Dos recetas para el momento económico


(Columna La Tercera, 24-03-03)

Por: Patricio Arrau P.



Incertidumbre y expectación son las principales sensaciones y estados de ánimo que nos embargan en este momento respecto a las perspectivas de la economía chilena. Vienen con el inicio de la guerra en Irak y el gran ámbito de situaciones posibles en las semanas próximas. Desde una toma rápida y de bajo costo en vidas de Bagdad, hasta la prolongación inesperada de la guerra con el eventual uso de armas de destrucción masiva.

Que duda cabe, el impacto directo en nuestros bolsillos a la hora de llenar el estanque de gasolina o de abordar la locomoción colectiva es evidente. Sin embargo, ese efecto directo, donde Chile aparece como uno de los países más afectados de Latinoamérica por su condición de importador neto, no debe sobrenfatizarse. La economía puede verse muy afectada o pasar con un menor impacto el período de guerra, pero la magnitud de efecto no se juega en el dominio del precio de la gasolina o de la locomoción colectiva. Correcta es la decisión de no desperdiciar recursos públicos para aminorar este efecto. Como en muchas otras ocasiones en los últimos tres años, el principal efecto de la guerra en la economía nacional depende de cómo los chilenos enfrentemos el momento.

La guerra nos encuentra con signos incipientes de recuperación de la economía nacional. Es muy probable que el primer trimestre de 2003, que termina en estos días, marque un tercer trimestre consecutivo de crecimiento de la demanda interna luego de cinco trimestres anteriores de caídas. El consumo doméstico ha mostrado signos de recuperación en respuesta al impulso monetario, al relajamiento de la restricción de crédito de los bancos y a signos de recuperación del empleo. El empleo crece en 12 meses y la velocidad de crecimiento se aceleró en el último trimestre móvil disponible. El empleo del trimestre móvil que termina en enero es 180 mil empleos mayor que el trimestre móvil que termina en octubre pasado donde la estacionalidad no explica toda esa magnitud. El crecimiento en el empleo en construcción y comercio es signo de recuperación interna. Las importaciones también se mantienen al alza en volumen, es decir por encima del incremento de los precios en dólares.

Como en varias otras ocasiones esta incipiente recuperación puede abortarse y como en varias otras ocasiones las variables internas y las externas competirán entre sí para llevarse el trofeo de la explicación más certera. La primera receta para el momento económico es comprender que las claves de nuestra recuperación son internas. Es el consumidor doméstico el que está reaccionando a los estímulos domésticos de la economía. No nos cansamos de repetirlo. La economía chilena entró en recesión en 1998-99 por la abrupta caída del gasto doméstico inducido por el mal manejo interno (monetario y fiscal) de una severa crisis externa. Los intentos de recuperación que se han presentado desde entonces han sido partidas falsas porque no hemos sabido actuar en concordancia con las potencialidades de la economía chilena para enfrentar las noticias externas. No estamos sosteniendo que no haya existido la crisis asiática primero y la explosión de la burbuja tecnológica del año 2000 en los EE.UU. No ignoramos la existencia de la crisis Argentina y posterior brasileña. No ignoramos el ataque a las torres gemelas y la existencia hoy de una guerra que puede tener muy serias consecuencias. Todos estos eventos tienen impacto en los fundamentos de cualquier economía, pero estas son explicaciones demasiado buenas para ser ciertas. Estamos peor de cómo debiéramos estar por la forma en que hemos reaccionado a estas noticias. El exceso de énfasis en las variables externas es una especie de mal endémico de los actores económicos, tanto públicos como privados. Pero el mal no es genético y puede mejorar. Comprender que las claves de la recuperación son domésticas nos lleva a no enfatizar las variables externas, sino reforzar las domésticas. Esa es la primera receta. La economía chilena puede seguir el curso de la recuperación si se refuerza en el discurso la parte llena del vaso y reafirmamos la confianza de que ello es posible.

La segunda receta es no introducir temas que dividen y generan pugnas entre los actores económicos que tienen en sus manos la recuperación. Nos referimos especialmente al debate que pende sobre nuestras cabezas hasta noviembre próximo: “…o subo el IVA o tengo que reducir el gasto social de los más necesitados”. Ese debate es innecesario porque no son las únicas alternativas. En estos momentos el país puede encontrar un nuevo consenso para pasar la coyuntura fiscal del año 2004, aunque ello represente un desvío temporal de las convenciones que hoy guían la política fiscal. Hay importantes signos que cruzan el espectro político y social que indican que ello es posible. La emergencia mundial amerita reaccionar internamente con flexibilidad para encontrar una mejor combinación de política, de amplio consenso. Aunque parezca difícil, la economía chilena puede crecer en medio de la guerra. Depende de nosotros.


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