Mensajes de la elección parlamentaria


(Columna el Diario, 26-12-01)

Por: Patricio Arrau P.



Una elección en un momento determinado puede estar dominada por diversos tópicos de interés público, tales como los económicos, políticos y/o valórico-culturales. Que duda cabe, en esta elección parlamentaria en particular, los temas económicos, especialmente la percepción sobre la fragilidad del empleo y la calidad de los servicios públicos que provee el Estado están al centro de los comicios del domingo antepasado. De otro modo, sería muy difícil comprender que la simple muletilla por el cambio en materias de empleo y delincuencia, puede haber sido tan efectiva. Por la Alianza sufragó el 44% de los electores que emitió su voto válido, sólo 4 puntos por debajo de la Concertación.

Nuestro sistema democrático se consolida en un escenario competitivo de dos bloques y la solución de los problemas económicos que estuvieron al centro de la campaña requiere de la concurrencia de ambos conglomerados. No se puede dejar de reconocer el éxito de la coalición gobernante, que luego de 12 años en el poder y en un momento económico muy difícil, mantiene la primera mayoría nacional. Sin embargo, en este debate de niveles versus tendencias, no parece razonable estar contento con el nivel absoluto del 48%, pues es decreciente. Hoy sentimos que la economía está mal por la tendencia que lleva, a pesar de que el PIB per-cápita se encuentra muy elevado en comparación con 1990. El desafío de la Concertación es mantener esta brecha de 4 puntos por los próximos 4 años, tarea que no se ve nada de fácil. En los últimos cuatro años la Concertación perdió 4 puntos porcentuales y basta que pierda medio punto por año para que en 2006 ambos bloques se vean empatados en 46 puntos cada uno.

A la Concertación le cuesta reconocer el contundente triunfo democrático de la Unión Demócrata Independiente (UDI), un partido con fuerte identidad, disciplina y liderazgo, que cautiva nuevos adeptos. Denostar las motivaciones del voto de la UDI es también vilipendiar a los ciudadanos que decidieron abandonar la Concertación y sufragar por dicho partido, lo que no es precisamente una buena receta para recuperar ese voto en el futuro. El éxito de la Alianza demuestra que se puede ganar votos estando en contra de una reforma laboral y de una que aumenta los impuestos. Ese es el primer mensaje que se debe escuchar de esta elección. El elector-consumidor de hoy no se deja seducir por las confrontaciones de clases del pasado (reforma laboral) o la promesa abstracta de un mayor gasto social (reforma tributaria). Desea empleo y servicios públicos eficientes, especialmente seguridad, educación para sus hijos y salud para su familia.

Lamentablemente para la Concertación, los temas políticos y valóricos seguirán en segundo plano mientras no se recupere la situación económica, pero enfrenta el peligro de la división mientras que la Alianza toma palco unida. En particular, sería fatal para la coalición de gobierno volver a reproducir un ambiente de conflicto con la oposición y con los empresarios, posponiendo nuevamente el crecimiento económico y la creación de empleos. Esta es la segunda gran lección que se requiere escuchar: no es posible pasar reformas importantes sin un consenso amplio que incluya a la Alianza.

Reformas en carpeta

Existen dos proyectos económico-sociales para 2002, los cuales pueden reproducir el rol divisorio que cumplieron la reforma tributaria y laboral. En primer lugar, la reforma de la salud y en particular el financiamiento del fondo solidario con los tres séptimos de las cotizaciones de salud. Nada más retórico que llamar financiamiento solidario a un impuesto al salario que significará 50.000 empleos menos según recientes estimaciones de elasticidad salario-empleo calculadas por técnicos del Banco Central y Hacienda. Al usuario de los hospitales públicos no le importa mucho que éstos estén administrados por médicos que gozan con inamovilidad o bien por ejecutivos privados. Le interesa un servicio eficiente y los primeros no han podido entregar ese servicio. El uso de la infraestructura pública a media jornada y los US$ 100 millones en cuentas impagas a proveedores es la mejor prueba de ello. La Concertación debe enfrentar una urgente reforma integral de Isapres, autoridad sanitaria y el sistema de prestador público si desea ver resultados para el 2005. Es posible un amplio consenso político para disponer de nuevos recursos frescos para negociar los estatutos especiales de la salud y concesionar hospitales públicos, así como para canalizar mayores subsidios portables financiados con ingresos generales de la nación para el plan básico de salud. Los recursos públicos que se obtengan por privatizaciones y concesiones pueden ponerse en un fondo de respaldo para estos gastos.

El segundo proyecto que amenaza con ser fuertemente conflictivo es el de Rentas Municipales II. El metro de Santiago tiene proyectadas inversiones por US$ 2.000 millones hasta el año 2005 de las cuales sólo un tercio se financian con recursos propios. El ferrocarril a Puerto Montt requiere otros US$ 1.000 millones. No es correcto ni posible financiar estos planes con nuevas contribuciones. Las buenas iniciativas de infraestructura se financian con deuda pública cuando tienen alta rentabilidad social, como los casos mencionados. Los macroeconomistas de lado y lado debemos buscar nuevos consensos para compatibilizar los equilibrios macroeconómicos con las necesidades de infraestructura que el país requiere.


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