Vittorio Corbo y dos corolarios


(Columna el Diario, 10-04-03)

Por: Patricio Arrau P.



Simplemente júbilo. Esa es la primera sensación al momento de escuchar la propuesta del Presidente de la República para llenar el puesto dejado por Carlos Massad en la conducción del Consejo del Banco Central. Es el júbilo que se siente cuando uno ve un hecho que representa el fin de un conflicto, de una guerra, un verdadero “giro copernicano” que lo remueve todo. Júbilo también sentiremos con el fin de la guerra en Irak y el principio de una reconstrucción y nuevos tiempos para la gente de ese sufrido país. El júbilo no viene porque la guerra la ganó la “derecha neoliberal” como se escucha por ahí. Viene porque su designación representa la definitiva consolidación de nuestro último invento institucional. El Banco Central autónomo ha sido un gran acierto y Vittorio es la mejor elección disponible para conducirlo por los próximos cuatro años.

Es la mejor elección no sólo por su impresionante trayectoria personal. Una historia que parte en Iquique y sus liceos fiscales y llega a la crema del mundo, codeándose con los más grandes economistas y hombres públicos del planeta. No sólo porque Vittorio es un incansable formador de jóvenes. Los toma en sus cátedras y deja a sus mejores alumnos en la que es posiblemente, sino la mejor, una de las mejores escuelas de economía del mundo, el reputado M.I.T. Allí es difícil entrar sin la carta de recomendación de Vittorio. Una persona sencilla. Vittorio habla un inglés con intencionado acento latino por simple humildad. Pero principalmente, es la mejor elección porque cumple tres requisitos que son indispensables para una buena gestión del Instituto Emisor en los años que vienen: entrega confianza al sector privado de que sabrá mantener la autonomía frente a presiones políticas, entrega confianza al Ministro Eyzaguirre de que podrá coordinarse adecuadamente con Hacienda y entrega confianza a sus pares en el Consejo de que podrá conducir la institución en el día a día en forma más colegiada, dejando atrás la conducción monolítica del Presidente del Consejo. Se habla poco de este último requisito, pero es de gran importancia para consolidar la institucionalidad autónoma del Banco Central. Un profundo reconocimiento al Presidente Lagos y a su Ministro de Hacienda por esta gran señal de unidad que alivia. Es altamente probable que Vittorio reciba un apoyo abrumador en el Senado, aún mayor que Massad y De Gregorio, las últimas dos designaciones concertacionistas en gobiernos de la Concertación.

Dos Corolarios

El primer corolario de esta designación es que se puede retomar la iniciativa interna con buenas decisiones. Nuestro destino está a nuestro alcance y depende de nosotros. No se encuentra en los vaivenes de la guerra o en la decisión de consumo de los estadounidenses. Marzo será un mal mes, contrastando con el primer bimestre del año, no porque se inició la guerra en Irak, explicación preferida, sino porque nos equivocamos internamente en el manejo de la crisis Corfo-Inverlink. Esperemos que la onda expansiva de restricción a las pequeñas empresas, a los pequeños consumidores y a las pequeñas instituciones que estaban prestándoles dinero se quede sólo en marzo y que abril sea el mes de la “señal Corbo”. El segundo corolario, es que una vez que el Presidente y su Ministro de Hacienda se convencen de una decisión, por muy extravagante que parezca, nada puede detenerlos. Siempre me han parecido inverosímiles las explicaciones de los medios respecto a que el Presidente está paralizado por los partidos políticos. Nada más alejado de la realidad. Por ello es tan importante identificar, en un debate amplio, nuevas decisiones que puedan seguir cambiando el escenario, nuevos “giros copernicanos”. Es definitivamente necesario abrirse a nuevas alternativas para cuadrar las cuentas fiscales del año 2004. Los gastos comprometidos con los más necesitados no pueden estar sobre la mesa, las formas de financiarlos sí. El criterio es el mismo que el que llevó a designar a Corbo. Remoción de esquemas añejos. No hay acuerdo respecto al paquete de financiamiento de la salud actualmente en el Congreso. Ni los legisladores, ni los partidos, ni los técnicos le han dado su aval. Si nuevas alternativas requieren modificar transitoriamente las definiciones de política fiscal, que así sea. Nada más progresista que enajenar activos físicos y comprar capital humano. Dotar a la gente de salud y educación es entregar capital humano. Hacerlo desde un fondo de activos prescindibles asegura que sólo se gasta lo que hay en el fondo, no más. Planificar la política fiscal de los próximos 30 años es una carga excesiva para el momento, pues quedan sólo tres. Convenir ampliamente un programa de finanzas públicas diferente para estos tres años es perfectamente posible. También es vendible nacional e internacionalmente. Nada enaltece más a un tomador de decisiones que saber cambiar de plan estratégico en el momento justo.


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