Ante la crisis financiera, políticas activas


(Columna diario La Tercera, 20 de septiembre de 2008)

Por: Patricio Arrau P.



Las autoridades monetarias y fiscales de los Estados Unidos no dejan de sorprendernos. Una y otra vez muestran una flexibilidad y pragmatismo sin límites en su empeño por mantener acotada la crisis financiera y evitar que ella afecte la economía real en forma significativa. Mantener posturas rígidas y principistas es segura receta para el colapso. Hace un año que se inició en los EE.UU. el llamado credit crunch o contracción del crédito originado por la crisis de las hipotecas de alto riesgo. El listado de nuevas políticas y decisiones públicas desde entonces llenará muchas páginas de los que será la historia económica de esta coyuntura mundial. Hace un año, los activos de la Reserva Federal estában invertidos en un 90% en bonos del Tesoro de su país y sólo los bancos comerciales tenían acceso a las ventanas de descuento de liquidez en el corto plazo. Hoy el balance de la Reserva Federal tiene sólo un 50% de bonos del Tesoro, puesto que Ben Bernanke no ha dudado en innovar para contener la crisis: primero bajo las tasas y alargó los plazos de las ventanas de descuento bancaria, creando también una masiva “facilidad” o línea de crédito bancaria para inyectar liquidez; luego creó un programa swap de US$ 200 mil millones para los bancos de inversiones que permitió intercambiar bonos del tesoro por ilíquidos bonos respaldados por hipotecas riesgosas, abriendo así el financiamiento de la FED a los bancos de inversión en problemas; continuó con una garantía de US$ 29 mil millones por los activos del Bear Stearns, permitiendo así su compra por JPMorgan Chase; siguió innovando al prestar directamente a los gigantes de hipotecas Freddie Mac y Fannie Mae a través de las ventanas antes reservadas a los bancos comerciales. Ante las críticas que lo acusan de volver a antiguas prácticas de asignación directa de crédito de parte de la Reserva Federal, Ben Bernanke no ha dudado en responder que lo que más admira de Franklin Roosevelt, quien sacó a los EE.UU. de la Gran Depresión, fue “su gran voluntad para ser agresivo y experimentar, para hacer lo que sea necesario de modo de poner a su país de nuevo en movimiento”.

Las autoridades del Tesoro no se quedan atrás. Hace un año, al iniciarse la crisis, el Tesoro de los EE.UU. reaccionó con un paquete dirigido de US$ 110 mil millones de rebajas tributarias para apuntalar el consumo y el gasto privado. Hoy se atribuye a esa decisión parte del sorprendente crecimiento de 3,3% que tuvo el país el segundo trimestre de este año. Aunque nuevos paquetes se discuten en el Congreso, sin duda la decisión de nacionalizar los gigantes de hipotecas Fannie Mae y Freddie Mac es la principal decisión del Tesoro para contener la crisis financiera. La reciente decisión de ambas autoridades de de dejar caer a Lehman Brothers es también una innovación, pues intenta contener los abusos especulativos ante la intervención pública. Las bolsas mundiales colapsaron ante los nuevos grados de incertidumbre que emergen con esta decisión pues los mercados no pueden discernir si ello es una señal de incapacidad de controlar la crisis financiera, o bien es una señal de fortaleza para mitigar los abusos especulativos. Me inclino por la segunda interpretación.

Lo anterior contrasta fuertemente con el enfoque más bien rígido y principista que nuestras autoridades suelen adoptar. Basta recordar el manejo de la crisis asiática en 1998. Mientras la demanda por dólares se acrecentaba fuertemente, nuestras autoridades del Banco Central se obsesionaban con mantener el tipo de cambio fijo para evitar inflación y rehusaban vender divisas al mercado. Las tasas de interés se elevaran hasta niveles insólitos y el resultado fue una inmensa crisis de créditos en la economía chilena que se extendió rápidamente a la economía real, generando un estancamiento económico que duró varios años.

Hoy las autoridades económicas en Chile enfrentan una coyuntura que requiere un agresivo activismo en políticas financieras. Se requiere evitar caer en la inercia. No se requiere comprar bancos, pero el mayor riego que enfrenta hoy la economía chilena es la contracción del crédito doméstico. Nuevas alzas de tasas pueden agravar la situación y ya no son necesarias, pues la inflación cederá ante la caída del precio del petróleo y otros comodities. La contracción del crédito interno ante la incertidumbre internacional, por su parte, sí se puede traducirá en un innecesario impacto negativo en la economía chilena. ¿Es posible pensar en un agresivo conjunto de políticas de crédito, garantías y nuevos estímulos tributarios para que las empresas y personas puedan recuperar el acceso al crédito perdido en esta coyuntura? ¿Acaso no es posible utilizar la holgura de la regla fiscal para eliminar el nefasto impuesto de timbres y estampillas, tal como se hizo con el nefasto impuesto al cheque? Son las circunstancias especiales de los hombres públicos y la forma de enfrentarlas lo que hace la diferencia entre aquellos que escriben a fuego su nombre en la historia y quienes pasan desapercibidos. Franklin Roosevelt lo sabía muy bien.



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