El Central saca su voz


(columna La Hora, 4-8-99)

Por: Patricio Arrau P.



Auspiciosas palabras del Presidente del Banco Central, Carlos Massad, el jueves recién pasado. Ellas sugieren un diagnóstico distinto para interpretar la historia macroeconómica reciente y un enfoque más abierto para hacer política monetaria en el futuro.

En un reciente discurso en el V Encuentro Financiero de ICARE, el Presidente del Banco Central hace por primera vez una defensa de su accionar en 1998 acompañado de un diagnóstico distinto respecto de la trayectoria que traía la economía chilena previo a la crisis asiática. Auspiciosas palabras que sugieren un enfoque nuevo para hacer política monetaria en el futuro.

El discurso en su esencia es una enfática defensa de la política de mantención del tipo de cambio en 1998 para evitar un retroceso inflacionario y presenta las altas tasas de interés de 1998 como la única alternativa de ajuste. En realidad existió la alternativa de vender más reservas y satisfacer el ajuste de portafolio de los agentes de mercado, alternativa que no aparece en el análisis. Sin embargo, en esta ocasión quisiera escarbar entre las líneas del discurso y rescatar una nueva visión de futuro a mi juicio delineada por Carlos Massad.

Descartando que la rebaja de tasas entre enero de 1997 y septiembre de ese mismo año haya sido un estímulo a la demanda interna, el Presidente del Banco Central señala "que la demanda interna recibió un fuerte estímulo de parte de los ingentes ingresos de capitales que se registraron ese año (sobre 10% del PIB), en parte atraídos por las relativamente altas tasas de interés internas y la estabilidad cambiaria, y en parte atraídos por las favorables expectativas de negocios en el país". Se reconoce entonces el dilema monetario entre "niveles de tasas relativamente altos (...) que atraían capitales externos, a pesar del encaje, y tendían a presionar el piso de la banda cambiaria, y las señales de recuperación rápida del gasto interno que requerían un endurecimiento de la política monetaria."

Lo novedoso de este diagnóstico es que implícitamente se reconocen las dificultades de controlar los flujos de capitales, a pesar del encaje, y precisamente debido a ello, se reconoce la imposibilidad de fijar simultáneamente el tipo de cambio (piso de la banda) y las tasas de interés en niveles superiores a los internacionales. Si bien es mi opinión personal que este diagnóstico no sólo es correcto para 1997, sino que también para los años 1995 y 1996, lo importante es que el Presidente del Banco Central extrae, a mi juicio, las lecciones correctas para el futuro: mayor flexibilidad cambiaria y apertura a los flujos externos.

Ello es hoy posible por tres razones. "Primero, la firme defensa de la estabilidad macroeconómica realizada el año pasado creó el espacio suficiente como para disminuir el riesgo de un fuerte traspaso de eventuales depreciaciones sustanciales del peso a inflación doméstica." Segundo, el descalce cambiario de las empresas es hoy más balanceado. Tercero, "el Banco Central ha continuado en el tiempo el proceso de integración de los mercados financieros y de capitales locales al resto del mundo". Aunque no descarta la utilización del encaje, cree "que la propia flexibilidad cambiaria y el desarrollo de instrumentos más sofisticados de cobertura de riesgo harán menos probable su utilización".

En resumen, política monetaria que no puede ignorar las tasas de referencia internacionales, todo en un contexto de flexibilidad cambiaria e integración financiera. Buenas palabras las del Presidente del Banco Central.




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