Desánimo económico, desencuentro político


(Columna de opinión Pulso, 5 de noviembre de 2014)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



Las cosas están frías en la economía y calientes en la política. El país necesita mayor tibieza en ambas. Vamos por parte. La desaceleración económica ha calado hondo. Hoy existe un amplio consenso de que el estado del debate interno, en lo que a la economía se refiere, es el que mejor puede explicar la profundidad que ha alcanzado la desaceleración económica. Hasta hace unos pocos meses, parecía que las causales externas y las internas competían para explicar la desaceleración. Ya no es el caso. Las condiciones externas están mejor que las proyectadas por el Banco Central en su IPOM de septiembre. El cobre más arriba y el petróleo más abajo. Nuestros socios comerciales crecen más que el año pasado. Si fuera por las variables externas y como ellas influyen en la economía doméstica, la economía chilena debiera estar creciendo al 4,2%, que es la estimación del producto tendencial que se dieron los expertos que consulta el ministerio de Hacienda todos los años para confeccionar el presupuesto de nación. Pero no. Estamos menos de la mitad de ese valor. El año terminará cerca de 1,7%, por debajo del 2% proyectado por el Banco Central en el IPOM de septiembre y nada cambiará muy significativamente mientras no se revierta el ánimo imperante en los actores económicos. Aunque muchos esperan que el 4to trimestre puede ser puede ser algo superior al tercero, en ningún caso dará para sindicarlo como un punto de inflexión. La economía está fría y ello no cambiará de la noche a la mañana. La desaceleración se profundizó inicialmente cuando el duro debate sobre la reforma tributaria copó el primer semestre. La demanda interna colapsó con la fuerte caída de la inversión. Luego el desánimo se expandió a los consumidores. Nuestra economía siempre ha sido muy sensible al estado de las expectativas de los agentes económicos. Hasta ahora esas expectativas eran dominadas por las señales externas. No ha sido el caso en esta ocasión y las autoridades económicas lo saben. Conscientes de su error de diagnóstico inicial, el equipo económico ha realizado un importante despliegue para revertir el desánimo. El Chile Day en Londres es un ejemplo de ello. Nunca se habían visto juntos en dicho evento al ministro de Hacienda, ministro de Economía, presidente del Banco Central, presidente del Bancoestado, todos los superintendentes, Director del Servicio de Impuestos Internos y varios otros funcionarios de la alta dirección del estado. El diálogo fue franco y abierto, donde primó en las rondas privadas la preocupación por la anunciada reforma laboral. Desde entonces el gobierno ha dado importantes señales al mundo privado: desde el respaldo a Alto Maipo hasta las medidas para destrabar las inversiones anunciadas ayer; pero sobre todo, lo más llamativo ha sido la fuerte señal de moderación de la reforma laboral. Ella no ha pasado desapercibida. Para entibiar la economía del frio estado en que se encuentra, el texto de la reforma laboral es clave, sobre todo si se envía con importantes acuerdos previos, idealmente consensuada. Revertir el desánimo de los actores económicos es un componente de la historia. El otro componente es enfriar el caldeado estado de la política. Ambos son elementos imprescindibles para que nuestra sociedad funcione bien. El desencuentro al interior del bloque gobernante es un problema al menos tan serio como el desánimo de los actores económicos. La reforma educacional ha tensionado de una forma inimaginable hace tan solo unos meses atrás las relaciones al interior de la Nueva Mayoría. No es posible encontrar en su predecesora, la Concertación, un nivel de desencuentro político como el que se observa hoy en la Nueva Mayoría. La encrucijada es muy compleja, pues no se observa que pudiera existir en la reforma educacional un acuerdo como el que se generó en la reforma tributaria. Los dimes y diretes han llevado a un cónclave al principal partido de la Nueva Mayoría, la Democracia Cristiana, que se ha visto por primera vez unida en sus tendencias internas ante lo que consideran una agresión de parte de sus socios. El gobierno se jugó por un cambio total al sistema de educación que se dio la misma Concertación, y ello ha generado una radicalización de las posiciones al interior del bloque gobernante. El proyecto del gobierno está terminando una industria de educación subvencionada que la misma Concertación impulsó y dinamizó en sus gobiernos anteriores. La reforma no solo ha encontrado la oposición de los empresarios del sector, los llamados sostenedores, sino que también la de los padres y apoderados de los colegios subvencionados, que representan la mayoría de la matrícula escolar del país. Entibiar el caldeado debate político se ve mucho más difícil que entibiar la fría economía. Ambos muy necesarios requieren un enorme esfuerzo de liderazgo.


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