Presupuesto 2014


(Columna de opinión La Tercera, 7 de octubre de 2013)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



Cuando termina un gobierno, las autoridades salientes deben decidir cuál será el presupuesto nacional que dispondrá el gobierno entrante. Ello no sería un hecho muy significativo si el gobierno entrante es de la misma coalición que el gobierno saliente, pero adquiere un ribete distinto, cuando hay un cambio de coalición. Ese fue el caso del presupuesto nacional del año 2010 y es evidentemente el caso del presupuesto 2014. Es la obvia consecuencia de la alternancia en el poder.

Gracias a la política fiscal estructural, esta discusión potencialmente difícil se vuele muy acotada. En efecto, el nivel de gasto presupuestario que este gobierno dejará al siguiente será de unos US$ 60 mil millones, un 21,3% del PIB, y depende críticamente de variables definidas. Tal como lo prometió, el gobierno del presidente Sebastián Piñera dejará un nivel de gastos que excede en un 1% los ingresos estructurales estimados para el año 2014. Se dice que los gastos crecen un 2,1% respecto al presupuesto 2013, o 3,9% respecto al gasto efectivamente ejecutado el año 2013, lo que ha molestado a los técnicos del gobierno entrante. La verdad es que ambos números son irrelevantes y no definen adecuadamente la política fiscal del año 2014. Si el gasto hubiese crecido menos en promedio entre 2010 y 2013, por cierto que este presupuesto representaría un crecimiento mayor para llegar a los mismos US$ 60 mil millones. El mejor favor que el actual gobierno le hizo al que viene, es que el PIB creció aceleradamente durante 4 años y ello deja como herencia un mayor presupuesto absoluto, pues se ha recuperado el crecimiento potencial y el nivel del PIB es mayor. La crítica al actual gobierno de parte del jefe programático de Michelle Bachelet de que la administración del presidente Piñera no habría hecho un esfuerzo fiscal acumulado mayor y que al mismo tiempo lo deja con un presupuesto disminuido para el 2014 no es justa, pues no es coherente y no refleja el alto nivel de gasto absoluto que dispone el próximo gobierno. Por el otro lado, los técnicos del actual gobierno han criticado al anterior de que tomaron al gobierno con un déficit estructural de 3% y han debido bajar dicho déficit a 1%. Esa crítica también es injusta. Debido a que la comisión Corbo cambió la medición del déficit estructural y redujo los ingresos estructurales cuando hay rebajas a los impuestos transitorios, algo que no ocurría antes, el cierre de la brecha entre 3% y 1% pertenece en partes iguales a cada gobierno. Ello es así pues el gobierno de Michelle Bachelet entregó a su sucesor una rebaja transitoria legal de impuesto de un 1% del PIB que efectivamente se revirtió, por lo que en realidad, el actual gobierno cerró la brecha en solo un punto y el anterior en el otro punto.

El actual gobierno ha criticado al anterior porque en la crisis 2008-2009 se redujeron los fondos soberanos, y el actual bloque opositor y futuro gobierno critica al actual porque la posición financiera neta del tesoro ha disminuido y el país pasó de ser un acreedor neto a un leve deudor neto. De nuevo, malas críticas ambas. El gobierno de Michelle Bachelet acumuló enormes fondos externos por el alza desmesurada del precio del cobre, y luego los utilizó para paliar la crisis. Buena cosa, la alternativa era subir impuestos y profundizar la recesión. En promedio generó enormes ahorros acumulados. El gobierno de Sebastián Piñera debió subir impuestos por el terremoto y recibió las alzas que se había bajado transitoriamente. En promedio ahorro poco o nada, pero el crecimiento permitió incrementar el gasto público en concordancia con el déficit estructural del 1%.

Como vemos, la buena política fiscal que se ha dado el país permite alternar con tranquilidad desde un gobierno a otro. Las críticas mutuas no han estado a la altura, han sido pequeñas. El presupuesto 2014 es un buen presupuesto.



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