Sobre técnicos y políticos


(Columna diario La Tercera, 4 de abril de 2008)

Por: Patricio Arrau P.



En el último tiempo, en diversas situaciones de decisiones de políticas públicas relevantes ha emergido con fuerza la tensión entre las decisiones técnicas versus las decisiones políticas. Tal vez por flojera, aquella supuesta tensión se entiende a menudo como tirantez entre los tecnócratas y los políticos. Pero lo cierto es que, puesto en estos términos, el debate resultante es artificial. Al fin y al cabo, prácticamente todas las decisiones relevantes de políticas públicas son políticas. No existe una decisión de política pública que sea meramente técnica, a secas.

El punto relevante es que, en un Estado complejo como el nuestro, existe un importante conjunto de políticas públicas que requieren de un sustento muy técnico. En ese contexto, los profesionales especializados en las distintas disciplinas adquieren una muy importante influencia en las decisiones políticas. Afortunadamente, en Chile ello ha cobrado especial importancia en las últimas décadas, como consecuencia del colapso de nuestra democracia (en parte por ignorar los aspectos técnicos en las decisiones publicas de entonces) y de la refundación económica del período autoritario posterior, que privilegió fuertemente los criterios técnicos.

El éxito de la Concertación como bloque político por un período tan largo de tiempo se debe, en parte, a haber abordado un conjunto muy relevante de políticas públicas con un adecuado sustento técnico. Como consecuencia de ello, se ha logrado derrotar el flagelo de la inflación, se han creado y fortalecido las instituciones, se ha obtenido un importante crecimiento económico y muchas familias chilenas pudieron dejar atrás la indigencia y la pobreza, en tanto muchas otras pudieron acceder a bienes que antes sólo observaban, fuera de su alcance, en las vitrinas.

La clase política chilena que emergió con la recuperación de la democracia fue clave para posibilitar este resultado y permitir que una emergente y sofisticada clase de profesionales y técnicos accedieran a posiciones de autoridad en el Poder Ejecutivo. Hoy en día, la conducción económica –con el Ministro de Hacienda y el presidente del Banco Central- está en manos de dos de los mejores exponentes de esta generación de profesionales que se han dedicado a las políticas públicas. La clase política que posibilitó la emergencia de estos profesionales tenía una firme convicción de que las decisiones de políticas públicas debían tener un muy fuerte contenido técnico. Hoy parece que esas convicciones se han debilitado y que ha emergido una peligrosa crítica de base populista a las decisiones de contenido técnico y un conjunto de acciones políticas sin más fundamento que la lucha por el poder. Desmedidas y destempladas descalificaciones al ministro de Hacienda se escucharon en el Congreso con motivo de la tramitación del proyecto sobre depreciación acelerada. Otro tanto le ocurrió ayer al presidente del Banco Central de parte de algunos legisladores. El Congreso, lugar donde debe encontrarse la buena política, con buen sustento técnico, se esta convirtiendo en un lugar de celadas y descalificaciones a ministros y otros altos funcionarios del Estado. Frente a esta preocupante tendencia de descomposición de nuestra clase política, esperemos confiados que la sabiduría de nuestro electorado corrija la situación en dos años más.



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