Nuestra bipolaridad económica


(Columna diario La Tercera, 9 de mayo de 2009)

Por: Patricio Arrau P.



Un ex presidente del Banco Central dijo en una ocasión que los chilenos somos maníaco-depresivos. Lo que se observa en el debate público desde septiembre pasado no puede más que darle la razón. Estos meses han dado cuenta nuevamente de nuestra bipolaridad. Las oscilaciones de los estados de ánimo se suceden abruptamente entre pesimismo y euforia entre nuestros agentes económicos y se traspasan a los precios de los activos financieros y a las recomendaciones y proyecciones de algunos analistas y observadores. Por más que otros analistas más experimentados y autoridades tratan de aplanar estas oscilaciones, los indicadores de mercado parecieran sobrereaccionar, develando esta particular característica de nuestro mercado. La última vuelta en esta verdadera montaña rusa síquica pareciera estar anunciando un nuevo ciclo de ánimo positivo. El mal no se reduce al ámbito económico. Frente a la fiebre porcina, en sólo una semana pasamos desde una pandemia que puede matar a 100.000 chilenos a una nueva versión de influenza humana que difícilmente tenga resultado mortal. Diferencias geopolíticas con nuestros vecinos tienen ese exagerado olorcillo a que podríamos terminar en guerra. ¿Es histeria? ¿un mal endémico que viene con la ansiedad que nos produce la globalización económica luego de tantos años de enclaustramiento geográfico y económico? ¿o se trata de una característica casi genética que viene de nuestros ancestros?. Creo que ninguna de las anteriores. Sospecho que se trata de una mala costumbre del debate público nacional, donde los participantes nos hemos atribuido el derecho de decir lo que queramos sin hacernos responsables de nuestros dichos y sin exigirnos informarnos y analizar con más profundidad las situaciones antes de opinar. Además, cada participante pretende que el mundo es como se ve desde su propia orilla y con los sesgos de su formación, sin considerar una mínima empatía respecto a otras “realidades o formas de ver las cosas”. En otras palabras, esto no es más que el resultado de una forma de debate público de muy baja calidad de una gran flojera.

A principios del año 2008, nuestro peso se sobrevaloró unos cien pesos por dólar y el Banco Central debió salir a intervenir tamaña desviación. En septiembre se tuvo que dar media vuelta pues el salto al vacío del peso ameritaba la reversa. Nuevamente pareciera que nuestro peso se sobrevalora, esta vez ayudado por ventas del Fisco que lamentablemente no se han interrumpido y debieran. La bolsa es otro indicador. Luego de un catastrófico último trimestre 2008, este año marca un record positivo. La banca paralizó su crédito en septiembre y octubre, el mundo se nos venía abajo y la restricción de oferta de crédito bancario dominaba. Este año, partió con muchos pronósticos de recesión para el 2009. En el quinto mes del año estamos sorprendidos de la recuperación de la bolsa y las tasas largas se empinan, demostrando quizá un exceso de oferta de crédito largo en el mercado de capitales. Sofisticados análisis de nuestros expertos refuerzan estos vaivenes, donde se nos explica que todo se juega en la banca de los EE.UU. y en la credibilidad del plan Geithner. (No se en qué momento nuestros expertos financieros se volvieron también expertos en la banca estadounidense.) No debe extrañarnos que algunos pronósticos de crecimiento del año se vuelvan nuevamente positivos en los próximos meses. Quizá todo ello luego de una nueva caída en el estado de ánimo cuando se anuncie el IMACEC de abril en 25 días más. Esta cifra amenaza ser bastante negativa puesto que hay una inusual alta base de comparación con abril del año 2008 y será una cifra mala, probablemente la última. Pero la siquis del “homo-economicus-chilensis” no está para tanto detalle, por lo que seguiremos en montaña rusa hasta entrar al segundo semestre de 2009, cuando todos nuevamente concordemos que este año no habrá recesión en Chile.



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