El año económico se juega en la política


(Columna de opinión Pulso, 2 de marzo de 2017)

Por: Patricio Arrau P.
Ph. D. Economía, U. de Pennsylvania



Intentar proyectar el crecimiento del año 2017 es una tarea casi imposible, por lo menos para los economistas. Es que no existe teoría económica que pueda contribuir a dar luces de cuál podría ser un rango razonablemente acotado. Así como absolutamente nadie proyectó que los primeros 3 años del presidente Piñera rondarían el 5% anual, definitivamente nadie estimó que los primeros 3 años de la presidenta Bachelet estarían rondando el 2% anual. Me perdonan pero el entorno externo explica casi nada. Casi todo se resume en el llamado “estado de las expectativas”, “espíritus animales” o como quiera llamarse, es decir, todo aquello que no estudiamos en economía. Estamos en un escenario donde los modelos económicos simplemente no funcionan, pues se trata de que los espíritus animales están deprimidos y no sabemos cuándo se podrían reanimar. Por lo menos la teoría económica no tiene mucho que contribuir.

Pero la vida debe continuar y el debate también. Ni el Banco Central, ni los analistas que vivimos de nuestra profesión, ni las autoridades económicas que tiene la misión de dirigir el país podemos todos irnos para la casa. Algo hay que decir. Un camino es modificar las proyecciones anteriores en la dirección del mejoramiento o el empeoramiento. En realidad eso es lo que siempre hacemos cuando las cosas no salen como se predicen. El año pasado la economía creció al 1,5% y partimos casi todos con una proyección en el rango de 1,5% a 2,5% para el año 2017, incluido el propio Banco Central en su IPOM de diciembre. Es decir, como la economía debe volver alguna vez al 3% de crecimiento tendencial, estimamos que en la parte baja este año será igual que el año pasado y en la parte alta será un punto más arriba. Es decir una gradual recuperación. Dado que el año partió muy mal, es decir este trimestre creceremos bastante menos que el ultimo del año pasado, todo agravado por una huelga significativa en el sector minero, entonces hay que ajustar el rango del crecimiento al 1,25%-2,25%. Además, debemos seguir concordando que la economía requiere otro poco de impulso monetario por lo que es muy probable que este mes se baje nuevamente la tasa de política monetaria al 3% anual, todo ello en un apasionado debate acerca de si la política monetaria puede o no ayudar.

La verdad es que el debate presentado de ese modo me recuerda al borrachito que buscaba la llave perdida debajo del farol. Es altamente improbable que estuviera allí, pero solo en ese lugar podía ver y buscarla. Me declaro incompetente para contribuir mucho a esta discusión como economista, así es que elijo intentar hacerlo como ciudadano. El año económico se juega en la política y en como empiece a dilucidarse el debate presidencial. El país permanece muy polarizado y existe un 50% de probabilidad de que gane un lado y 50% de que gane el otro. Un lado parece ser muy pro crecimiento y el otro muy pro derechos. Uno con énfasis en el crecimiento y otro más en la línea de la continuidad. Por ello pretender el año con un solo número es un ejercicio inútil. Ya sabemos que el primer trimestre estará muy bajo, quizá entre 0% y 1%, y me la juego con un segundo trimestre en torno a la proyección central del 2%. Total entre 1% y 1,5% el primer semestre. Pero es el segundo semestre el que puede oscilar en un rango mucho mayor. Por cierto la clave que inclinará la balanza del crecimiento se encuentra en el despliegue de la campaña presidencial, en la aparición de los programas y vocerías técnicas de lado y lado. Sin duda que en un escenario político la inversión podría despegar muy fuerte. Ello es bastante obvio. Sin embargo, sostengo que en el otro escenario las cosas también serán mejor el segundo semestre que en el primero. No hay mucha holgura para seguir proponiendo un programa que prescinda de un renovado aporte de vuelta de profesionales y técnicos de prestigio. A medida que se despliegue la campaña, el enfrentamiento de estos años dará paso a un debate menos polarizado, con más criterios técnicos, donde la discusión sobre el crecimiento no solo no estará ausente, sino que va a adquirir una creciente importancia.



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