Lagos, Un Nuevo Sexenio de Crecimiento Acelerado


(Columna diario La Tercera, 13-1-2000)

Por: Patricio Arrau P.



Para hablar de crecimiento acelerado necesitamos algunas definiciones. Es tradicional sostener que la tasa de crecimiento sostenida que puede sustentar una economía en forma permanente depende de la tasa a la que crecen los factores de producción. El crecimiento de la fuerza laboral y la inversión en bienes de capital son los dos principales. Según este enfoque tradicional, la economía chilena debió haber crecido solo un 5% en la década pasada, si observamos el crecimiento que tuvimos en la fuerza laboral y la tasa de inversión promedio de la década. Por lo demás, ese era el pronóstico de crecimiento que la mayoría de los economistas hacían al principio de los noventa. Sin embargo crecimos dos puntos por encima de ese pronóstico.

Para entender el crecimiento acelerado de 1987 a 1997 es necesario alejarse de este enfoque tradicional y comprender que en ocasiones las economías entran en procesos económicos acelerados cuando se conjugan un conjunto de variables claves que se retroalimentan entre sí y que configuran un círculo virtuoso. Creo que para Chile es más relevante pensar en el próximo sexenio como un período de crecimiento acelerado de este tipo, más que en un crecimiento sostenido permanente del tipo tradicional.

Para introducir esta discusión, deseo recolectar los argumentos que la prestigiosa revista "The Economist" ha realizado en un recuento de los principales hechos del milenio que acaba de terminar. En un fascinante artículo, la revista se pregunta por qué en los siglos previos al siglo XVIII la humanidad tuvo un crecimiento del ingreso per cápita casi nulo y sin embargo, entre fines del siglo XVII y el siglo XVIII, la economía occidental europea entro en un formidable ciclo de creación de riqueza. La pregunta básica es por qué ganó Europa occidental la batalla por la creación acelerada de riqueza en los últimos 250 años del milenio.

En ese período se sucedieron un conjunto de descubrimientos e invenciones claves, como la imprenta que permitió recolectar el avance del conocimiento en forma sistemática, el teléfono, la aplicación de la tecnología a la producción (revolución industrial), el uso del papel moneda para estimular el comercio, el primer vuelo del hombre, el ferrocarril y la industria movidos por la fuerza del vapor, etc. Es decir, un conjunto de invenciones y tecnología nueva que podemos identificar como elementos económicos. Pero en la última parte, el artículo se pregunta por qué este proceso no se desencadenó el la China de principio del milenio pasado (año 1.000 en adelante) donde existe evidencia que existía un enorme avance del conocimiento y la tecnología. La respuesta es sorprendente. "The Economist" argumenta que la capacidad de emprender (invenciones y económica) requiere de un ambiente libertario en lo valórico, de un sistema político abierto y competitivo y de la creación de instituciones que formalicen las relaciones sociales. "Values, politics and institutions" a decir de "The Economist". El problema de China a principios del milenio era su sistema imperial, cuyo "establishment" no estaba interesado en la innovación y más bien la reprimía. Ningún absolutismo (imperio, monarquía o dictadura) puede desencadenar un círculo virtuoso de creación de riqueza. El sistema siempre será presa de la incertidumbre que ocasiona la intervención del "poderoso" para defender su posición de poder. Un sistema libertario, abierto y tolerante es la única garantía para que la creación de riqueza, tanto económica como cultural, sea permanente.

En Chile, vivimos en los setenta y ochenta un extraordinario proceso de reformas económicas que revalorizó la iniciativa individual económica y contribuyó con el primer elemento de este círculo virtuoso. Sin embargo, no fue hasta que recuperamos la democracia en 1990, es decir el segundo elemento vital del círculo virtuoso, que el sistema chileno se consolidó. No es posible entender el crecimiento económico entre 1991 y 1997 si no se considera que el gobierno de la Concertación adoptó el modelo de desarrollo económico liberal, generó confianza internacional para atraer inversiones, institucionalizó la expresión de descontento; en fin, reinició el proceso de integración social, tolerancia y apertura cultural y política en Chile.

El próximo sexenio requiere más de ambos ingredientes. Más reformas económicas, más libertad política e integración social. En materia de reformas económicas, así como Ricardo Lagos no dudó en acentuar la privatización de la inversión en infraestructura, como Presidente no dudará en reimpulsar el crecimiento con nuevos espacios a la iniciativa privada, con desregulación en el mercado de capitales, con apertura financiera internacional, con modernización en la gestión pública, con un gasto público focalizado hacia la integración social y la igualdad de oportunidades, cautelando los equilibrios macreoconómicos, mejorando las relaciones con los vecinos y otras naciones y revisando las empresas que permanezcan en el sector público. Con Lagos, ambos ingredientes del círculo virtuoso están garantizados. Por ello tiene mi apoyo.

¿Podemos decir lo mismo del bloque que representa Lavín?. Es conocida la vocación liberal de ese conglomerado en los aspectos económicos, el primer ingrediente del círculo virtuoso. Sin embargo, aún no está claro que la renovada cara aperturista, democrática e integradora social que ha demostrado en la campaña no sea más que un recurso electoral. No dudo de la sinceridad de Lavín en su discurso, pero temo la tendencia conservadora y segregacionista que profesa buena parte de sus colaboradores en lo cultural y político, y también temo en la capacidad de dicho bloque de administrar la tensión social en momentos difíciles. La nueva derecha democrática debe probarse como oposición responsable en el próximo período y abandonar su preferencia por la democracia protegida y los vetos autoritarios de la transición. Si ello es así, estará lista para continuar el círculo virtuoso el 2006.




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