Nuevas proyecciones macroeconómicas


(Columna de opinión Pulso, 2 de septiembre de 2015)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



El día de ayer el presidente del Banco Central dio a conocer el Informe de Política Monetaria que corresponde entregar en septiembre y modificó severamente sus proyecciones de crecimiento en comparación a las proyectadas hace tan solo 3 meses atrás. En efecto, ahora la estimación central de crecimiento estimada para este año 2015 es solo 2,25%, medio punto menor que el punto medio estimado en junio recién pasado que era 2,75. Sin embargo, es interesante notar que el Instituto Emisor redujo la amplitud de su rango estimado desde un punto porcentual a solo medio punto porcentual. En efecto, el nuevo rango entre 2,0% y 2,5% deja fuera a quienes han estado previendo un crecimiento inferior a 2% para este año, algo que me parece extremadamente improbable y bastante catastrofista. El segundo trimestre de este año será el más bajo del año, con un 1,9% de crecimiento y comparto la opinión de que los escenarios futuros deben considerar un mejoramiento gradual de las expectativas empresariales y de los consumidores, aunque desde los muy bajos niveles en los cuales se encuentre. Las expectativas internas siguen siendo la variable crítica que tiene a la economía chilena creciendo a tasas muy inferiores a lo que debería estar creciendo Chile. Nos hemos acostumbrado desde hace varios IPOM atrás a proyectar el crecimiento de nuestros socios comerciales muy por encima de lo que proyectamos el crecimiento de Chile, lo que es otra forma de ver la importancia de la variable crítica interna: las expectativas por el suelo. Aunque el Banco Central reduce la estimación para este año de nuestros socios comerciales desde 3,7% a 3,4%, es definitivamente triste ver que nuestra economía crece más de un punto por debajo del crecimiento de los socios comerciales.

Lo anterior no pretende negar el empeoramiento de las condiciones externas. Qué duda cabe que un menor crecimiento en China o Latinoamérica nos afecta. Simplemente corresponde poner ese efecto en perspectiva. Chile crecía más que sus socios comerciales y que el resto del mundo; se encontraba hasta 2013 en proceso de “catch-up” como se dice en jerga técnica, es decir, pillando o acortando la brecha de ingreso per cápita con los países de mayor desarrollo. Dejamos de hacerlo hace 18 meses y ello es definitivamente frustrante. Pero la economía es un sistema cíclico, tiene su vuelta al crecimiento tendencial, su propia “ley física”, por lo que tampoco corresponde irse en el efecto manada y ponerse a predecir un crecimiento por debajo de 2% para este año, ni menos recesión para el próximo año. La velocidad de recuperación de la economía chilena, desde el 1,9% del primer semestre, depende, insisto, de la velocidad a que se reviertan las expectativas negativas. La corrección de la reforma laboral hacia lo mínimo aceptable, es decir el reemplazo interno, y reabrir la conversación sobre una reforma a la reforma tributaria que zanje el tema definitivamente parecen centrales. La mínima corrección propuesta por el ministro de Hacienda a la reforma tributaria no cierra el tema. Las empresas necesitan saber con claridad cuanto deberán aportar al erario nacional en el mediano plazo para proyectar su inversión.

Aunque en su informe el presidente del Banco Central da una larga vuelta respecto a la inflación por arriba del 4%, finalmente llega a lo obvio. En condiciones de muy débil demanda interna, la inflación generada por la fuerte depreciación cambiaria no es inflación de la misma preocupación que la generada por presión de demanda. Es transitoria. La tasa de política monetaria seguirá en 3% por el resto del año y las expectativas inflacionarias se encuentran ancladas en 3% en el horizonte de proyección de 2 años. No hay motivo para alarmarse de ella. La demanda interna se proyecta que crece solo un 2% este año, con una notable reversión de la tasa de crecimiento estimada para la inversión, desde un 1,3% positiva en la proyección de junio a un -1,7% en la proyección de ayer.

Confieso que esperaba una más rápida reversión de las expectativas empresariales cuando se produjo el cambio de gabinete el 11 de mayo recién pasado. Fue demasiado categórico y significativo el cambio de personas, lo que señaliza un giro importante. Pero la inercia política es un peso muerto, que hace difícil el giro aunque éste sea leve. La dupla ministerial se diluyó en un cuarteto tironeado, lo que trasciende y mantiene la confusión. Viene una importante señal antes que termine este mes con la Ley de Presupuesto, donde se espera una señal de austeridad en el gasto para dar espacio al sector privado que llene el espacio. Estima que el ministro de Hacienda ha debido sobregirarse un poquito en los temores de la desaceleración y las alarmas con los nuevos vientos en contra que se observan del exterior para lograr mover el rumbo hacia la moderación aunque sea levemente. ¿Creceremos más cerca de 2% o más cerca de 2,5%?. El indicador líder para responder esta pregunta serán las encuestas de expectativas empresariales en las próximas semanas y meses.



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