¿Cual es el ADN de la Concertación?


(Columna de opinión La Tercera, 18 de mayo de 2013)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



A raíz de las fuertes disputas al interior del bloque opositor respecto a las primarias presidenciales, ha emergido un tema de gran interés puesto en la mesa por el ex vocero de la ex presidenta Michelle Bachelet Francisco Vidal en contra de su ex colega y ex ministro de Hacienda y actual candidato Andrés Velasco. A quién quiera escucharlo, Vidal ha vociferado que Velasco está fuera del ADN de la Concertación, que es un candidato de derecha y que debiera estar en la primaria de la Alianza.

Supongo que es posible reconocer el ADN de la Concertación en los 20 años en que gobernó al país, quizá el período más exitoso desde el punto de vista de las transformaciones políticas y económicas que tengamos en nuestra historia. Entre los años 1990 y 1997 el país creció en forma impresionante, arriba del 8% anual, período en el cual se redujo las tasas de pobreza e indigencia a una velocidad nunca antes vista. Los gobiernos de entonces decidieron que el Estado se concentraría en el gasto social y se alejaría de intentar producir bienes y servicios. En el plano económico se entregó al control privado Lan Chile, Colbún, las empresas sanitarias, la operación de los puertos, el desarrollo de la fuerte infraestructura vial interurbana, y se sorprendió con una política fiscal y macroeconómica austera que reforzó señales de inversión privada que trajo empleo y crecimiento acelerado. Lo recaudado en materia de privatizaciones y una nueva reforma tributaria permitió incrementar fuertemente el gasto en subvenciones educacionales, salud, pensiones asistenciales y transferencias sociales diversas. Todo ello en el contexto que quizá más caracteriza a este período, esto es, la consolidación de este sistema económico de mercado con énfasis social con una creciente profundización de la democracia, eliminando los enclaves autoritarios de la dictadura y entregando crecientemente a la gente la determinación de políticas sociales a través de su representación en las instituciones democráticas. Qué duda cabe, en 1997 se empieza a manifestar una fractura que también es parte del ADN de la Concertación, pero se administra en el contexto de una política con alturas. Los errores en el manejo de la crisis asiática nos costaron 7 años de vacas flacas, pero en los dos gobiernos socialistas de la Concertación se continuó la obra. Se consolidó nuestra vocación exportadora con impresionantes acuerdos de libre comercio con todo el orbe, se amplió a concesiones urbanas el plan de infraestructura que cambió la cara de nuestras ciudades, se continuó con la cobertura en educación superior que permitió que una de cada 7 familias que hoy tiene un hijo en la educación superior sea de primera generación. Por supuesto que fue un error invitar a los bancos a endeudar a las familias al 6% anual con recursos del Estado, lo que se está corrigiendo, pero ello también es parte del ADN de la Concertación: intentar políticas de buena fe y luego corregirlas cuando salen mal. Cuando hubo que ahorrar los inmensos recursos del cobre en el gobierno de Bachelet se ahorraron y cuando hubo que gastar al tope de las posibilidades para aminorar la crisis allí se pusieron los recursos, generando un impacto menor en nuestra economía. Finalmente se concluyó el período de la Concertación realizando una gigantesca reforma social de pensiones para los más necesitados que había sido postergada por los anteriores gobiernos. Ello permitió que la ex presidenta y su ex ministro de Hacienda terminaran con apoyos populares de 80% y 70% respectivamente.

Frente a las nuevas demandas de los movimientos sociales se puede responder liderando y corrigiendo errores en el contexto del ADN de la Concertación, o bien abandonándolo, buscando soluciones estatales para todo, entregando a la calle la definición de las políticas públicas. Con la locuacidad que lo caracteriza, revestida de una pasión que a veces entretiene y otras trasluce falta de prolijidad y solidez, las palabras de Vidal son simplemente un despropósito.




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