Señales económicas del exterior


(Columna el Diario, 12-09-02)

Por: Patricio Arrau P.



Al leer el título de esta columna, lo primero que viene a la mente es que las señales económicas del exterior son muy malas. “La desaceleración simultánea más abrupta en 70 años de los países desarrollados”. “La deplorable situación de Argentina”. “La fragilidad extrema de Brasil y muchos otros países de la región”. “La escasez de capitales externos en la región”. “Los muy deprimidos términos de intercambio”. Un desolador diagnóstico de la situación coyuntural internacional ha sido la principal argumentación de las autoridades económicas para proponer ajustes nominales al presupuesto de este año (de manera de enmarcarse a las proyecciones reales realizadas en su momento), apara ajustar las proyecciones de crecimiento a la baja (una vez más) y para preparar el ambiente para un austero presupuesto del próximo año. Bien por la seriedad de nuestras autoridades en un entorno incierto. ¿Qué hay del diagnóstico?.

A juzgar por los movimientos del “barómetro” dólar y la tendencia de las últimas informaciones de demanda interna, empleo e importaciones, el diagnóstico se encuentra firmemente plasmado en la mente de los actores nacionales, tanto públicos como privados, y se actúa en correspondencia. Sin intentar refutar este consenso en el país, es conveniente también observar dos señales que vienen del exterior que contradicen este devastador diagnóstico que nos “coordina” en un círculo vicioso de pesimismo y depresión.

La primera señal es el costo de fondos externos de largo plazo disponibles para la República de Chile. Parece una gran paradoja, pero el costo de fondos chileno se encuentra en el nivel más bajo de la historia. Como se observa en el cuadro adjunto, el costo de fondos a largo plazo de Chile rondaba 7,5% a principios del año 2001 y hoy se encuentra cercano a 5,7% anual. No existe otro país emergente que haya accedido jamás a este costo de fondos internacional. Chile podría colocar un bono soberano de US$ 1.000 millones a un costo algo superior a 6% y tendría mucha demanda internacional. La segunda buena noticia del exterior tiene que ver con el volumen de las exportaciones (en cajas, no en valor). El crecimiento de las exportaciones se aceleró de cerca de un 5% en 1999 a 9,7% el año 2001. El último trimestre disponible crecieron un 8,7%. Es curioso ver el análisis de un mal diagnóstico externo compitiendo en los periódicos con noticias de los altos volúmenes exportados de vinos, frutas y salmones. Las nuevas perspectivas de exportaciones a Europa por el acuerdo de libre comercio, coinciden con que el año 2001 Chile se convirtió por primera vez en exportador neto de productos lácteos.

Ambas noticias positivas del exterior, tienen que ver con la consolidación de estrategias de largo plazo en la economía nacional y permanecen inmunes a las muy malas noticias coyunturales asociadas al exterior. La apertura comercial seguida por Chile durante décadas ha dado sus frutos con varios sectores penetrando mercados en todo el orbe. No importa que se desacelere el crecimiento de los países desarrollados. El nivel de consumo e ingreso de dichos países permanece muy alto y cada vez tomamos un pedacito mayor de una inmensa torta. Sólo tenemos que seguir haciendo lo que hacemos en ese frente, firmando acuerdos que abran mercados nuevos, abriendo los nuestros para mejorar la competitividad del país, resistiendo presiones proteccionistas. En el plano del costo de fondos internacional, es difícil no asociar esa evidencia a la decisión estructural tomada el año 2001 que terminó con 70 años de control de capitales e intervención en los mercados financieros internacionales. Allí están los frutos de la inserción financiera internacional y allí está la opinión de los inversionistas internacionales. Es posible lograr una “coordinación” virtuosa de los agentes económicos con un relato y diagnóstico mejor balanceado. Tan sólo tenemos que volver a poner la mirada en nosotros mismos.


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