El doble veto al debate tributario


(Columna diario La Tercera, 7 de noviembre de 2008)

Por: Patricio Arrau P.



En Estados Unidos el tema tributario tuvo una gran relevancia en la carrera por la casa Blanca y se discutió de cara al país. El contraste con nuestra realidad es notable.

Los políticos y candidatos chilenos de lado y lado le hacen el quite al tema, a pesar del esfuerzo que ponemos los economistas (también los de lado y lado). Desde que Ronald Reagan diera una paliza a los demócratas a principios de los ochenta acusándolos de ser tax and spend, es decir, de gravar impuestos y gastar sin eficiencia, el debate tributario ha sido siempre un problema para los demócratas. Lo que hizo Reagan fue que la clase media y media baja estadounidense tomaran conciencia de que el dinero en sus propios bolsillos estaba a mejor resguardo que en las arcas de Washington.

Desde entonces, cada candidato republicano recurre al mismo recurso y los demócratas incluso tienen que responder con sistemas de reducciones de impuestos asociados a beneficios sociales. Es evidente que Obama no triunfó por su propuesta tributaria, sino porque se pudo zafar de ella. Pudo conectarse con el electorado con un sueño de igualdad y oportunidad. Lo interesante del debate tributario de los EE.UU. es que en dicho país todos son contribuyentes a la renta, incluso quienes ganan el salario mínimo, pues no existe el tramo exento. Todos los estadounidenses contribuyen a financiar sus bienes sociales. Obama propuso revertir algunas de las rebajas de impuestos del impopular George W. Bush, pero también debió proponer sus propios tax breaks o rebajas tributarias asociadas a servicios sociales.

En Chile, el síndrome de Robin Hood, presente en muchos de los políticos de la Concertación, tiene gran semejanza con el tax and spend. Ellos, al igual que los demócratas de los 70, creen que es popular proponer alzas de impuestos para las empresas y "los ricos", para luego canalizarlas a los sectores más necesitados desde organismos centralizados del Estado. Sin embargo, esquivan el debate porque saben que se exponen a la acusación de que esas políticas reducirán el crecimiento, por una parte, y recientemente se ha sumado el enorme superávit fiscal que hace innecesario proponer dichas alzas. El primer veto, entonces viene de quienes creen en mayores impuestos, pero temen el impacto en el crecimiento.

Desde la Alianza, si bien la mayoría de sus políticos favorecen rebajas tributarias pro crecimiento, así como la eliminación de insensateces tributarias como el impuesto de timbres y estampillas, "tiritan" de susto cuando sus economistas proponen estas políticas. La razón es que también creen que proponer rebajas tributarias es impopular y les puede costar la elección. Además, en Chile la gente de menores ingresos no ve que paga impuestos, pues lo hace principalmente a través de impuestos indirectos (IVA, bebidas, timbres, etc.). El segundo veto, por tanto, viene de los políticos de la Alianza.

Aun no emerge en Chile un Reagan, capaz de conectarse con la gente de todos los niveles sociales y explicarles con claridad que el debate tributario es de gran relevancia para ellos. Explicar que es mejor poner los recursos en las manos de la gente, empoderarlos, para que puedan pagar su salud y su educación. Las políticas sociales centralizadas dejan mucho dinero perdido en la ineficiencia de los programas públicos y nuestros "demócratas" están cada vez más cerca de tener que enfrentar los costos electorales de esta realidad. Levantar el veto al debate de deducibilidad de impuestos, incluso devolución del IVA a los sectores de menores ingresos, puede ser muy rentable para un político visionario.



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