Productividad es el nombre del juego


(Columna diario La Tercera, 19 de Junio de 2010)

Por: Patricio Arrau P.



Pasados los aspectos más urgentes de la tragedia del 27 de febrero pasado y ad portas de terminar de aprobarse el paquete de financiamiento para la reconstrucción en lo que ha sido el primer gallito político del nuevo gobierno y la nueva oposición, el foco vuelve los temas de mediano plazo de la economía nacional. El Banco Central inició el retiro del enorme impulso monetario con el cual ayudó a aminorar la crisis del 2008 y 2009. Aunque hay temores de una renovada incertidumbre internacional por las brutales políticas fiscales de Europa, en realidad el mayor temor del Banco Central es que la demanda interna se expanda más allá de lo conveniente el segundo semestre. No quiere quedarse corto esta vez, por lo que estima necesario una normalización de las muy bajas tasas de interés a las cuales les presta dinero a los bancos. Coincido con esa decisión y con la implícita proyección estimada de alzas para los próximos trimestres. La economía interna se ve muy promisoria y eso es una muy buena noticia.

Pero el crecimiento de la recuperación se basa en la utilización de capacidad ociosa, y además en este caso, en la reposición de capacidad destruida por el terremoto y maremoto. Ello no permite crecer en el mediano y largo plazo, y ciertamente ese crecimiento no alcanza para cumplir la promesa presidencial de un 6% promedio para este período. Se escucha con insistencia la necesidad de mejorar la calidad de la educación y capacitación laboral, por una parte, y de una legislación laboral más flexible por la otra, para que el recurso humano disponible se movilice hacia los sectores más eficientes. Temas claves e importantes, sin duda, que serán el centro del debate político de los próximos cuatro años. Menos se sabe, sin embargo, de todos los otros componentes microeconómicos que también afectan la productividad y de los cuales se habla menos.

En el día de ayer, en un muy interesante sesión del XVI Congreso de Finanzas y Negocios de ICARE, cuyo nombre era el mismo de esta columna, Alejandro Krell presentó los resultados de un estudio de McKinsey & Company donde se realiza un análisis comparativo de la mayor productividad de los EE.UU. comparado con Chile. El enfoque es muy interesante puesto que nos permite enfocar desde una perspectiva sectorial donde hay brechas de productividad en nuestra economía, lo que es el primer paso para interpretar los resultados e intentar cerrar dichas brechas. Particularmente interesante me pareció descubrir que por ejemplo nuestros sectores bancarios y de “retail” o venta minorista, considerados entre los más eficientes de la región, esconden aún bolsones de ineficiencia operacional que debe mejorar. En el caso bancario la falta de automatización de las transacciones y levantar los obstáculos regulatorios que impiden mayores grados de competencia entre bancos puede ser de gran utilidad para que se materialice un mejor acceso mayores niveles de productividad en el sector. En el sector de venta minorista, si bien las tiendas y supermercados chilenos conquistan la región, aún nuestros formatos no tienen la eficiencia operacional y productividad laboral que sus equivalentes en los EE.UU. En construcción habitacional ganaríamos mucho estandarizando más los procesos productivos, por ejemplo puertas y ventanas, de modo que la instalación y construcción de viviendas sea más eficiente. En el sector alimenticio se destaca la asociatividad para resolver las fricciones en la cadena productiva de insumos y productos, tema que conocen muy bien productores agrícolas y sus tensas relaciones con sus clientes industriales en diversos sectores como por ejemplo el sector lácteo y el sector de carne bobina. En los últimos años se ha avanzado hacia modelos de asociatividad más acordes con esta premisa, aunque aún recién empezamos y nos falta camino por recorrer. En el sector público se hace una defensa de la idea de un “Delivery Unit”, que mida y entregue mejor información sobre la productividad del sector público, de modo que aporte como corresponde a los ciudadanos que finalmente lo financian. Interesante mirada esta de la productividad sectorial. La autoridad puede incentivar cambios en la dirección de remover escollos regulatorios que promuevan la competencia y la eficiencia operacional en diversos sectores. Por este camino la promesa presidencia para los próximos 4 años tiene una buena chance.



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