Un círculo que no cuadra


(Columna el Diario, 13-06-02)

Por: Patricio Arrau P.



Se dice graciosamente que es necesario “cuadrar el círculo” cuando se requiere resolver un problema de muy difícil solución. Con las finanzas públicas el círculo definitivamente se descuadró, y por lo tanto, no queda más que ser muy solidario con el Ministro de Hacienda por el grave problema que enfrenta. ¿Es posible cuadrar el círculo?. La respuesta es sí.

El plan original

En la campaña presidencial, se ideó un plan de gastos públicos e ingresos fiscales que permitía realizar un muy importante programa de gastos de diverso tipo en el contexto de un superávit fiscal estructural de 1% anual. El programa de gastos del Gobierno incluye en primer lugar, gastos sociales, donde se encuentra el plan Auge, el Chile Solidario para superar la pobreza, además de los programas de erradicación de los campamentos y la reforma de educación. En segundo lugar, el plan incluye gastos de infraestructura, tanto de Obras Públicas como los gastos de la red de transporte urbano e interurbano (Metro y EFE). En tercer lugar, hay importantes gastos en defensa y otros programas necesarios. El plan cuadraba si se realizaba una reforma contra la evasión tributaria y si la economía crecía al 7%. Propuestas de alzas tributarias brillaron por su ausencia en los programas de ambas campañas presidenciales y también brillaron por su ausencia las propuestas de privatizaciones.

El plan no ha resultado como fue previsto, fundamentalmente porque la economía no ha crecido al 7% y por lo tanto tampoco lo han hecho los ingresos tributarios. Al constatar este hecho, es necesario revisar el plan y eso es lo que se observa en la discusión pública hoy.

Elementos de un nuevo plan

En primer lugar, se observa que desde el lado del gasto, el Presidente de la República no esta dispuesto a transar. Comparto la opción del Presidente. Chile está en condiciones de realizar el plan de gastos e inversiones públicas, tanto en infraestructura física como capital humano y social. Ello es un imperativo ético para con los chilenos más desposeídos, así como una condición para competir exitosamente a nivel global. Afortunadamente, los cerca de US$ 2.500 millones de gastos en infraestructura de Metro y EFE que se debe invertir de aquí al año 2005 se pueden financiar con endeudamiento de las propias empresas, lo que es consistente con la regla fiscal y salva ese escollo. También es el caso de los créditos a los alumnos de la educación superior, siempre y cuando ellos aceptan firmar que el Estado podrá pagarse directamente con el Servicio de Impuestos Internos como recaudador. En ese caso este crédito es efectivamente un préstamo y califica debajo de la línea en la regla fiscal. El problema surge entonces con los gastos que se ubican sobre la línea presupuestaria del Fisco de acuerdo a la regla fiscal, es decir, con los $ 150.000 millones del plan Auge, los $ 70.000 millones del Chile Solidario y recientemente los gastos para las “imprevistas” (y muy necesarias) inversiones en colectores de la grandes ciudades.

El superávit estructural por su parte, si bien no es una ley de la naturaleza sino una convención, ha cumplido, y sigue cumpliendo, el importante rol de transmitir credibilidad a los agentes económicos respecto a la evolución futura de los gastos. Puesto que el Gobierno no está dispuesto a modificar la regla fiscal, el debate se traslada directamente a un confuso “diálogo de sordos” respecto a alzas de impuestos. Aún más, puesto que las alzas de los impuestos directos están descartadas y la del IVA se observa “trancada” en el ámbito de la política, la discusión se mantiene en los impuestos específicos, las cotizaciones (o impuesto a los salarios), o incluso un alza de tarifas de servicios públicos. Lamentablemente, el amplio consenso técnico entre los economistas de que la distribución del ingreso no puede hacerse por el lado de los tributos no ha podido plasmarse en la clase política nacional. Nos encontramos entonces con el problema que la credibilidad que se intenta transmitir con la regla fiscal se pierde por el debate sobre alzas de impuestos. No hay nada peor para el crecimiento, y por ende el empleo, que la incertidumbre tributaria. Adicionalmente, no hay peor momento para discutir alzas de impuestos cuando la economía se encuentra recesión y con los agentes económicos en crisis de expectativas y desencanto. Por ello es necesario desplazar el tema de los impuestos hacia el futuro. ¿Cómo se financian los gastos?

La cuadratura del círculo

El Gobierno se ve en la necesidad de evaluar una alternativa que ha sido propuesta por sus opositores políticos y que no ha querido considerar, que es consistente con un pequeño refinamiento de la regla fiscal: financiar transitoriamente estas fuertes inversiones sociales y de colectores con activos prescindibles. Es posible constituir un fondo de activos prescindibles, que este año puede incluir las participaciones de sanitarias ya privatizadas, los pagos anuales por los puertos concesionados y la venta de la 6 sanitarias pendientes, lo que alcanza a unos US$ 1.100 millones. ENAP por su parte, vale cerca de US$ 3.000 millones. Puesto que la regla fiscal es una convención, podemos convenir que los giros de ese fondo de activos pueden considerarse ingresos sobre la línea presupuestaria, lo permite mantener el superávit de 1%. Evidentemente una vez agotado el fondo se requiere subir los impuestos si la economía no se acelera rápidamente y no se desea disminuir el superávit de 1%. Esta fórmula tiene 3 ventajas. En primer lugar es una propuesta que puede ser consensuada entre la Concertación y la Alianza, manteniendo la credibilidad en materia de finanzas públicas. En segundo lugar, permite observar que los activos privatizados van directamente a resolver problemas sociales, lo que destraba el debate ideológico de la Concertación sobre privatizaciones. En tercer lugar, se pospone la discusión de impuestos hacia el futuro, cuando se agote el fondo, cuando la economía esté creciendo, lo que desplaza la carga tributaria a las generaciones futuras, que serán más ricas que las presentes y podrán pagar más impuestos. La alternativa parece ser un debate público confuso, estancamiento económico y mantención de las carencias sociales y de infraestructura.


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