Nuevo régimen cambiario


(columna La Hora, 7-10-99)

Por: Patricio Arrau P.



La eliminación de la banda cambiaria es una gran noticia para la economía chilena. La corrección monetaria que ha venido con ella es sin duda la mejor noticia del último tiempo.

Finalmente el Banco Central se atrevió y eliminó la banda cambiaria para el dólar. La medida había sido solicitada desde hace mucho tiempo por varios economistas y analistas de mercado y el Banco Central reconoció que la venía evaluando desde antes de la crisis asiática.

La eliminación de la banda marca el fin de un sistema de intervención cambiaria que se basaba en la percepción de que el mercado cambiario no podía ser libre porque se suponía conduciría a un tipo de cambio con fluctuaciones demasiado erráticas. La banda cambiaria era uno de las principales piezas de un sistema monetario y cambiario que incluía además la fijación de tasas de interés a un nivel más elevado que el resto del mundo y un amplio conjunto de instrumentos de control de capitales externos que intentaba mantener la economía chilena aislada del sistema monetario internacional. En fin, este conjunto de instrumentos respondía a un enfoque macroeconómico extraordinariamente intervencionista que se basaba en la hipótesis de que la economía chilena no podía integrarse al sistema monetario internacional y requería la tutela de las autoridades macroeconómicas.

El sistema funcionó bien hasta principios de 1995. En el primer quinquenio de los noventa Chile era una economía muy riesgosa desde el punto de vista de los inversionistas. Además de los riesgos que suponían una reciente vuelta a la democracia, basta recordar que en 1990 se debió renegociar los pagos de la deuda externa porque el país no tenía acceso libre a los flujos internacionales de largo plazo. Sin embargo las cosas mejoraron con rapidez. La democracia se instaló con fuerza y así lo entendió la comunidad financiera internacional. En 1990 se renegoció la deuda externa y CTC se abrió la posibilidad de colocar ADR. Dos años después la economía fue ranqueada "grado de inversión" (BBB), nota que subió a A- en 1995. Junto al interés de largo plazo de los inversionistas internacionales, las altas tasas de interés interna y el tipo de cambio semi-fijo en el piso de la banda atrajeron tal flujo de capitales externos a partir de 1995 que los controles de capitales empezaron a hacer agua. Los flujos de capitales a su vez estimulaban la demanda, el Banco Central respondía subiendo más las tasas de interés domésticas y la comunidad financiera internacional respondía con más flujos de capitales. Era un círculo que tenía la apariencia de círculo virtuoso, pero en realidad era un círculo vicioso. La apreciación cambiaria que vino con ese sistema debilitó las exportaciones, nuestro motor de crecimiento, y generó los escondidos desequilibrios cambiarios que explotaron con la crisis asiática agravando la recesión doméstica.

La eliminación de la banda es la primera medida para desarmar el sistema de excesiva intervención macroeconómica y dar paso a un régimen de libertad cambiaria e integración al resto del mundo, con tasas de interés a nivel internacional que se desvíen solo temporalmente del dichos valores, con amplia información a los agentes y sin control de capitales. Con la eliminación de la banda ha continuado la corrección cambiaria que creo debiera conducir el próximo año a recuperar los niveles de tipo de cambio real de 1995, lo que significa unos 575 pesos por dólar hacia fines del año 2000, con lo que recuperaremos un crecimiento basado en la conquista de mercados externos.

Para completar el nuevo sistema se debe evaluar el rápido levantamiento de las restricciones aún en curso, pero más importante aún, se debe cambiar el discurso aún ambivalente para que los agentes del mercado internalicen con rapidez el nuevo régimen.




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