Hacia Un Equilibrio Macroeconómico Sano


(columna El Diario, 4-11-98)

Por: Patricio Arrau P.



Si se evita caer en la trampa macroeconómica anterior a la crisis: altas tasas y tipo de cambio bajo, la economía chilena puede volver a resurgir con fuerza, esta vez bien integrada a los beneficios de la globalización y sin placebos que hagan creer que los riesgos del mundo externo son evitables. Para ello se requiere mayor agilidad en normalizar las tasas de interés, avanzar con rapidez hacia mayores grados de libertad cambiaria y entregar a los agentes privados mejor información.



El año transcurrido entre octubre de 1997 y octubre de 1998 sin duda que será reconocido como un año especial. Es un año de despertar en muchos sentidos. El despertar de los agentes privados que venían gastando como en un sueño. El despertar de las autoridades económicas y de los economistas de opinión, que veníamos haciendo (o proponiendo) un enfoque de política macroeconómica que ya no estaba a la altura del desarrollo que ha alcanzado nuestro país. Los agentes de mercado ya despertaron y han paralizado el exceso de gasto en forma dramática. Los economistas y autoridades económicas aún nos encontramos sumidos en el sopor del despertar, en ese instante intermedio entre el sueño y la realidad, intentando dilucidar los aspectos reales y los fantásticos, en ese momento en que se duda si volver a cerrar los ojos o enfrentar el día tal cual es. He aquí algunas ideas sobre el debate que se inicia.



Antiguo marco

Investida por la autoridad que confiere la defensa irrestricta de los equilibrios macroeconómicos, nuestra institucionalidad macroeconómica se sustentaba en un paradigma que no tenía los incentivos para adaptarse al acelerado desarrollo y progreso del país en los últimos años. En el ámbito de competencia del Banco Central, se pensaba que el exceso de gasto privado debía contrarrestarse con incrementos cada vez mayores en la tasa de interés de instancia monetaria: el ajuste de 1993 la llevó a 6,5%; el ajuste de 1995 la llevó a 7,5%; el ajuste de 1997-98 la llevó a 8,5% primero y luego a 14%, pasando por tres períodos brutales de experimentación monetaria con tasas simplemente insólitas y una crisis de liquidez que por poco paraliza al país. Una inspección simple de esta secuencia hace pensar que algo no estaba funcionando bien, aún antes de la crisis asiática. Las dos bajas sucesivas hasta un 10% van en la dirección correcta. Pero ¿alcanzaremos un equilibrio macroeconómico sano y sustentable? ¿o bien caeremos nuevamente en la trampa macroeconómica que caracterizó la economía chilena ente 1995 y 1997, es decir tasas altas y tipo de cambio bajo y semi-fijo?. Sin duda que los eventos de 1997-98 no pueden analizarse sin referencia a la crisis asiática. Es preferible, sin embargo, concentrarse en los errores cometidos con anterioridad a la crisis asiática, que ha mi juicio radican en un paradigma macroeconómico que quedó obsoleto.



Sostengo que el exceso de gasto privado no se sustentaba en tasas de interés bajas y por lo tanto el remedio no era elevarlas. Más bien se sustentaba en un seguro macroeconómico impuesto por la autoridad al fijar el tipo de cambio (piso de la banda) con una senda de apreciación y al poner supuestos "resguardos" para evitar los flujos externos que no fueron tales. El sector privado, tanto los consumidores como los inversionistas, entraron en un estado onírico de gasto, hipnotizados por una economía con enorme potencial de crecimiento, pero sin una adecuada apreciación de los riesgos de ser una economía pequeña, dependiente fuertemente del resto del mundo. El gasto privado se sustentó en la enorme entrada de divisas, las que a su vez de debieron a tasas de interés domésticas muy elevadas. Los capitales externos no fueron contrarrestados con la política de control de capitales. El círculo vicioso, disfrazado de círculo virtuoso, era obvio: altas tasas estimulaban entrada de divisas, el tipo de cambio se apreciaba gradualmente por la existencia del piso de la banda, la liquidez tanto en pesos como en dólares junto a las expectativas exitistas estimulaban el gasto y el exceso de gasto llevaba a las autoridades a nuevas alzas de tasas. El déficit crónico de cuenta corriente fue ocasionado por la baja en el tipo de cambio, que a su vez se debió a todo el sistema de señales macroeconómicas no sustentable descrito más arriba, pero que puede identificarse al final con las altas tasas de interés.

¿Tiene alguna importancia en esta situación el tan recurrido tema del gasto público?. No en lo sustancial. No es posible atribuir el exceso de gasto de la economía en estos períodos al gasto público. Los órdenes de magnitud simplemente no cuadran. La expansión a tasas de dos dígitos del gasto privado en 1995 y luego en 1997 no podía ser contrarrestada por una disminución en el gasto público. Lamentablemente esta realidad no se ha reflejado adecuadamente en el debate público, que se ha visto caracterizado por la incapacidad del gobierno de defender su balance presupuestario y por la desproporción con que muchos analistas de opinión le atribuyen al gasto público un impacto que no tiene en la historia macroeconómica de los noventa.



