Inflación, economía y política


(Columna diario La Tercera, 1 de agosto de 2008)

Por: Patricio Arrau P.



La inflación se nos subió de sorpresa. Mala noticia. Nadie niega el origen externo asociado a los choques de precios en los alimentos y en los productos de energía. Otro poco se explica por situaciones climáticas del año pasado. Adicionalmente, varios colegas han puesto la mira en el gasto público, que a decir verdad, ha crecido fuerte en los dos últimos años. Me inscribo en el grupo más reducido de economistas que sostiene que el fisco no ha causado inflación aún. Que se ha exagerado el rol que puede haber jugado el crecimiento del gasto público en cerca del 9% real en el año 2007 y en el recientemente anunciado 6,8% real para este año. Si bien es cierto que comparando primer semestre del 2007 con primer semestre del 2008 el gasto público ha crecido a dos dígitos, la demanda agregada, tanto pública como privada, que es lo relevante para la inflación, no permite asignarle a la inflación de demanda un impacto significativo. No se trata de minimizar los posibles efectos de segunda vuelta, ni negar que es posible que la vuelta al rango meta de la inflación y su centro en el 3% se demorará más de lo inicialmente esperado. Más bien se trata de hacer un diagnóstico correcto.

Pero ese no es el punto que se desea repetir aquí. Hemos descubierto con sorpresa que la aversión a la inflación no es sólo una preocupación de los economistas. La gente ha sentido en su bolsillo el impacto y la clase política también ha podido percibir que la inflación es muy impopular. Hace tiempo que no veíamos una convergencia como esta entre la política y la economía. Esto si es una buena noticia. Muchos creemos que el país se encuentra de alguna manera estancado por el fuerte divorcio que existe hoy entre la economía y la política. El Ministro de Hacienda representa una visión moderna y correcta de lo que debemos hacer, pero desde la vuelta a la democracia nunca un ministro de hacienda había recibido el tipo de hostilidad desde el mundo de la política como ha debido soportar el ministro Velasco. Con la inflación eso está cambiando. El país necesita una fuerte señal fiscal para revertir el clima de pesimismo que se ha apoderado del debate público. Sin compartir el diagnóstico de las fuentes de la inflación hasta ahora, sí comparto con mis colegas que la señal hacia adelante que entregue el fisco es esencial. El anuncio presupuestario 2009 es importante para contener el ambiente pesimista actual y revertirlo. Eso lo sabe el ministro Velasco y también el mundo político. Más que por la inflación, el actual ambiente puede generar un enfriamiento significativo de la economía en segundo semestre. El mecanismo de transmisión es el retiro del crédito que se observa más que incipientemente en el sistema financiero. Cuando la banca se asusta las personas y las pequeñas empresas son las primeras en sentirlo. El llamado “credit crunch” puede generar una recesión si no es contenido a tiempo. Un crecimiento presupuestario real del orden del crecimiento esperado del PIB para el año 2009 es muy necesario para este propósito y así parecen entenderlo el mundo de la política y el mundo de la economía por igual.
Una vez contenida esta eventual “crisis” es de esperar que la política y la economía puedan continuar esta senda de reencuentro. Ello es muy necesario. Si miramos la historia de estos casi 18 años de democracia y economía de mercado podremos constatar que Chile ha tenido un progreso enorme en estos años, interrumpido sólo por los años del divorcio.



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