¿Podemos debatir un nuevo Proyecto en la Concertación?


(Columna La Tercera, 22-09-03)

Por: Patricio Arrau P.



La Concertación de Partidos por la Democracia encarnó a fines de los ochenta, en primer lugar, la vuelta a la democracia. No tenía un proyecto económico muy definido. Heredó un modelo económico que le disgustaba, con un muy alto nivel de deuda interna generada por la crisis bancaria de los ochenta, sin acceso a los mercados internacionales y con la necesidad de renegociar la deuda externa que no podía ser pagada como estaba estipulado, con una infraestructura vial incapaz de soportar varios años de crecimiento. Existía un “área rara” en la economía, que se reflejaba en que los principales bancos del país tenían una enorme deuda con el Estado, pero que no se pagaba como deuda, sino como si el Estado tuviese una participación accionaria en esos bancos que por cierto no tenía. Existían a su vez serias dudas respecto a la conveniencia de un Banco Central autónomo, que además inauguró su nueva institucionalidad a fines del Gobierno Militar con un incremento muy significativo de las tasas de interés con el fin de frenar una economía sobrecalentada que amenazaba con llevar la inflación al 30%. A esos serios problemas de “estructura” se sumaba un gran problema de fondo: el país arrastraba una enorme deuda social que se reflejaba en muy bajos salarios y calidad de servicios en el sector público, salud y educación y en enormes expectativas de un mundo sindical, entonces muy bien representados por un gran líder, que aspiraba a salir aceleradamente de un largo período de desempleo que mantenía al 45% de la población bajo el nivel de pobreza.

Trece años después el país es otro. La deuda pública externa e interna suma menos de la mitad de los que sumaba a principios de los noventa como porcentaje del PIB. Los papeles chilenos se transan a los niveles de tasa de interés más bajas a los que pueda aspirar un país emergente. La banca volvió a una estructura accionaria “normal”. El Banco Central autónomo es modelo institucional en todo el mundo y la inflación se encuentra en los niveles internacionales. La infraestructura vial está notablemente mejorada y la pobreza se ha reducido a menos del 20% de la población. Amplios sectores de chilenos han tenido acceso a un nivel de vida y de bienes que no podían soñar siquiera hace trece años. El país ha consolidado una estrategia de apertura comercial hacia el exterior firmando sendos acuerdos de libre comercio con los principales bloques comerciales del mundo.

Ese gran proyecto que fue consolidar el retorno a la democracia fue guiando las decisiones económicas en los primeros años, aún en un modelo inicial que disgustaba. Sorprendida por el crecimiento económico y la relativa mayor abundancia de recursos en el Estado, se fue asentando la aceptación del modelo de mercado, aunque había que ponerle el apellido “con equidad” para diferenciarlo. La búsqueda de una más rápida distribución de ingreso tensionó a los líderes de la Concertación a mediados del Gobierno de Eduardo Frei. Mientras unos deseaban profundizar el modelo de mercado con nuevas reformas que reimpulsaran nuevamente los motores de la generación de riqueza y empleo desde el sector privado, otros daban por hecho dicho resultado, como caído del cielo, y se abocaron a buscar una mayor distribución. El Gobierno del Presidente Lagos ha intentado administrar esta tensión interna en la Concertación: reforma laboral y más concesiones viales; disciplina fiscal y paralización de la privatización de las sanitarias; apertura comercial e impuestos. Pero para que efectivamente el “Crecimiento con Equidad” conduzca a un “Chile mucho mejor”, se requiere de un nuevo proyecto económico, quizá el primer proyecto económico de la Concertación. Ese proyecto requiere sacar la mirada del Estado como productor de bienes y servicios y de las transferencias financiadas con impuestos para eliminar la pobreza en Chile. Este proyecto debe estar muy conectado con las claves del crecimiento en el nuevo mundo de hoy, altamente competitivo y basado en nuevas tecnologías de información y del conocimiento. El nuevo sindicalismo necesita exigir capacitación y educación para adaptarse a este nuevo mundo, abandonando la reivindicación salarial y la inamovilidad laboral. Un nuevo entorno económico de la iniciativa privada requiere serias modificaciones de la estructura tributaria y regulatoria, una administración pública nueva, eficiente, que entienda su función como facilitadora de la creación de riqueza privada y no competidora. Promotora de nuevas generaciones de empresarios privados para desafiar lealmente antiguos monopolios y carteles económicos. Forjar una nueva alianza público-privada para la educación y salud de los chilenos, lo que requiere definitivamente la salida de los actuales grupos corporativos que controlan dichos sistemas. El ingreso se distribuye dotando a la población del conocimiento para triunfar en el nuevo mundo. Estimular el capital de riesgo y nuevos polos tecnológicos, nuevos polos de exportación de productos industriales como lácteos y carnes, conectados con esta nueva realidad, requiere de un conjunto de profundos cambios de concepción económica aún ajenos a la Concertación. ¿Cómo se da paso al debate de este nuevo proyecto en medio del gobierno del Presidente Lagos? Esa es la gran disyuntiva de la Concertación.


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