Desaceleración e incertidumbre crítica


(Columna de opinión La Tercera, 16 de agosto de 2014)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



El crecimiento económico de junio de 0,8% respecto a igual mes del año pasado fue un balde de agua fría. Fue la primera señal de que la desaceleración viene mucho más intensa de lo esperado hace tan solo unos pocos meses atrás. Ni el fin de ciclo de inversiones en minería, ni los altos costos de la energía, ni la baja del precio del cobre pueden explicar la abrupta desaceleración de la economía nacional. Pregúntele a un economista y él le dará su explicación preferida. La mía es que el derrumbe del gasto en inversiones primero, seguido de una fuerte baja en el consumo privado de durables que se espera continúe en los meses siguiente tiene una fuerte relación con el enorme grado de incertidumbre crítica que ha estado asomándose en el horizonte de los agentes nacionales en los últimos dos trimestres respecto de los acuerdos políticos y el manejo económico de nuestra economía, y la forma en que se ha manejado el programa de gobierno, donde la entrada en escena de la reforma tributaria y su manejo inicial tiene un rol preponderante. Cuando la economía enfrenta un choque inesperado que produce un abrupto cambio de expectativas de los agentes económicos, los economistas nos quedamos sin modelo de predicción y la economía puede contraerse en forma imprevisible. Ocurrió el año 2009. La crisis subprime de septiembre de 2008 generó una recesión en nuestro país por lo inesperada e impredecible. El gasto doméstico se contrajo en ese caso muy abruptamente por el impacto y pánico que esa crisis generó en la banca nacional, que generó una contracción de crédito que fue imposible de compensar por las autoridades económicas, aunque ambas generaron una de las políticas monetarias y fiscales más expansivas que tenga memoria en los últimos 40 años.

Es evidente que el gobierno subestimó el impacto que tendría en la economía el agresivo programa de gobierno y la forma en que se ha llevado a cabo en los primeros meses. El Acuerdo Tributario fue en parte posible porque se tomó parcialmente conciencia de esta situación, pero existen dudas de que haya una cabal comprensión de la dimensión del problema en el gobierno, y no está claro por cuánto tiempo más deba debilitarse la economía para corregir los errores. Una cosa es tener mayoría en votos y otra muy distinta tener mayoría en el debate deliberativo. Si las ideas son malas, como la renta atribuida, la gratuidad para los alumnos de más altos ingresos o gastarse miles de millones de dólares en comprar colegios, no se puede esperar que ello no tenga impacto cuando se intenta imponer dichas malas por la mayoría en los votos. Mientras se perciba una hegemonía dentro de la Nueva Mayoría que quiere refundar todo, que reniega de los enormes logros de los últimos 30 años y no se observe un nuevo liderazgo con la claridad de enmendar los errores, la economía seguirá dando sus señales. Es difícil que este año se pueda crecer más de 2% y en los próximos 18 meses un mayor desempleo será la consecuencia natural del camino elegido. El primer gobierno de Michelle Bachelet tuvo un bajo crecimiento promedio por una buena razón. A pesar de los esfuerzos desplegados en política macroeconómica expansiva, la contracción del gasto privado fue mayor debido a los condicionantes del entorno externo. Un bajo crecimiento no podría ser explicado ni entendido en esta segunda ocasión. Aún es tiempo de enmendar rumbo.



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