Para retomar el crecimiento acelerado


(Columna Revista Capital, Aniversario 2008)

Por: Patricio Arrau P.



Chile creció muy rápido durante los diez años que empiezan en 1988 y terminan en 1997, llamados los años dorados. A fines de ese año la crisis asiática se asomó en el horizonte y golpeó fuerte el año siguiente. Desde entonces el país crece a una tasa similar a la que se consideraba un “caso de desarrollo frustrado”, es decir en torno al 4% anual. Al descomponer el crecimiento, lo que no puede explicarse con el capital o el trabajo le hemos dado el nombre de Productividad Total de los Factores (PTF). Es la PTF la que debe crecer fuerte, como ocurrió en los años dorados de la economía chilena.

Muchas explicaciones se han dado para esta variable. Sin duda que nuevos desarrollos tecnológicos e innovación en un período de tiempo corto de tiempo pueden explicar un crecimiento acelerado. EE.UU. e India en la última década califican para esa explicación. No fue el caso de Chile en los años dorados. Se dice también que una fuerza laboral mejor capacitada y una población más educada incrementa el potencial de crecimiento por arriba de los factores tradicionales. Que duda cabe, ello es obvio. Tampoco explica nuestros años dorados. Que nos faltan emprendedores, que no hay inversión en innovación y desarrollo, que el Estado debe promover clusters. Nada de eso explica los años dorados.

Chile creció aceleradamente porque un conjunto importante de reformas estructurales económicas en los ochenta crearon un ambiente de inversión y desarrollo de negocios, todo ello con el extraordinario impulso del retorno a la democracia y la institucionalización de la economía y la política. Las sucesivas ganancias de eficiencia del aparato productivo que se desencadenaron en los años dorados se explican por un círculo virtuoso de retroalimentación de la economía y la política. Varias de las reformas que hoy requiere el país para crecer aceleradamente parecen estar vetadas por el sector político. La modernización el Estado y abolición de los estatutos laborales protegidos, la flexibilización laboral, la puesta al día de un sistema tributario para la competencia global, entre otras, se encuentran políticamente entrampadas. Para crecer aceleradamente, la clase política chilena de hoy debe mirar a su antecesora de principios de los noventa e imitarla.



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