¿Dónde está el centro político?


(Columna de opinión La Tercera, 3 de junio de 2013)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



El sistema electoral binominal, impuesto por los ideólogos de la dictadura, cumplió un rol muy importante, hay que reconocerlo. Nuestra renovada democracia partió muy tensionada por la derrota del Si en el plebiscito de 1988 y posterior vuelta a la democracia un año después, adelantando en 8 años el plan original. El sistema electoral, junto a la claridad y convicción democrática de quienes asumieron la primera línea en ambos bloques en 1990, obligó a dichos dirigentes a dar la espalda a las posturas extremas de cada lado, a mirarse a los ojos de frente, y a buscar acuerdos. Chile se convirtió así en un ejemplo de recuperación democrática, en un modelo de desarrollo institucional y económico, admirado en todo el mundo. El sistema electoral binominal fue denunciado como antidemocrático por la Concertación, por sobre representar a la minoría e impedir el legítimo ejercicio de cambios que buscaba la mayoría. Por su parte, fue defendido a ultranza la Alianza como el gran diseño para evitar polarizaciones. En la práctica, obligó al encuentro en el centro, a buscar posiciones de compromiso, pues ninguno podría gobernar sin el apoyo legislativo del otro. La polarización, en este escenario, no era posible. Cumplió su rol, sin duda. Ya no lo cumple más.

Hoy, el sistema binominal se ha convertido en un gran riesgo para la estabilidad y es imprescindible que la dirigencia responsable se percate de ello. El centro político se encuentra totalmente tensionado. Los bloques se dieron la espalda y buscan seducir a sus extremos. Ello es evidente y explícito en el caso de la Concertación, más sutil pero igualmente preocupante en el caso de la Alianza. En la Concertación, la nueva mayoría es de izquierda, buscando compromisos con el Partico Comunista, que si bien se encuentra forjando una nueva forma institucional de colaborar con el próximo gobierno, no comparte ninguno de los logros económicos de estas dos décadas. La Democracia Cristiana, por su parte, se ha desdibujado completamente como opción de centro. Es hoy un híbrido entre un programa estatizante y crítico de lo obrado en todos estos años en lo económico, que compite con sus socios internos en desandar los avanzado en lo económico, y una postura conservadora en lo valórico que no se conecta con las nuevas generaciones, que son cada vez más liberales en este plano. En la Alianza, el discurso de los presidenciables rememora la campaña del Si. El país se inclinaría hacia al caos y solo ellos pueden dar continuidad al progreso. Las posiciones de centro de los primeros años, amigables con los acuerdos, se han desdibujado también, remplazando los acuerdos por la agresión del desalojo.

En definitiva, cuando el sistema electoral binominal se combinó con claridad política en la las dirigencia de los partidos, se desarrollaron dinámicas centrípetas hacia el centro y el país progresó. Cuando el mismo sistema binominal se combina con dirigencias políticas acomodadas, sin competencia y aseguradas, la dinámica política es dominada por fuerzas centrífugas que estimulan la polarización. Hoy esto se refleja claramente al interior de la primaria de la Concertación.

Se requiere un renovado y fortalecido centro político que hoy no puede encontrar expresión, se encuentra huérfano y en tensión centrífuga hacia los extremos. Para ello, es necesario cambiar el sistema binominal y permitir que nuevas caras y movimientos emerjan allí en el centro. Cambiar el sistema binominal, competencia legal, obligatoria y vinculante al interior de los partidos y bloques, es el camino a seguir. El nuevo presidente de Chile será uno de los 6 candidatos que van a las primarias este fin de mes. Quien gane deberá conducir al país hacia un nuevo encuentro nacional, disminuyendo la tensión política, manteniendo el progreso y propendiendo a una mayor igualdad. La alternativa es desastrosa.



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