Financiamiento de estudios superiores


(Columna La Tercera, 26-05-03)

Por: Patricio Arrau P.



Los estudiantes universitarios de las 25 universidades del Consejo de Rectores parecen estar en pie guerra. Son varios los incidentes que han ocasionado en las últimas semanas diversas movilizaciones estudiantiles a lo largo de todo el país. Es evidente que existe una crisis originada en la falta de recursos para financiar la educación superior que crea ansiedad y desesperación en muchos jóvenes, aunque aquellos jóvenes encapuchados que empuñan bombas molotov y las lanzan en contra de carabineros a vista y paciencia de todos los chilenos frente a sus televisores, no sólo no califican para obtener recursos públicos, sino que deben ser extirpados de las universidades y de la sociedad. Tolerancia cero con ellos.

Pero volvamos al tema central de la columna. Hemos elegido un sistema universitario mixto y descentralizado que ha logrado incrementar significativamente la matrícula de educación superior. Universidades e institutos tradicionales compiten hoy con universidades e institutos privados para atraer a sus aulas a los mejores chilenos del mañana en el mundo laboral, empresarial, académico y de servicio público. El aporte estatal en el financiamiento de la educación superior está plenamente justificado cuando constatamos que es un desperdicio social y humano que un joven talentoso no pueda estudiar por restricciones económicas. Hay pocos proyectos públicos más rentables que apoyar a ese joven a su formación universitaria. Pero los recursos no son infinitos y por ello adquiere especial relevancia el monto y diseño de financiamiento de educación superior que pongamos a disposición de esos jóvenes. En materia de diseño seguimos en deuda. Dos son los errores de diseño que permanecen.

La generación de mis padres estudió gratuitamente financiados con los impuestos de todos los chilenos. Corrección, una selecta y muy reducida elite de la generación de mis padres que logró acceder a la universidad tuvo esa chance. La gran mayoría quedó en el camino ante una excesivamente empinada pirámide selectiva educacional. Afortunadamente abandonamos ese diseño hace mucho tiempo atrás. Ese paso ha permitido la apertura de la educación superior a un creciente número de jóvenes. Al poner el foco en la responsabilidad del individuo dimos el primer paso que posibilitó el explosivo crecimiento de la matrícula de la educación superior que quedó en evidencia en el último censo nacional.

Mi generación debe pagar crédito fiscal para que la rueda de creación de capital humano pueda continuar hacia el futuro. Sin embargo, menos del 50% de los créditos universitarios se recuperan. Según datos del Ministerio de Educación, el total de los créditos entregados vigentes en el sistema ascienden a $ 500 mil millones, de los cuales $ 270 mil millones corresponden a deudas morosas. Por ello debemos hacer de vez en cuando una reprogramación de deudas con el propósito de condonar parte de esta deuda, intereses o multas a cambio de obtener alguna recuperación adicional. Lo hicimos a principios de los noventa y lo acabamos de hacer nuevamente. Sin embargo, no hemos podido avanzar demasiado para corregir el primer error de diseño que mantiene el fondo de crédito universitario con una recuperación inferior al 50%. De cada peso entregado a los estudiantes universitarios como crédito universitario, la mitad es una transferencia o subsidio y la otra mitad es un préstamo de verdad. Si queremos ejemplos de una mala focalización del gasto público, este ejemplo califica en forma magnífica.

El Estado es la única institución que puede recuperar el crédito universitario con mínimo costo a través de su recaudador de fama mundial: el Servicio de Impuestos Internos (SII). Todos los créditos futuros deben concederse con la condición de que el SII recaudará este crédito en forma automática cuando el estudiante favorecido obtenga ingresos en el futuro. Ello debe hacerse para todos los estudiantes de educación superior que califiquen para apoyo estatal, sean estos de las universidades del Consejo de Rectores o universidades e institutos de educación superior privados. La discriminación entre instituciones públicas y privadas es otra distorsión que no ha podido ser eliminada. Enfrentar a las dirigencias estudiantiles de las universidades del Consejo de Rectores que se oponen a estos elementos de diseño no puede ser evadido.

El segundo error de diseño dice relación con la fuente de los futuros recursos. Hay una brecha entre los recursos disponibles y el crecimiento exponencial de la matrícula de educación superior. En esta parte los estudiantes tienen la razón al movilizarse. En el último tiempo se han buscado diseños para que los créditos sean concedidos por privados, es decir por AFP y bancos. Sin el aval del Fisco el crédito será concedido a tasas de interés demasiado elevadas y el sistema fracasará a poco andar. El aval de las instituciones universitarias no sirve. Entregar el aval estatal es idéntico a conceder el préstamo en forma directa. Esto último es superior al aval por cuanto ahorra los costos de intermediación de las instituciones privadas. ¿Y de donde sacamos los recursos públicos?. No existe mejor política pública hoy que devolver el patrimonio acumulado en empresas públicas para invertir esos recursos en el capital humano del Chile del futuro. Invertir ese ingreso “por una vez” para incrementar también “por una vez” el stock de recursos disponibles con un diseño que garantice la recuperación de los créditos no es “pan para hoy y hambre para mañana”, es riqueza y movilidad social para muchos chilenos que de otro modo no tendrán la chance de realizar la parábola de los talentos.


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