Nuevo Marco

La enorme entrada de capitales ha sido sindicada como la gran causante de nuestros problemas y muchos abogan por mayores controles de capital. Ese es el síntoma, no la enfermedad. Un equilibrio macroeconómico sano para una economía pequeña y abierta es un equilibrio donde los precios relativos y financieros son los adecuados. La tasa de interés interna de corto plazo no puede estar sistemáticamente por encima de la tasa de paridad internacional, la que para Chile debe ser equivalente a UF más 4,5% o 5,5% (tasa real internacional más unos 2% a 3% por riesgo país y cambiario). La tasa de paridad tiene la virtud de desincentivar la entrada desproporcionada de capitales y la compra de activos financieros en UF. Con ella, el tipo de cambio debiera ubicarse en un nivel más adecuado para el largo plazo y para la reducción del déficit en cuenta corriente, que posiblemente se encuentre hoy en el techo de la banda. El Banco Central debiera permitir mayores grados de libertad cambiaria abandonando un enfoque de control de capitales y de banda cambiaria que más parece un placebo que un buen sistema de señales.

En definitiva se propone un sistema de control macroeconómico más libre, menos intervencionista. Se intentó fijar demasiadas variables en el período anterior a la crisis asiática y se acumularon desequilibrios de todo tipo (exceso de gasto, exitismo en las expectativas, descalce cambiario, etc.) Fue el propio desarrollo y sofisticación de nuestra economía el que fue dejando obsoleto el sistema de control macroeconómico y éste no tenía el germen de su propia autocorrección.

Este nuevo marco macroeconómico significará mayores riesgos y fluctuación cambiaria, pero serán los riesgos correctos. El Estado no puede asegurar este riesgo y debe dejar que se refleje en el mercado. Con un mercado cambiario profundo y con instrumentos de cobertura cambiaria disponibles, este riesgo es materia privada y no pública. El instituto emisor debe replegarse a una política estable de acumulación de reservas internacionales, conocida por el mercado, y a una intervención cambiaria adicional poco frecuente y avalada por una desviación significativa del tipo de cambio de los fundamentales de largo plazo. No debe impedirse movimientos permanentes del tipo de cambio asociados a cambios en los fundamentales de la economía.

En este nuevo contexto, el Banco Central debe procurar objetivos macroeconómicos más diversos. No es garantía de estabilidad la consecución de un objetivo macroeconómico univariable como la meta de inflación anual, puesto que en un contexto de mayor volatilidad cambiaria esta variable se controla menos en un año en particular. Ello no quiere decir que deban tolerarse desvíos permanentes de las tasas de inflación internacionales

¿Debe renunciarse al uso de la tasa de interés? Por ningún motivo. Si el gasto privado se excede, el instituto emisor no debe dudar en subir la tasa a desviarla temporalmente de su referencia de paridad internacional. Sin embargo, debe dejarse que el tipo de cambio se ajuste a los niveles que financieramente sean los correctos y que desincentiven una nueva entrada de capitales. Al ajustarse instantáneamente a la baja e internalizar una tasa de devaluación esperada (vuelta al equilibrio) se evita el círculo vicioso de gasto sustentado por entrada de capitales. Si el exceso de gasto es provocado por un exceso de gasto público, es esta la variable que debe ajustarse. El Fisco debe seguir planificando el presupuesto de acuerdo a las condiciones macroeconómicas que lo condicionan.

Tanto el Banco Central como Hacienda pueden realizar una gran contribución en este nuevo marco macroeconómico mediante la entrega de información. No es lógico que hoy no se conozca en forma instantánea la compra y venta de divisas de parte del instituto emisor, la que en ocasiones se realiza en forma oculta con empresas del Estado. Asimismo sería de gran utilidad la entrega detallada y pronta de los datos de la cuenta de capitales. En el caso de Hacienda debe darse pasos sustanciales en la entrega rápida y oportuna, con frecuencia mensual y detallada, de la ejecución presupuestaria. Esto permitiría que los agentes privados formaran sus expectativas en base a datos reales y no en base a rumores.



¿Cuándo?

El fuerte deterioro de la actividad y del gasto continuará hasta mediados de 1999, donde el desempleo puede o no rozar un 10% dependiendo de la velocidad con que se tomen las medidas hacia un equilibrio sano. A juzgar por el actual nivel del tipo de cambio, sin embargo, no es improbable que volvamos a caer en la trampa macro. Tanto el 14% como el 12% y el 10% siguen siendo tasas muy elevadas. La mejor medida de ello es que el tipo de cambio no está en los niveles que se requieren para equilibrar la cuenta corriente y estimular el sector exportador. El Banco Central debe avanzar con rapidez hacia tasas de instancia monetaria de 5% para mediados de 1999, de modo que el tipo de cambio avance hacia niveles entre 500 y 510 pesos por dólar en el mismo período. Asimismo se debe eliminar la banda cambiaria a la brevedad. Lamentablemente, las expectativas que se están formando los agentes del mercado en relación al tipo de cambio sugieren que la probabilidad de la trampa macroeconómica de altas tasas y bajo tipo de cambio no es nula. Para evitarla, la clave está en comprender que, al igual que en política, donde intentamos exportar una democracia "resguardada" que el mundo no comprende, el modelo económico chileno debe enfrentar la globalización con todos sus riesgos y beneficios.




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