordinario poder para ilustrar las ideas. En esta columna me propongo extender esta analogía de modo de rescatar elemento de ambas partes e invitar a un profundo debate acerca de lo que le ocurrió a la economía chilena en 1998.

El transatlántico no chocó con el iceberg y en este sentido el Presidente del Banco Central tiene razón. Sin embargo, la frenada del Capitán fue tan abrupta y en seco, que los viajeros salieron volando por la proa y casi mueren de hipotermia, congelados junto al majestuoso muro de hielo. Esto sugiere una responsabilidad del Capitán y su tripulación y en este sentido el Presidente de SOFOFA tiene razón. Mientras los pasajeros son rescatados con casi nulos signos vitales, es necesario extraer las lecciones adecuadas.

La trayectoria peligrosa

La primera pregunta que cabe hacerse es cuándo perdimos el rumbo. La discusión se ha centrado en el manejo de la crisis y en si existían acciones de política menos dolorosa y menos en esta pregunta esencial.

Algunos sostienen que nunca estuvimos en una trayectoria errada. Todo estaba muy bien hasta que de pronto, como si fuera una escena de realismo mágico latinoamericano, el iceberg fue colocado justo al frente del formidable buque por alguna extraña fuerza de origen posiblemente extraterrestre o al menos asiática. Negar la trayectoria perversa es inconducente.

Otros sostienen que el camino errado se inició en febrero de 1997, cuando el Banco Central de Chile inició una gradual reducción de la tasa de interés desde 7,5% hasta 6,5% en septiembre de dicho año. Ello habría provocado una expansión de demanda que al estallar la crisis agravó sus consecuencias. No atribuyo a dicha hipótesis gran poder. La demanda doméstica traía una energía propia y un sesgo impulsada por otras fuerzas más complejas, donde la tasa de interés permanentemente desalineada de las tasas internacionales juega una función inversa a aquel implícito en esta hipótesis.

Mi opinión es que el curso equivocado se inició mucho antes, en 1995, cuando se decidió una gradual apreciación del piso de la banda primero; y luego en diciembre de dicho año, cuando el Banco Central subió la tasa de interés hasta 7,5%. Ello generó tal estimulo a la entrada de recursos externos y endeudamiento en dólares de empresas chilenas, que el tipo de cambio no tenía otra posibilidad que permanecer pegado al piso de la banda, en un combinación cambiaria y monetaria no sustentable en el tiempo. ¿Ignoraban los técnicos del Banco Central el incentivo a la entrada de capitales? No, pero se tenían una enorme fe de que podían controlar la entrada de capitales con encaje y normativas especiales, lo que permitiría segmentar el mercado monetario doméstico del externo y evitar una apreciación cambiaria excesiva. El enorme influjo de capitales de 1996 y 1997 pone en duda la efectividad de dicho control.

La bruma que impedía la visibilidad

Hasta octubre de 1997 no se vio el iceberg y no se interpretaron adecuadamente las señales que anunciaban un rumbo equivocado: apreciación cambiaria, déficit de cuenta corriente crecientemente crónico, debilitamiento de la expansión de exportaciones no tradicionales, crecimiento doméstico sesgado hacia sectores productores de bienes no transables, etc. Sostengo que la bruma que impedía ver el colapso era el exceso de confianza en un enfoque de políticas macroeconómicas demasiado intervencionista y controlista alimentado por un paradigma macroeconómico para interpretar la economía chilena de dudosa efectividad. En pocas palabras: si la gente quiere gastar se debe subir las tasas; si esto atrae capitales, se debe imponer controles y prohibiciones. Funcional a este sistema, sólo se hace pública la información que permite controlar. Esta última crítica es válida no sólo para el Banco Central, sino que especialmente para el Ministerio de Hacienda. En materia de paradigma macro, tanto los técnicos del Banco Central como de Hacienda comparten modelos simples de flujos y equilibrio de bienes, estáticos, donde el tipo de cambio es sólo el precio relativo de los bienes. Se subestima otros avances en la ciencia económica donde el tipo de cambio es también el precio relativo de los activos, donde el equilibrio macroeconómico es dinámico, donde los stocks y ajustes de portafolio juegan un rol dramático en momentos claves y donde las tasas de interés se mueven con consideraciones de demanda, pero también con consideraciones cambiarias y de precios de los activos domésticos y externos.

Las decisiones tomadas en 1995 eran coherentes con el enfoque controlista. Lamentablemente para los estrategas macroeconómicos del país (tanto en el Banco Central como en Hacienda), esta estrategia macro, muy exitosa en el primer quinquenio de los noventa y buena hoy para países atrasados en su desarrollo macro institucional, se volvió obsoleta y errada para Chile.

La macro post-crisis

Más que seguir discutiendo sobre el manejo de la crisis, si la combinación de venta de reservas, devaluación y tasas de interés pudo ser distinta y evitar la obvia profundización de la recesión por el camino elegido, insisto una vez más que es necesario discutir sobre el nuevo plan estratégico macro para reestimular al país (véase previas columnas en ambos sentidos en www.gerens.cl/arrau.htm)

La economía chilena, al alcanzar la edad adulta, siguió siendo dirigida por un padre con un discurso propio de la infancia y adolescencia; ello a pesar de que el hijo obtuvo una graduación universitaria con nota A-, es decir "top" en su clase. Se debe cambiar el enfoque de políticas macroeconómicas desde uno intervencionista y controlista en extremo a uno que entrega más espacios de accionar y de responsabilidad al sector privado, con mayor transparencia y claridad en los mercados financieros y monetarios, con entrega de abundante y oportuna información para que los privados planifiquen sus gastos con mayor precisión, aceptando el entorno externo como un dato, integrando financieramente la economía al exterior, etc. Ello no implica renunciar a hacer política monetaria, pero surgen complejidades nuevas en este campo. Se debe hacer política monetaria considerando las limitaciones que impone el resto del mundo (desviaciones permanentes de las tasas internacionales no son posibles, sólo desviaciones transitorias de ajuste), mirando precios de activos y tipo de cambio, con una política de reservas internacionales que dé coherencia a un sistema de flotación cambiaria bien informado, etc. En ocasiones, si el sector privado se embriaga con un exitismo desproporcionado de gasto en transables, lo correcto puede ser dejar que dicha borrachera se traduzca en un déficit transitorio de cuenta corriente que corrija el tipo de cambio al alza y no impedir dicha corrección con subidas de tasas como fue el caso de 1995. Si se requiere subir las tasas, debe permitirse al tipo de cambio encontrar su precio financiero consistente con las nuevas tasas, pero no es posible fijar ambas variables en forma simultánea.

En fin, el profundo debate propuesto conducirá necesariamente a preguntarse si la actual institucionalidad macroeconómica requiere modificaciones. Sabemos a quien responde el Ministro de Hacienda, pero ¿a quién responde el Consejo del Banco Central?, ¿se justifica tanto poder e instrumentos de control, o debe limitarse su accionar?, ¿debe definir el Banco Central las metas de inflación, o bien ese objetivo debe ser del Ejecutivo?, ¿se justifica en el Chile graduado el mismo sistema oculto de cifras del Presupuesto Nacional y financieras, o debe permitirse la más amplia y oportuna entrega de la ejecución presupuestaria?, ¿se requieren nuevos instrumentos fiscales del ciclo económico, o bien ello también responde al enfoque controlista?. Preguntas claves para el nuevo Plan Estratégico Macroeconómico del Chile adulto.




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