¿Una nueva baja de tasas de interés?


(Columna el Diario, 30-05-01)

Por: Patricio Arrau P.



El Banco Central, en el reciente Informe de Política Monetaria (IPOM) de mayo, justifica la decisión de mantener las tasas de interés en el actual 3,75%. El instituto emisor proyecta las variables económicas con el fin de identificar si la economía se encuentra en un punto consistente con una trayectoria de la inflación dentro de la banda de 2 a 4% anual, convergiendo a 3%. El escenario base que justifica la tasa de interés es el escenario más probable de la economía. Sin embargo, puesto que las variables económicas son inciertas, el instituto emisor también realiza un balance de riesgos con el propósito de evaluar si existe una probabilidad mayor hacia la baja o hacia el alza en la tendencia de la inflación, insinuando de esta forma un posible movimiento a la baja o al alza de la tasa de interés. Con la excepción del informe de enero pasado, el Banco Central siempre ha realizado un balance de riesgos “simétrico” y ese también es el caso del informe de mayo. La “simetría” en los riesgos de desvío se construye con posibles desvíos a la baja en la actividad doméstica y externa y en un posible desvío hacia el alza en el tipo de cambio. Según el IPOM ambos riesgos se compensan en el efecto sobre la inflación, lo que llevó a entregar una señal estable en materia de tasas.

El informe ha generado un fuerte debate respecto a la conveniencia de mantener las tasas en el actual nivel. Algunos analistas consideran muy inconveniente una nueva baja, incluso denunciando que sería irresponsable hacerlo. El Ministro de Hacienda, por su parte, ha defendido la conveniencia de volver a reducir las tasas.

El estado de la economía no justifica una postura tan rígida en contra de una nueva baja de tasas. Nuestra economía no encuentra un camino claro de despegue. Con suerte el segundo trimestre logrará superar el paupérrimo crecimiento de 3,3% del primero y se hace difícil proyectar un crecimiento anual que no se caiga del 4% para este año. El invierno mantendrá virtualmente estancado el consumo de los hogares ante la creciente tasa de desempleo que viene con él. En el plano externo, las noticias de los EE.UU. son confusas. Es posible una leve recesión el segundo semestre y es más probable que la reactivación surja entrado el próximo año, puesto que los consumidores de la mayor potencia mundial también comienzan a asustarse ante los permanentes anuncios de despidos que publicitan diariamente las cadenas de televisión. En Argentina, Domingo Cavallo ha logrado confundir incluso a sus admiradores. Argentina no aguanta otro ajuste recesivo y no se percibe una salida definitiva sin alguna forma de devaluación, como lo hicieron México, Brasil o Chile, y ello no está hoy sobre la mesa. Se puede posponer la cesación de pagos, pero Argentina retomará crecimiento de largo plazo una vez que enfrente su verdad y abandone la ley de convertibilidad. Horizonte oscuro para Argentina.

Lo anterior concuerda con el análisis del Banco Central en su informe, donde se reconoce que los riesgos de desvíos a la baja en la actividad interna y externa son probables. Ello invita una nueva baja de tasas. Sin embargo, el Banco Central considera riesgoso una posible nueva alza del tipo de cambio en respuesta a la situación argentina, lo que no comparto. Es cierto, en condiciones de reactivación de la demanda incluso el actual nivel del tipo de cambio podría significar inflación. Pero ¿por qué preocuparse de ello cuando al mismo tiempo se pronostican posibles desvíos a la baja en la demanda interna en los meses siguientes?. Hemos visto que el alza nominal del tipo de cambio no retroalimenta la inflación en condiciones de demanda débil y solo afecta a los precios regulados. El tipo de cambio ha subido en respuesta a los débiles signos de nuestra economía y de Argentina y no en respuesta a una política monetaria excesivamente expansiva. Si se despeja la situación argentina y surgen signos de reactivación doméstica, el tipo de cambio volvería bajo $ 600 por dólar, incluso con tasas de interés superiores. Una nueva baja de tasas hoy no reviste riesgo inflacionario y contribuiría a acelerar el proceso de recomposición de las carteras riesgosas de los bancos, lo que en esta etapa implica amplios “spreads” y aparentes utilidades “contables”, conviviendo con muchas empresas que viven una escasez de crédito. Es posible que en uno o dos meses más, se vea más clara la conveniencia de reducir las tasas de interés, lo que, junto a las auspiciosas señales de reencuentro gobierno-empresarios, incrementa la posibilidad de tener reactivación de vedad a fin de año.


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