Un broche de oro


(Columna el Diario, 13-12-02)

Por: Patricio Arrau P.



Chile lleva décadas con una estrategia de apertura comercial que ha dado impresionantes resultados en los noventa y que este año se consolida definitivamente con los acuerdos de libre comercio firmados con Europa, Corea del Sur y ahora los EE.UU. La mitad del PIB mundial se nos abre para recibir nuestras exportaciones. Se destruye en forma inmediata el escalonamiento arancelario que gravaba injustamente nuestras exportaciones industriales con aranceles muy superiores a los que nosotros tenemos para nuestras importaciones de todo el orbe. Por ejemplo, el sector textil que hoy exporta con aranceles entre 20 y 30% a los EE.UU. se desgrava en forma inmediata, lo que superó con creces las expectativas que había sobre este sector. La excepción a lo anterior son algunos productos agroindustriales, pues debido a la gran eficiencia de nuestra agroindustria, los americanos necesitan 12 años para prepararse a competir. Se consolida en forma definitiva el Sistema General de Preferencia para salmones, frutas y otras especies.

Chile creció fuerte hasta 1997 por sus sólidos fundamentos económicos. Ellos siguen intactos, pero nos empecinamos en inventar que se habían destruido con la crisis asiática. Con frecuencia hemos escuchado en los últimos dos años que Chile no puede crecer más puesto que Europa y los EE.UU. desaceleraron su crecimiento. Ello es falso. Nuestras exportaciones han continuado un crecimiento acelerado, a tasas entre dos y tres veces las tasas de crecimiento los del PIB, puesto que sólo nos basta tomar una pequeña parte adicional de esa gran torta mundial, aunque la torta crezca lentamente. Ahora sí podremos incrementar significativamente la participación en esa enorme torta, lo que asegura que el sector exportador seguirá tirando el carro.

En el acuerdo con los EE.UU. se desgrava en forma inmediata (se estima hacia fines del segundo semestre de 2003) el 87% de nuestras exportaciones, con un 80% de las exportaciones agropecuarias. Hoy 1.900 empresas chilenas exportan a los EE.UU., de las cuales más de 900 son pequeñas y medianas. En 4 años el 94,8% de nuestras exportaciones no pagará arancel alguno. En 12 años todo el comercio estará libre de aranceles, incluidos los productos agropecuarios y agroindustriales que hoy quedan con cuotas. No cabe duda que se consolidarán nuevos sectores exportadores, lo que permitirá a los estadounidenses gozar, no sólo de nuestros vinos, frutas y salmones. En los próximos 4 años las exportaciones de carnes rojas crecerán aceleradamente y en los próximos 12 años, las exportaciones de productos lácteos crecerán a 7% anual, desde una cuota de 3.500 toneladas (quesos, leche en polvo, mantequillas, etc.) lo que representa un mejor acuerdo en este sector comparado con el negociado con Europa. A partir del año 12, se producirá un significativo salto de estas exportaciones al terminarse el período de cuotas y quedar también libre de aranceles. Una mirada al largo plazo asegura la emergencia de un nuevo sector lechero exportador, el que ya emergió el año 2001 con exportaciones a Latinoamérica.

La gestión de la Canciller Soledad Alvear y del equipo liderado por Osvaldo Rosales ha sido descollante. Desde el principio comprendieron la conveniencia de plantearse como país, incluyendo a los empresarios privados y a políticos y técnicos fuera del gobierno. Todos los éxitos y fracasos se explican con facilidad cuando se analiza la gestión que lleva a cabo los planes definidos. Cuando el plan estratégico está mal definido o la estructura de gestión no es la adecuada, el fracaso está asegurado.

El acuerdo de libre comercio de Chile con los EE.UU. es un formidable broche de oro. Ahora depende de nosotros que represente el quiebre definitivo de la visión equivocada que los chilenos nos hemos estado construyendo de nuestro país. Abocarse a forjar los acuerdos amplios que se requieren en la agenda doméstica es el próximo paso a seguir. Se requiere redefinir algunos planes estratégicos y formar los equipos amplios que permitan gestionar y llevar a cabo la agenda. No hay holgura para posiciones rígidas.


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