Por un debate tributario sustantivo


(Columna diario La Tercera, 21 de abril de 2012)

Por: Patricio Arrau P.



El Ejecutivo se encuentra próximo a enviar al Congreso Nacional un proyecto de reforma tributaria. Se ha hablado de unos US$ 700 millones de mayor recaudación, donde un incremento permanente del impuesto de primera categoría a las empresas al 20% del actual 18,5% vendría acompañado también de una reducción de los tramos y tasas del impuesto Global Complementario. Sabemos más o menos como entrará el proyecto al Congreso Nacional, pero a juzgar por el debate que se observa en el Congreso, es imposible prever qué tipo de ley saldrá del Congreso.

Es evidente que el Ejecutivo se encuentra baja una fuerte presión política en esta materia y ha intentado reaccionar causando el menor daño posible a una institucionalidad tributaria que se ha ido creando en décadas y que es muy singular en el mundo. Causa preocupación observar que se iniciará una discusión sobre esta materia en un momento de un gran disenso sobre aspectos fundamentales de nuestra institucionalidad tributaria. En las últimas décadas se ha ido construyendo en Chile un sistema tributario que intenta conciliar la necesidad de que el Fisco pueda recaudar recursos para sus programas sociales, pero haciéndonos cargo de la necesidad de evitar lo más posible distorsiones al proceso ahorro inversión que el país requiere para crecer y avanzar hacia el mundo desarrollado. No soy de los que cree que incrementar la carga tributaria hoy tenga necesariamente un impacto significativo en el ahorro, la inversión y el crecimiento. Es más, pienso que si este tema irrumpió tan fuertemente en el debate nacional junto a los movimientos estudiantiles es porque hay que hacerse cargo de errores del pasado que terminaron poniendo una carga excesiva del financiamiento de la educación en las espaldas de las familias chilenas. Me preocupa menos el incremento de la deuda tributaria que la forma en la cual ella se realice.

El proyecto que entrará al Congreso no será muy novedoso en lo que concierne a seguir conciliando la necesidad de una mayor recaudación tributaria con los adecuados incentivos al ahorro y la inversión. Especialmente en esto último no viene mucho. Los economistas tenemos un sesgo en favor de un impuesto de base consumo sobre uno de base renta, pues así se evita el doble impuesto al ahorro y se estimula la inversión. Mucho de eso hemos estado haciendo los últimos años, eliminando de la base imponible los ahorros previsionales voluntarios y eliminando la doble tributación a los dividendos que se encuentra implícita en la forma como consideramos el impuesto a las ganancias de capital accionaria. Si bien las condiciones políticas no permiten seguir avanzando en esa dirección, en esto es necesario responsabilidad. Se habla de terminar con el sistema integrado entre el impuesto de las empresas y el de las personas (FUT), que si bien es muy singular y único en el mundo, está en el centro de las inversiones financiadas por las empresas en las últimas tres décadas. Perfeccionemos la fiscalización del sistema para evitar los abusos, pero es necesario mantenerlo.

La demanda política hoy está pidiendo una mayo recaudación basada en quienes tienen mayores ingresos pues exige una recaudación tributaria más progresiva, donde el que tiene más ingresos pague más. Quizá en esto debamos incorporar componentes más imaginativos y entretenidos que concilien de mejor manera el incentivo al ahorro con una recaudación más progresiva. Por ejemplo, a los economistas nos encanta el IVA pues es un impuesto de base consumo que no distorsiona la decisión de inversión. Muchos desean bajar el IVA pues no permite tener un impuesto diferenciado de IVA al consumidor de alto nivel de consumo de aquel de bajo nivel consumo. Sin embargo, con la creciente aparición del medio de pago electrónico y cuentas RUT, sería posible registrar las compras de bienes y servicios de los quintiles más bajos y devolver parte del IVA pagado por ellos en dinero dedicado a gastos en educación y salud de esos mismos consumidores. Refresquemos el debate, pongamos un poco de imaginación, que la discusión se vuelva más sustantiva, mantengamos las bases fundamentales de lo construido por años.



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