El drama del liberalismo en Chile


(Columna de opinión La Tercera, 7 de enero de 2013)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



La reciente encuesta CEP confirma lo que otros sondeos vienen mostrando hace un tiempo: el sistema económico chileno está robusto y cuenta con el apoyo de la ciudadanía. Ésta le exige al gobierno un mayor esfuerzo en delincuencia, educación y salud, pero no pide cambios sistémicos. La percepción de la situación económica como buena o muy buena subió 10 puntos en doce meses; quienes responden que mejorará en los próximos doce meses triplican a quienes creen que empeorará; y quienes creen que la economía está progresando se encuentran virtualmente empatados con quienes creen que la economía está estancada, con 44% y 46% respectivamente, es decir, una brecha de 2 puntos que hace un año era de 27 puntos. La crisis de crecimiento que representan los movimientos sociales de los últimos 2 años está bajo control. La economía chilena puntea nuevamente en la región ante la caída estrepitosa de los variados experimentos populistas en Venezuela, Ecuador y Argentina. El modelo liberal chileno, ese que primero enfatizó la cobertura y bancarización de sectores emergentes con la expansión del retail en los noventa, y luego regula y fiscaliza a los retailers abusadores; ese mismo que impulso la cobertura y expansión de la educación superior hace 3 décadas y ahora regula y fiscaliza la calidad, corrigiendo lo errores y la dejación; ese mismo modelo liberal no solo está consolidado en Chile sino que emerje nuevamente cono referente para Latinoamérica.

El drama del liberalismo es su orfandad. Políticamente, por obra y gracia del sistema binominal, el liberalismo se encuentra disperso. Hay liberales de verdad apoyando a ambos candidatos de derecha, a ambos candidatos de la Democracia Cristiana y a Andrés Velasco. Me refiero a esos liberales que sospechan del Estado grande tanto como de las grandes corporaciones. Que detestan los enclaves de poder que se cuelgan de la Moneda y del Congreso, como aquellos que se cuelgan de los monopolios y monopsonios que abundan y abusan. Sobre todo, me refiero a las personas que quieren vivir en un país donde prime el derecho de los individuos a desarrollarse en su vida económica, personal y emocional con la libertad de sus propias opciones. (Claramente no me refiero a lo que se acostumbra de motejar como neo-liberalismo.)

Urge la emergencia de un líder que impulse la convergencia liberal sin ambigüedades. Andrés Velasco es por lejos, por convicción y por perseverancia, quien mejor puede representar esta convergencia. Enfrenta dos problemas, uno externo y otro interno. El primero es el binominalismo. Es imposible esta convergencia dentro del sistema electoral actual. El sistema binominal debiera estar en el centro de su demanda de cambio, y por mientras, hay que aprovechar al máximo las ventanas no binominales que el sistema tiene: las primarias si es que hay debate de verdad, y eventualmente la presidencial. El segundo problema es su opción hoy día. Constituirse en la alternativa liberal dentro de la Concertación, como consecuencia y contexto del binominal, no entrega la masa crítica mínima necesaria. Sin debate de ideas es imposible enfrentar el liderazgo "emocional" que hoy tiene la ex presidenta Bachelet, y la primaria de la Concertación parece que va en esa dirección. Las duras disputas sobre la CASEN, por una parte, y su falta de reconocimiento de avances importantes de parte del gobierno, por otra, han alienado a muchos liberales vecinos de la coalición del frente, también necesarios para esta convergencia. Se entiende que el proyecto hasta ahora se encuentra dentro de la Concertación, pero por ahí el proyecto está a todas luces topado. Si la primaria opositora se confirma como el "charm contest" que es hoy día, Velasco debiera pasar de largo a la presidencial y liderar la convergencia liberal, por encima de la disputa chica gobierno-oposición, exigiendo el espacio que merece una nueva fuerza liberal de centro en Chile.



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