¿Cómo viene el 2003?


(Columna, Libro del Año 2002,)

Por: Patricio Arrau P.



El tercer trimestre recién pasado la economía creció un desilusionante 1,8% y cerrará el año algo por debajo de 2%. Sin embargo, luego de 5 trimestres de caída, el componente de demanda interna creció 2,6%. Ello es importante, puesto que la economía se encuentra creciendo muy lentamente precisamente por el componente de la demanda interna. Somos los chilenos que no queremos consumir e invertir los que mantenemos nuestra economía en este estado. Los extranjeros vienen demandando cada vez con mayor fuerza nuestros productos. Las exportaciones se aceleraron desde un crecimiento de 6,6% en el año 1999, para crecer 7,5% el 2000 y acelerar aún más a 9,7% el año 2001. Este año crecerán entre 5 y 6%, principalmente por menores exportaciones de cobre, pero se espera una nueva aceleración a valores entre 8 y 9% el año 2003, especialmente por la entrada en vigencia de los acuerdos con la Unión Europea y una recuperación de exportaciones de cobre y otros productos de exportaciones tradicionales. A diferencia de los años anteriores, el 2003 las exportaciones en volumen crecerán con una corrección al alza de los términos de intercambio. Es decir, las exportaciones se mantienen creciendo entre 2 y 3 veces la tasa que crece el PIB, por lo que la reactivación definitiva depende de que se afirme la alicaída demanda interna.

¿Se inicia la reactivación o estamos viendo una nueva partida frustrada? Si el PIB crece menos de 4% el año 2003, como estima la gran mayoría de los analistas, entonces nuestra economía se mantiene con una brecha creciente con el producto potencial o tendencial, estimado en 4,1% por el promedio de economistas convocados por el Ministerio de Hacienda. Ello equivale a seguir en recesión, puesto que a tasas menores a 4% de crecimiento el desempleo no baja y la capacidad ociosa se mantiene. De hecho en varios países, ésta es la definición utilizada de recesión y creo que también es una definición más conveniente para Chile.

En la actual coyuntura hay dos enfoques gruesos. Uno dice que hay que esperar tranquilos que las mejores noticias desde el exterior infundan confianza a los actores domésticos para recuperar la demanda interna. No me parece. Hemos tenido muy buenas noticias desde el exterior, como la mayor demanda por nuestras exportaciones y las tasas de interés del bono soberano más bajas que jamás haya gozado ningún país emergente. En el exterior nos creen, somos los chilenos quienes nos hemos contado demasiadas historias catastróficas de nuestro país, donde la actitud de las autoridades en este respecto ha sido también exagerada.

Llegó la hora de reforzar y liderar en el corto plazo un mejoramiento de las expectativas de los agentes internos. Es necesario mantener la actual política monetaria expansiva, pero cuidar que el “barómetro dólar” no marque una presión desalineada con los verdaderos fundamentales de la economía. Un peso demasiado débil no permite reactivar el consumo, recuperar inventarios e incrementar la inversión, y la labor del Banco Central es clave para ello. No parece prudente girar de 70 años de intervención en el mercado cambiario y de capitales a una total abstinencia invocando un “oráculo” llamado mercado. Prudentes grados de discrecionalidad en el mercado cambiario son necesarios por un tiempo más antes que el mercado pueda funcionar bien en este nuevo entorno de libertad. En el plano fiscal, se mantiene la expansión contracíclica de la regla fiscal, junto a un interesante estímulo interno en inversión de infraestructura vial urbana asociada a las importantes inversiones del Metro en la Región Metropolitana y Merval en la quinta región, que complementan las inversiones privadas de concesiones.

Las exportaciones creciendo fuerte, soportada por las nuevas inversiones en los puertos concesionados, los mejores términos de intercambio y las condiciones mínimas de demanda interna delineadas arriba, hacen posible que la economía chilena crezca un 4% el año 2003. Pero para crecer más rápido, cerrar la brecha con el producto potencial y acelerar la tasa de crecimiento de éste último, se requieren nuevas medidas de reformas estructurales. Continuar los esfuerzos por abrir mercados externos; terminar con los enclaves corporativistas en el sector público, especialmente en salud y educación; posponer alzas innecesarias de impuestos mientras tengamos empresas públicas privatizables; flexibilizar la ley laboral; eliminar los impuestos que gravan la inversión y el ahorro y promover competencia en el sistema financiero y de capitales, eliminando rentas y barreras de entrada, figuran como medidas prioritarias para retomar tasas de 7% por al menos otra década. Ya nos perdimos la oportunidad de ser un país desarrollado para el bicentenario de la Junta Nacional de Gobierno que marcó nuestra independencia, pero al menos apuntemos a lograrlo para el bicentenario del Abrazo de Maipú y el fin de la Reconquista.


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