Año económico 2014 y perspectivas 2015


(Columna de opinión Pulso, 4 de febrero de 2015)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



Las claves económicas del año 2015 son muy distintas a las claves económicas con las que partió el año 2014. Entonces la Presidenta Bachelet había arrasado en las elecciones presidenciales y la Nueva Mayoría había ganado ambas cámaras. Se entendía que el nuevo gobierno venía con un fuerte discurso de cambio, especialmente en la educación, para lo que se requería importantes nuevos ingresos fiscales, así como ajustes importantes a la constitución. Sin embargo, para la mayoría de los observantes externos era evidente que la historia económica post dictadura había sido demasiado buena como para que fuera recomendable discontinuar radicalmente lo que se venía haciendo. El año 2014 partió con señales de desaceleración cíclica el normales el 2013 después de que los años 2010-2012 el país creciera rozando el 5%. Adicionalmente se venía agotando el fuerte ciclo de inversiones mineras y las estimaciones de crecimiento para 2014 estaban centradas en 4%. Las proyecciones de la economía internacional venían mejores que el año anterior, especialmente para nuestros socios comerciales. Se esperaba que el nuevo gobierno pudiera articular adecuadamente las demandas sociales con el crecimiento económico. Si crecimos 1,7% el año 2014, el lugar del 4% estimado, fue principalmente por el nuevo factor interno que apareció en escena. El gobierno adoptó una versión refundacional sobre sus reformas y eso no estaba en el horizonte a principios del año 2014. Los llamados a pasar la retroexcavadora a los cimientos del modelo no fueron el problema, puesto que esos llamados siempre han estado presentes en el sector estatista y autoflagelante del bloque gobernante. La sorpresa fue la forma en que el gobierno impulsó sus reformas. El estilo concertacionista de los acuerdos amplios fue definitivamente sustituido por la imposición de las mayorías en el Congreso, para con formas particulares a las reformas que encontraron una gran oposición. Primero fue la reforma tributaria, donde el equipo económico subestimó brutalmente el impacto de las expectativas en el crecimiento al intentar en primera instancia pasar la aplanadora con una reforma con errores técnicos incomprensibles, una reforma literalmente inviable administrativamente, crispando lo ánimos de tal forma, que se echó encima prácticamente toda la intelectualidad de este país en esa materia. No tuvo más remedio que buscar un acuerdo, que dejó nuestro sistema con una complejidad que deberá enmendarse en los próximos años. Lo que parecía un cambio de estilo y vuelta a los acuerdos no fue tal. La reforma educacional terminó siendo una imposición radical que rompe con la historia de nuestro país, adoptando hipótesis no testeadas, sin consenso técnico, respecto al impacto del copago, el lucro y la selección. Se terminó quebrando radicalmente con la historia mixta pública-privada de nuestra educación para el 93% de los chilenos, y paradójicamente, se dejó al 7% superior con total libertad de la enseñanza, produciendo una odiosa segmentación en el sistema. Simplemente inexplicable. Y de calidad todavía no empezamos a conversar. No cabe duda que estas dos reformas producen tal impacto en las expectativas, que explican el colapso de la inversión privada y buena parte del menor crecimiento hasta el 1,7%, en 2014. El año terminó con una mala y una buena noticia. La mala es que finalmente el gobierno se inclinó por una reforma laboral que fortalece los sindicatos del sigo XX, cuando necesitamos la flexibilidad y adaptabilidad permanente a las nuevas tecnologías que requiere la empresa y el capital humano del siglo XXI. La buena noticia es que quedó en evidencia la excelente gestión del Ministerio de Energía, que logró revertir las alzas de precios a los usuarios y está sentando las bases para dejar atrás la crisis energética y de inversiones en el sector. Mi reconocimiento al ministro Máximo Pacheco.

El año 2015 estará determinado por las señales que del gobierno respecto a la mantención de este estilo aplanadora. El nuevo gabinete será esa señal. Si no hay cambio o el cambio es cosmético desde el punto de vista de abandonar el estilo actual de hacer reformas, es probable que la economía crezca entre 2,5% y 3%, considerando medio punto extra por la caída del precio del petróleo y el positivo efecto de alza del tipo de cambio en los sectores transables. Es muy superior para la economía chilena la actual combinación de precios del cobre, petróleo y tipo de cambio, que la anterior, que dejaba a las empresas del sector transable en desmedrada situación. Si hay un abandono del estilo aplanadora, la economía puede repuntar fuerte el segundo semestre y podemos crecer entre 3% y 3,5% en el año. El factor expectativas, tan subestimado por las actuales autoridades, es mucho más poderoso de lo que se imaginan.

Quizá, dado que la actual, incluido ya una mejor proyección por la caída del pecio del petróleo. Quizá, dado que la actual combinación precio pr2,5 y 3%, todavía lejos



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