Para una mayor competencia financiera


(Columna diario La Tercera, 29 de agosto de 2009)

Por: Patricio Arrau P.



El sistema bancario chileno ha estado en ha estado en el centro del debate en los últimos meses. En primer lugar, se ha remarcado con justicia la resiliencia que el sistema ha tenido frente a la crisis financiera que se inició en septiembre de 2008. No cabe duda que una economía con su sistema financiero sano se encuentra en una posición favorable para recuperarse rápido ante los “brotes verdes” de la economía mundial y ante los “brotes de los espíritus animales” que empiezan a manifestarse en el mundo empresarial. Un sistema financiero sano está en condiciones de reponer crédito interno en forma rápida ante estas señales, lo que representa una ventaja de la economía chilena en este momento de recuperación. Sin embargo, es necesario analizar este período desde dos puntos de vista. En primer lugar, la recesión del primer semestre de este año no hubiese sido tan profunda si nuestro sistema bancario no hubiese respondido tan violentamente con la paralización y virtual congelamiento del crédito interno desde octubre pasado para la pequeña y mediana empresa y para los segmentos de familias de menores ingresos. En segundo lugar, la profunda rebaja de tasas de interés que implementó el Banco Central este año, hasta llegar al récord histórico de 0,5% nominal anual, no ha sido traspasada a los usuarios en los segmentos de línea de sobregiro, créditos de consumo y tarjetas de crédito. El spread implícito en estos productos es impresionante y probablemente explica en buena medida los más de US$ 1.000 millones de utilidades de la banca en el primer semestre de este año. Son precisamente éstos los productos a los cuales las familias y las pequeñas empresas deben hechar mano en situaciones de emergencia y restricciones de caja, por lo que son estos segmentos quienes más sufren el mayor efecto de la crisis. El debate actual en ocasiones parece un diálogo de sordos, donde se alternan los “que sí hay competencia”, “que no la hay”, “que sí se han traspasado las tasas”, “que no es cierto”. Es cierto que en algunos segmentos de créditos comerciales de empresas de mayor tamaño y otras que están indexadas a la tasa TAB se ha verificado una baja importante en las tasas, pero también es cierto que en los segmentos señalados ello no ha ocurrido de modo significativo.

¿Es responsable la banca y los banqueros por esta situación?. No. Yo habría actuado de igual manera si mi objetivo fuera maximizar las utilidades y acotar los riesgos en el contexto de estos meses y del entorno en el cual se inserta la banca. El duro debate que se observa respecto a las tasas está desenfocado. El problema es que colectivamente, como sociedad, tanto autoridades como actores gremiales y empresariales, hemos ido construyendo un sistema de financiamiento muy poco competitivo en los segmentos de menores ingresos y de más riesgo. Permanecen los traumas de la crisis de los ochenta, donde el objetivo de la regulación ha sido el cero riesgo de colapso de la banca, y por ende, se ha inhibido la competencia financiera en los segmentos de mayor riesgo. LA resiliencia de la banca a la crisis puede explicarse con facilidad cuando se verifica que el 60% de la cartera comercial de la banca se encuentra en las 7.000 empresas de mayor tamaño, cuando en Chile existen 700.000 empresas. El llamado concepto “too-big-too-fail”, o muy-grande-para-quebrar, que es la obsesión y preocupación de los reguladores bancarios, ha sido llevado al extremo y ha derivado en un sistema bancario protegido por la regulación, que impide que emerjan alternativas no bancarias de financiamiento para segmentos de mayor riesgo. Necesitamos más instituciones bancarias y no bancarias “not-too-big-to-fail. Es decir, una multiplicidad de instituciones financieras de distinto tipo, bancarias y no bancarias, de menor tamaño, que participen en nichos específicos, sin la carga regulatoria de las empresas grandes. Para ello debe estimularse un estatuto diferente para los bancos pequeños y especializados y debe eliminarse las protecciones que el sistema bancario tiene en el mercado de los medios de pago. Incluso las empresas telefónicas móviles están listas para proveer medios de pago eficientes, como alternativa a los medios bancarios. No sería malo que en la próxima crisis el crédito interno este mucho más diversificado, mucho más atomizado y que algunas instituciones suficientemente pequeñas para quebrar salgan de circulación. En ese Chile las tasas serían más homogéneas y el acceso al crédito sería mucho más igualitario.



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