La política y la economía desalineadas


(Columna de opinión La Tercera, 21 de septiembre de 2013)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



Al asumir Michelle Bachelet como Jefa de Estado, le cayó como maná del cielo un precio del cobre que nadie esperaba. El Fisco ahorró como nunca antes entre los años 2006 y primer semestre del 2008 gracias a la determinación de su ministro de Hacienda, Andrés Velasco, quien hizo oídos sordos a los cantos de sirena de la clase política oficialista que en su mayoría le exigía gastar más, todo con el evidente respaldo político de la presidenta. La crisis subprime que asoló el planeta el año 2008 pilló a la economía chilena en buen pie, y permitió incrementar muy significativamente el gasto fiscal el año 2009. La contracción de crédito privado, sin embargo fue de una magnitud muy significativa y la economía chilena decreció en 2 puntos porcentuales el año 2009 a pesar de la significativa expansión fiscal y monetaria. El gobierno terminó con un pobre crecimiento cercano al 2,5% en promedio, con el empleo estancado. A pesar de que la presidenta y su ministro de Hacienda terminaron el gobierno con 80% y 70% de popularidad respectivamente, el electorado decidió darle una chace al presidente Piñera, quien venía con un coherente discurso de renovación política, de eficiencia en la gestión del Estado y la promesa de crecimiento en la economía y el empleo. No es difícil comprender el triunfo del presidente Piñera: una popular presidenta Bachelet que no podía ir a la reelección, con su popularidad personal no traspasable; un bajo dinamismo en la economía y el empleo, y una Concertación que ya no era garantía de estabilidad política, con sectores enquistados en el Estado y con algunos signos de corrupción y agotamiento.

En lo fundamental, en lo que respecta a la economía, el mandato del presidente Piñera ha estado a la altura de lo prometido. Desde entonces el país ha crecido más del doble que el anterior gobierno en el contexto de una economía externa vacilante, fuertemente sustentada por el gasto interno en consumo e inversión, sin inflación, lo que es muy notable. Sin embargo, la coalición de gobierno se encuentra en una debacle política de proporciones. Arriesga perder en primera vuelta y es muy difícil que alcance la votación histórica de las últimas 3 elecciones. Hasta la elección anterior, la economía podía ayudar a predecir las elecciones con bastante certeza. Ello ya no es así. ¿Por qué la economía y la política se han desalineado tan significativamente?. No cabe duda que los movimientos sociales del año 2011 son el reflejo de una sociedad que no estaba siendo bien representada por la clase política, que acumulaba un malestar que no encontraba expresión en un sistema político poco competitivo, capturado por una clase política que se fosilizaba y no dejaba espacio a nuevas generaciones. Todo ello terminó sorprendiendo a todos por igual, en particular a la actual coalición gobernante, que no ha podido desembarazarse de los traumas de hace 40 años y permanece, salvo excepciones, anclada en esa memoria. En el caso de la actual oposición, no lo quedó más remedio que cobijarse en la incombustible popularidad de la ex presidenta Bachelet.

Esta elección no es sobre la economía, sino sobre la emergencia de las nuevas generaciones que la clase política no había dejado aparecer. Es sobre el balance verdadero de lo exitoso y acertado que ha sido el sistema económico basado en la libertad e iniciativa privada, y los mecanismos de auto corrección que no han sido incorporados para evitar los abusos, la concentración y la desigualdad, y que es imperioso incorporar. Es sobre lo equivocado que estaban sectores que pensaban con predicar las bondades del modelo era suficiente y no se daban tiempo para comprender los factores de inestabilidad que se acumulaban, o que pensaban que solo bastaba el crecimiento económico. El 2014 es un año de refundación, rescatando las bases de lo que hemos construido y realizando los ajustes que se requieren. Nada radical, pero si significativo.



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