Se viene un necesario debate ideológico


((Columna de opinión El Líbero, 15 de octubre de 2015)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



Durante el año 2014, especialmente desde que sale a la luz la reforma del sistema de educación subvencionada que elimina el copago, el lucro y la selección, quedó claro que el segundo gobierno de la presidenta Bachelet no venía solo a realizar un conjunto de nuevas políticas públicas más radicalizadas hacia los sectores de izquierda de la coalición. No era un tema de matices y cambio dentro de una coalición ampliada a la izquierda. Se trataba de todo un nuevo paradigma ideológico que rompía drásticamente con lo que hemos venido construyendo en Chile los últimos 25 años. Ese "otro modelo" denunciaba que lo realizado en todo este tiempo era una mera continuación del neoliberalismo pinochetista, ingenuamente prolongado por los líderes de la ex Concertación, en beneficio de los poderosos de siempre; que los padres no debían tener la libertad para elegir el colegio de sus hijos o compartir su costo con el Estado, puesto que ello creaba creciente segregación escolar; que la gente pedía a gritos en la calle un cambio radical al sistema mixto de provisión de educación y salud que ha caracterizado a Chile en toda su historia, para ser reemplazado por una sociedad de derechos sociales garantizados desde el Estado, a todos por igual, en un nuevo régimen de lo público, dicotómico o bifurcado de lo privado, dirigido por cierto por nuevos hombres públicos, amistosos y llenos de afecto por sus compatriotas, donde el fin último de su accionar es la igualdad social, al contrario de sus opuestos hombres privados, cuya sed por el lucro no hace más que profundizar la desigualdad. Toda una receta para un quiebre social que puede ser evitado.
La nueva ideología no fue parte del debate en la campaña presidencial. Pasó colada, sin deliberación pública. Empezó a develarse en las reformas del gobierno. La gratuidad universal en educación superior no es más que otra expresión de esta nueva concepción neo socialista o neo estatista, que prefiere incrementar los impuestos a los ricos y regalar la educación superior a los hijos de los ricos, puesto que así se controla a las instituciones de educación superior desde el Estado, su gobernanza, su autonomía, todo por el fin último de la igualdad, todo en el contexto de los derechos sociales garantizados. El apoyo estatal centrado en el estudiante vulnerable se desvía a la negociación directa con la institución superior y su aceptación de este nuevo paradigma. La reforma sindical de la CUT pasó a ser también la reforma oficial del nuevo régimen que permite extraer esas abultadas utilidades de los empresarios y distribuirlas a los mal pagados trabajadores.
El debate ideológico que se viene no es más que la consecuencia del fracaso de ese otro modelo. El fracaso se refleja en primer lugar en que una vez más se niega la historia. Los iluminados ideólogos de este nuevo régimen nunca han podido asociar por ejemplo que el extraordinario crecimiento económico desde principios del siglo XVIII en adelante coincide exactamente con esa maravillosa Revolución Gloriosa de fines del siglo XVII en Inglaterra que puso fin a la monarquía absolutista, el último paso de varios anteriores para limitar el poder del Soberano. La libertad individual y el imperio de la ley desencadenan la creatividad y la realización personal y han estado siempre en la base de los procesos exitosos, que también han generado sociedades inclusivas. Los excesos del Estado para distribuir igualdad han estado siempre en la base de los procesos fracasados, generando frecuentemente sociedades extractivas donde es frecuente observar nuevos soberanos populistas aboliendo el imperio de la ley en su favor y manipulando a su gente. Estos iluminados tampoco han podido dar en el clavo con los impuestos, pues ignoran que la sociedad moderna, globalizada, cambia aceleradamente e impone serias limitaciones al nivel y optimalidad de los impuestos que es posible imponer si es que se quiere competir como nación en el nuevo mundo del conocimiento. En este sentido, la idea de la gratuidad universal, una de las peores en el Chile moderno, no sólo es un despilfarro de recursos públicos, sino que impone serias limitaciones de oferta a nuestro país para competir en el mundo, al exigir altos impuestos a las empresas.
Hay preocupación transversal por los destinos que puede tomar el país. Así el nuevo debate ideológico que se viene no es más que el viejo debate para compatibilizar los valores de la libertad, la justicia y la igualdad, como respuesta al fracaso del experimento de estos 18 meses. Cómo se crean y fortalecen las instituciones, los mercados y los sistemas de distribución de recompensas que desencadenan procesos exitosos e inclusivos de crecimiento y nos alejamos de los peligrosos bordes del estancamiento y el conflicto social populista. Desde diversos centros de estudios proliferan los libros y se organizan grupos de trabajo de liberales Hayekianos, liberales Rawlsianos, socialcristianos, socialdemócratas y socialistas. Los ciudadanos merecemos conocer el trasfondo ideológico que inspira los diversos programas de gobierno y los lineamientos que orientan a nuestros dirigentes. La propuesta institucional de cambio constitucional a través del Congreso que eligió la presidenta Bachelet es una oportunidad para discutir de frente, mirándonos a los ojos, debatiendo sin máscaras, con respeto y responsabilidad, para ganarse la confianza de la ciudadanía. El próximo Congreso legitimado, con nuevas reglas de la política, es un campo privilegiado para enmendar rumbos, pero hay que llegar bien a ese Congreso, focalizando lo acuerdos y las fuerzas centrípetas. Chile tiene la posibilidad de recuperar nuevamente la solidez institucional que lo ha caracterizado los últimos 25 años. Solo depende de nosotros.


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