El dilema de los liberales


(Columna diario La Tercera, 8 de enero de 2010)

Por: Patricio Arrau P.



El próximo 17 de enero de 2010 el país se apronta a elegir un nuevo presidente, el quinto desde que se recuperó la democracia el año 1990. Es difícil comprender la expectante posibilidad que tiene la centro-derecha de llegar al poder democráticamente por primera vez desde Jorge Alessandri si no nos detenemos a analizar lo que ha ocurrido a un importante número de chilenos, entre los cuales me incluyo, que se declara políticamente liberal. En el sistema político binominal que impera en el país, que estimula la preponderancia de dos boques políticos, los liberales han estado tradicionalmente repartidos entre ambos bloques. Claramente el liberalismo económico se encuentra mejor representado en la Alianza y el liberalismo valórico en la Concertación. Por ello, quienes se sienten verdaderamente liberales, al optar por un bloque político han tenido que cargar con la carencia de liberalismo que dicho bloque lleva consigo. Por ejemplo, los liberales de la Concertación siempre nos hemos sentido incómodos con el estatismo e intervencionismo económico de muchos concertacionistas, es decir, con su resistencia a desprenderse de empresas públicas que no se justifica mantener, al exceso de fiscalización en algunos mercados y al enfoque asistencialista que impera en la política sociales de parte de muchos concertacionistas y la resistencia a reducir los impuestos distorsionadores de la inversión y el ahorro. Por su parte, los liberales de la Alianza han debido soportar la postura conservadora de muchos de sus correligionarios en materia de divorcio, píldora del día después, orientación sexual, etc.

En esta elección presidencial, es evidente que el mundo liberal se ha inclinado en una mayor proporción hacia la Alianza y hacia Sebastián Piñera que hacia la Concertación. Ello se explica por dos razones. En primer lugar, la campaña del ex Presidente Frei se ha estatizado considerablemente relativo a lo que fue su realizador gobierno en materia de reformas económicas liberalizadoras. Se ha escuchado en su campaña muy poco acerca del extraordinario conjunto de reformas de infraestructura, puertos y sanitarias de aquellos años, que se encuentran entre las reformas más importantes de su anterior gobierno. En lugar de ello, se ha escuchado demasiado que lo que la gente quiere es más Estado. Aparentemente muy mal aconsejado por algunos de sus asesores, interpretó la crisis global de septiembre de 2008 como un evento que conduciría a una economía global muy intervenida y fiscalizada por el Estado. Esos despistados asesores se equivocaron puesto el capitalismo ha tenido una enorme capacidad histórica para reinventarse y la economía mundial está reemergiendo en lo fundamental muy parecida a lo que era en agosto de 2008. Esta supuesta demanda por más Estado no ha sido un foco adecuado de la campaña de Eduardo Frei y es inevitable que ha perdido votos liberales que antes votaban Concertación.

En segundo lugar, para sorpresa de muchos, la campaña de Sebastián Piñera ha sido capaz de imponer entre sus más conservadores aliados varios temas liberales. Quienes siempre hemos creído que el conservadurismo valórico de la derecha se entromete demasiado en nuestras vidas privadas, no podemos sino reconocer que en esta ocasión la campaña de la Alianza ha sorprendido.

El dilema de los liberales seguirá presente mientras exista el sistema binominal que impide que nos encontremos allí en el medio, pero en esta ocasión, Piñera se ha llevado a su redil una mayor proporción del mundo liberal, algunos abierta y públicamente, otros en el secreto de la urna.



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