¿Atrapados en el binominalismo presidencial?


(Columna de opinión La Tercera 15 de octubre de 2016)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



El próximo año tendremos la primera elección presidencial y parlamentaria sin el sistema binominal, es decir, sin el sistema que obliga a que se constituyan dos bloques políticos. El sistema binominal ayudó sin duda en los primeros años de la recuperación de la democracia, cuando los dos bloques políticos se miraban de frente, tenían la capacidad de negociar y consensuar una reforma tributaria, una reforma laboral y avanzar en la eliminación de los enclaves autoritarios que venían desde la dictadura. En aquellos años se eliminaron los senadores designados, desde el ejercicio de enlace hasta ese ridículo servilletazo se subordinó a los comandantes en jefe de las fuerzas armadas al poder civil, y todo ello en un contexto de crecimiento económico e impresionante mejoría en la calidad de vida para miles de chilenos.

Junto con el agotamiento del sistema binominal se fue deteriorando la clase política y la calidad del debate público. Las rencillas internas al interior de cada bloque fueron reemplazando la mirada larga de futuro. Surgió el oportunismo de corto plazo y la ambición por aferrarse al poder. Asimismo, demoramos demasiado tiempo en levantar los velos de los abusos de empresas privadas. Errores de políticas públicas como el Transantiago, la falta de supervisión y fiscalización en el sistema escolar subvencionado y la aparición de un sistema discriminatorio en el financiamiento de la educación superior, con tasas y condiciones diferenciadas, terminó por hartar a la ciudadanía que se movilizó fuertemente el año 2011. En ese contexto, y con un error de diagnóstico garrafal, emerge la ilusión de cambiarlo todo, de rediseñar y refundar el país, ya no en forma consensuada y negociadamente, sino a rajatabla. El país se detuvo y el desencuentro político es hoy el pan de cada día. Sin precedentes en nuestra historia reciente completaremos el año 2017 cuatro años creciendo por debajo del resto del mundo.

Afortunadamente, el sistema binominal ya no existe y por lo tanto tenemos la oportunidad como sociedad de resolver este desencuentro en forma democrática en las elecciones del año 2017. Lamentablemente aún no vemos la salida al trance heredado del binominalismo. La clase política sigue actuando como si siguiera vigente el sistema binominal, como si existieran sólo dos bloques en la política chilena. El ex presidente Piñera, por una parte, aparece como el candidato seguro del bloque de oposición, y en el actual bloque gobernante el ex presidente Lagos y el senador Guillier se están peleando su representatividad presidencial. Sostengo que todo esto es la inercia de la política cupular que nos ha acompañado en todos estos años y que la emergencia de nuevos grupos políticos avanza y se consolidan lenta pero inexorablemente. Por la izquierda de la Nueva Mayoría el llamado Frente Amplio va a reclamar su tajada. Será una tajada pequeña puesto que bajo la aparente cara renovada de jóvenes políticos se esconden las más viejas recetas que la historia de la humanidad ya se encargó de desahuciar. Son jóvenes amargos, odiosos y con poca responsabilidad país. Los jóvenes de los años sesenta hicieron ese recorrido y fracasaron. Pero es en el centro, en medio de los bloques históricos, donde se teje la historia que permitirá retomar el reencuentro de la gente con la política y con la economía. Los nuevos movimientos y partidos de centro, Ciudadanos, Amplitud, Red Liberal, reunidos en Sentido Futuro, y muchos otros que se suman día a día desencantados de cada uno de los bloques tradicionales, están llamados a ofrecer una nueva oferta política que dará gobernabilidad a Chile. Desde el lado de Ciudadanos, con el liderazgo de nuestro fundador Andrés Velasco y talentosas nuevas figuras nacionales como Sebastián Sichel, tenemos una oportunidad de escapar a la aparente trampa del sistema binominal Los electores tienen la última palabra.



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