Presupuesto Fiscal y meta de superávit 2009


(Columna diario La Tercera, 19 de julio de 2008)

Por: Patricio Arrau P.



Hace unas semanas atrás se denunciaba que el fisco no cumpliría la meta del 0,5% del PIB de superávit estructural comprometida en el Presupuesto Fiscal 2008. Los sucesivos gastos adicionales aprobados por casi US$ 1.000 millones respecto del Presupuesto 2008, donde los créditos del FEPCO representan más de la mitad de los mayores gastos, se pensaba tenían descuadrado el compromiso fiscal de medio punto del producto como superávit estructural. Esta semana el Director de Presupuesto aclaró que esos mayores gastos están respaldados en un monto similar de mayores ingresos estructurales, por lo que la meta de 0,5% del PIB de superávit estructural se mantiene intacta. El mayor precio del cobre y la mayor tributación de las grandes mineras explican buena parte de este incremento de ingresos estructurales del fisco.

Pero hoy la discusión ha cambiado de foco, desde el cumplimiento de la meta de superávit al rol que juega el fisco en la mayor inflación. Para muchos el hecho que los gastos fiscales estén creciendo por encima del crecimiento del PIB está causando inflación. Otros creemos que la inflación observada es esencialmente de origen externo y que es difícil atribuir al fisco un rol relevante en la actual inflación. En efecto, esta semana se ha aclarado que se espera que los gastos fiscales crezcan este año 6,8% en términos reales, por debajo del 8,9% estimado en el Presupuesto 2008. En simple, esto significa que el mayor gasto nominal adicional representa un incremento porcentual menor que el mayor incremento porcentual del nivel de precios, lo que significa que la mayor inflación ha reducido la expansión fiscal real, a pesar de que existe una mayor expansión nominal. Esa es otra forma de explicar que es poco probable que el fisco esté generando inflación.

Habiendo realizado ese diagnóstico, es relevante ahora preguntarse cuál debe ser la expansión real del gasto fiscal el año 2009. La actual meta de 0,5% del producto para el superávit fiscal estructural es probable que soporte un incremento del gasto fiscal rozando nuevamente los dos dígitos de crecimiento para el año 2009. Ello sería inconveniente. La persistencia de los choques de precios externos por un período más largo que el originalmente estimado hace recomendable dar señales de contención del gasto público para evitar que el peso se lo lleve completamente la tasa de interés y el gasto privado. El mayor gasto público puede desplazar significativamente el gasto privado si contribuye a enrarecer las expectativas económicas y el sector financiero, en respuesta a esas deterioradas expectativas, restringe el acceso al crédito. En el actual clima, una potente señal fiscal es necesaria. Algo de esto último se observa, especialmente para las empresas más pequeñas. El gasto fiscal no debe crecer más que el PIB estimado el año 2009, es decir entre un 4 y 4,5% en términos reales. ¿Qué hacer entonces con la meta de superávit estructural? ¿Debe volver a incrementarse al 1% del PIB?. No. La mayor holgura fiscal que deja la meta de 0,5% del producto como medida de superávit puede ser aprovechada para dar un impulso fiscal a la oferta, que ayude a revertir las expectativas económicas negativas. Sería lógico aprovechar dicha holgura para profundizar por ejemplo la rebaja de impuestos que distorsionan la oferta. Candidatos son los impuestos de timbres y los impuestos a los combustibles. Los primeros ayudarían a contrarrestar la tendencia a restringir el crédito que se observa actualmente en la banca. Los segundos apoyan directamente también el control de la inflación. Otro par de impuestos que distorsionan la oferta y pueden competir por esta mayor holgura fiscal son el impuesto al cheque, especialmente a las transacciones electrónicas, y el impuesto a las bebidas analcohólicas. Todas estas rarezas permanecen en nuestro sistema tributario precisamente porque casi siempre su eliminación compite con algún gasto necesario que habría que reducir. Ahora no es el caso. La eliminación de estos impuestos compite con el incremento de la meta de superávit estructural, lo que innecesario.

No se ve fácil la aprobación del Presupuesto 2009. El ministro de Hacienda deberá hacer un gran esfuerzo por convencer a legisladores de la Concertación respecto de la necesidad de tener un incremento moderado del gasto público, bien por debajo del crecimiento que le permite la regla de superávit estructural. No se re+quiere revertir la reducción de la meta de superávit estructural de 1% al 0,5% que se realizó el año pasado. Otra forma de cuadrar el presupuesto sería mantener la meta en el 0,5% y aprovechar la ocasión para eliminar impuestos torpes que permanecen en nuestro sistema. Sería un gran Presupuesto 2009.



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