Concluyamos el debate tributario ahora


(Columna diario La Tercera, 6 de agosto de 2012)

Por: Patricio Arrau P.



El debate tributario se originó en respuestas a las demandas sociales del año pasado, y muy especialmente, en aquellas que hicieron tomar conciencia a nuestra sociedad de que el sistema de financiamiento educacional que habíamos construido por todos estos años tenía pies de barro. El financiamiento público es mínimo en la etapa prescolar, es insuficiente y genera segmentación en la etapa primaria y secundaria; y por último, nos habíamos comprado la ilusión de que teníamos un sistema que daba una gran cobertura universitaria y no nos percatamos que el sistema pone una insoportable carga de endeudamiento a las familias y no tiene mecanismos de contención de los costos de las matrículas. De esta realidad surgió en forma natural la percepción de que se requería una significativa reforma tributaria que resolviera estas carencias, y además, para algunos esta era una oportunidad de hacer la reforma que el "país necesita por los próximos 15 o 20 años". Parto por lo último. La frase que destaco entre comillas es una soberana tontera. El país ha construido en las últimas tres décadas un sistema tributario sofisticado, especial, hasta único en el mundo. Cada año se agregan cambios, de mayor o menor envergadura, que buscan mejorarlo, cerrar mecanismos de evasión y al mismo tiempo, recaudar recursos públicos que distorsionen lo mínimo posible el ahorro, la inversión el empleo y el crecimiento. Eso de "la reforma para los próximos 20 años" es solo una excusa de quienes desean que la reforma sea gigante desde el punto de vista de la recaudación y hay que decirlo así de una vez. Quienes piden recursos adicionales desproporcionados no tienen el menor conocimiento de como un sistema tributario mal diseñado puede afectar el desarrollo del país. Vamos por parte y partamos por el monto recaudado. La actual propuesta en el Congreso Nacional es suficientemente significativa desde el punto de vista de recursos adicionales. Cerca de US$ 850 millones es una cifra importante. ¿Impide acaso avanzar en la solución de los problemas sociales que enfrenta el país?. De ninguna manera. Es absurdo recargar con mayores impuestos a las actuales generaciones de chilenos cuando el Estado es acreedor internacional y no tiene deuda pública neta. El Estado puede hacer mucho más sin mayores impuestos. Cuando tengamos este último debate de verdad y en forma seria, allí debemos volver a peguntarnos si se requieren más impuestos y de que tipo. En segundo lugar, existe un grupo de legisladores y analistas que abogan por un sistema menos sofisticado, es decir, más simple desde el punto de vista de las tasas y desean eliminar todo lo que ellos llaman "beneficios tributarios" o descuentos de las bases tributarias. Ello es un error. No existe un sistema tributario simple que no afecta la decisión de ahorro e inversión por una parte, y la decisión entre trabajo y empleo por otro. Muchos de los llamados beneficios tributarios son en realidad eliminación de distorsiones. Todo ello se cruza con la distribución del ingreso. Las tasas progresivas de impuesto a las personas tienen una falsa cara de ser buenas para la distribuir del ingreso, pero en la versión chilena ponen una carga desproporcionado en segmentos de clase media. El ingreso se redistribuye con el gasto focalizado, no con impuestos. La última propuesta del gobierno es un intento de cerrar el debate y así hay que entenderla. No es bueno para el país seguir con este conflicto político que no tiene salida. Se sube impuestos a las empresas, se baja a las persones y se cierran algunos mecanismos de evasión. Nada muy importante, nada muy significativo, ni tampoco se inventan diseños tributarios nuevos. Simplemente una forma de cerrar esto ahora y sacar este tema del campo de batalla política. Señores legisladores, aprueben el proyecto rápido, aunque sea como un mea culpa de que no son capaces de debatir ni sacar adelante nada mejor. El país no puede seguir de rehén.


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