Para volver a crecer aceleradamente


(Columna el Diario, 28-10-02)

Por: Patricio Arrau P.



Sí, Chile puede volver a crecer al 7% y más, como también puede volver a sumirse en décadas de “crecimiento frustrado”. Todos los países que han salido del subdesarrollo han pasado por varias “décadas de oro” y hoy muchos piensan que nuestra posibilidad de continuar ese proceso, que nos alcanzó para 13 años, desde 1985 a 1997, se desvaneció. Definitivamente se desvaneció nuestro entusiasmo, no así las verdaderas razones de ese proceso.

Quienes dicen que se desvaneció porque nos tocó la mala suerte de enfrentar un entorno externo devastador se equivocan tanto como quienes dicen que se desvaneció porque elegimos un Presidente socialista. Los primeros porque no pueden reconocer sus propias falencias de gestión, condición básica para enmendar rumbos, y los segundos porque no pueden liberarse de un ideologismo trasnochado. Atrapados entre ambos extremos no podemos volver a crecer .

Crecer aceleradamente es un proceso, un sistema de incentivos y estímulos que escapan al análisis meramente económico. Es tautológico decir que la economía crece cuando se acumulan factores productivos (capital, adopción de tecnologías, “know how”, educación o capital humano). Lo difícil es decir que se requiere para que el sistema económico entre en un círculo virtuoso de acumulación de todos esos factores. Es evidente que el crecimiento de 1985 a 1997 no hubiese sido posible si no se hubiesen cambiado los incentivos de inversión y acumulación de riqueza en las viejas empresas públicas que producían servicios de utilizad pública (electricidad, telecomunicaciones, etc.), en los incentivos para inversión en infraestructura vial interurbana, en los cambios institucionales en el sistema financiero y de capitales, en los incentivos para exportar y comerciar con el exterior.

Las sociedades que entran en círculos virtuosos de crecimiento han sabido combinar un sistema de libertades económicas, políticas y tolerancia a la diversidad de valores que estimula la innovación. Es imprescindible abandonar la fatalista mirada en el exterior como causa de nuestros problemas. Se requiere concordar un nuevo plan económico que revitalice la economía y un nuevo impulso de libertades políticas que revitalice la sociedad chilena. En el primer plano, se puede continuar en el exitoso camino de alianza publica-privada en infraestructura vial urbana, interurbana, aeroportuaria, portuaria, empresas sanitarias, etc. Continuar los acuerdos de libre comercio, resistir el proteccionismo. Se puede sumar reformas al estado (educación, salud, administración central) y todos los temas de la agenda pro crecimiento, aunque signifiquen menores ingresos tributarios en el corto plazo. Entregar a privados la actividad del estado en la producción de bienes y servicios, eliminar la inamovilidad de los funcionarios y empleados públicos, permitir flexibilidad en el acuerdo empleador-trabajador, abandonar la creencia que con impuestos y dádivas se acaba la pobreza. A ese listado de requisitos de índole económica, es clave exigir a nuestra clase política que concuerde una nueva constitución abierta, sin tutelajes y con menos presidencialismo, de modo que los chilenos podamos abandonar nuestro eterno complejo de “hijo de papá”, y crecer al fin, esta vez por más de una década.


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