Revisión proyecciones económicas 2009


(Columna diario La Tercera, 21 de noviembre de 2008)

Por: Patricio Arrau P.



Recientemente el Banco Central de Chile ha entregado una drástica revisión de las proyecciones económicas que contenía el IPOM de septiembre recién pasado. No es la primera vez que cambian las condiciones externas o internas luego de presentado su ya celebre informe. Sin embargo, es la primera vez que el instituto emisor no espera que se cumpla el cuatrimestre respectivo para modificar sus proyecciones oficiales. En efecto, el instituto emisor entrega su detallado análisis de la economía nacional e internacional en los meses de enero, mayo y septiembre de cada año. El informe se ha ganado un indiscutido prestigio como el mejor y más sofisticado análisis económico disponible en el mercado y es esperado con ansias por todos los actores y observadores económicos. Así, y evidentemente debido a la profundidad y rapidez con que se desencadenó la crisis financiera internacional, y a sólo dos meses después de conocido el IPOM de septiembre, este mes el Banco Central dio a conocer un mini IPOM que revisa su mirada de septiembre.

Los cambios en la economía internacional son profundas. Se proyectan recesiones en EE.UU., Europa y Japón. Los gigantes emergentes, el resto de Asia y Latinoamérica desacelera su crecimiento, y los precios de los principales commodities caen abruptamente. Para la economía nacional, se proyecta un crecimiento que del rango de 3,5-4,5% se va al rango 2,0-3,0%. Sin embargo la composición del crecimiento nacional cambia muy fuertemente. Si en el IPOM de septiembre la demanda interna se proyectaba creciendo a tasa similar al crecimiento del PIB, en la revisión de noviembre se proyecta una demanda interna creciendo sólo al 0,6% anual. Es decir, de un crecimiento balanceado entre demanda interna y exportaciones netas nos vamos a un crecimiento menor, pero “tirado” por las exportaciones netas. Esta fuerte desaceleración de la demanda interna debe además ser analizada en el contexto de un gasto público que se mantiene creciendo cerca del 6%, por lo que el gasto privado, tanto en consumo como inversión, se proyecta cayendo abruptamente. Aunque el déficit en cuenta corriente estimado se revisa al alza desde un 2,7% al 4,5%, coincido con el instituto emisor que ello no reviste preocupación, puesto que se debe fundamentalmente al cambio de tendencia del déficit fiscal que se autofinancia con la regla fiscal actual. No olvidemos que el fisco es un acreedor neto del resto del mundo, y le basta reducir sus acreencias netas con el exterior para financiar sus déficit. El ahorro privado, por su parte, se proyecta aumentando debido a la caída del gasto interno, por lo que la cuenta corriente en cerca de menos 5% no representa un problema.

De aquí en adelante vienen las interpretaciones y en esta materia sí que las hipótesis alternativas abundan. De hecho la revisión entregada no toma partido y se reduce a enunciar hipótesis alternativas. Son los analistas privados los que normalmente debemos tomar más partido.

Una hipótesis muy recurrida es la desaceleración de la economía mundial. Esta explicación tiene muy poco poder explicativo directo. El mundo se proyecta que crecerá 2,3% en lugar del 3,7% que pensábamos en septiembre. El impacto de volumen exportado en una economía pequeña y diversificada por destino exportador como la economía chilena no puede explicar más que una pequeña parte de nuestra desaceleración, especialmente por la compensación que representa la fuerte depreciación del peso chileno. Si bien hay sectores con impacto idiosincrásico, como el sector salmonero o los sectores exportadores muy directamente ligados al boom inmobiliario de los EE.UU., el impacto neto en el volumen exportado de la economía chilena no debiera ser de significación. Como segunda hipótesis está la fuerte caída de la inversión y del consumo interno. Aquí conviven dos alternativas. La primera dice que la crisis externa ha vuelto cautos a los inversionistas y consumidores. La caída en la riqueza y el incremento de las tasas de interés, en un entorno de expectativas más pesimistas, ha reducido el apetito por gastar. Los bancos entonces no encontrarían muchos clientes y la observada contracción de crédito sería una contracción de clientes, una contracción de demanda de crédito. Evidentemente algo de eso hay, pero poco. En mi visión, la contracción de crédito interno, como un fenómeno de oferta de crédito, explica en su mayor magnitud la contracción de la demanda agregada del próximo año. Si los esfuerzos de las autoridades por relajar esta restricción de crédito no surten efectos y no emergen nuevas iniciativas en esta dirección, es probable que la economía nacional crezca cerca de 1% el próximo año. Ese es hoy mi proyección central.



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