Integración con Bolivia


(Columna diario La Tercera, 27/10/03)

Por: Patricio Arrau P.



Con asombro y, por qué no decirlo, con mucha tristeza, los chilenos hemos sido testigos de la tragedia política y humana que ha vivido Bolivia y que llevó a la caída del Presidente Gonzalo Sánchez de Losada. El profundo sentimiento antichileno en el pueblo boliviano fue instrumental para el éxito del movimiento dirigido por los líderes Morales y Quispe.

La historia nos entrega múltiples ejemplos de cómo naciones y pueblos enfrentados en guerras han logrado comprender las circunstancias que los llevaron al enfrentamiento e iniciar un proceso de integración por el bien de ambas partes. Europa esta plagada de estos ejemplos, así como el norte y sur de los EE.UU., los países latinoamericanos con España y Portugal, etc. ¿Qué se requiere para impulsar un serio proceso de integración entre Chile y Bolivia? ¿Qué podemos hacer los chilenos para ello? Debemos reconocer que hemos realizado muy poco. Nuestro país lleva muchos años de un importante desarrollo económico que ha llevado nuestras exportaciones hasta casi US$ 20.000 millones. Las exportaciones de Bolivia rondan apenas las US$ 1.500 millones. Nuestra balanza comercial con Bolivia muestra un notorio déficit en contra del país vecino. El último acuerdo de complementación económica no ha dado frutos por su limitado alcance y, al parecer, el más serio intento de integración, el acuerdo de libre comercio que se esperaba firmar a fines de año, sufrirá una indefinida postergación como consecuencia de los hechos que han conmovido a Bolivia.

En parte por el énfasis de las autoridades bolivianas de condicionar toda negociación al tema de territorialidad marítima y en parte por la dificultad que hemos tenido en Chile para dejar atrás una tradicional visión teñida de los aspectos de seguridad nacional en nuestra relación con nuestro vecino en el norte, a transcurrido bastante más de un siglo desde que ocurriera la guerra del Pacífico, el estado de desintegración que mantienen ambos países es asombroso. Podemos hacer mucho más al mismo tiempo que nuestros vecinos dejen de ver a Chile como la causa de sus males. Sin duda podemos utilizar nuestra posición económica para apoyar el desarrollo de Bolivia.

Una de las mayores necesidades del país vecino dice relación con su atrasada infraestructura. Ello trasunta en que el costo de transporte para el comercio de Bolivia incrementa notoriamente los precios de los productos de exportación e importación bolivianos. Por ejemplo, pocos saben que Bolivia exporta grandes volúmenes de soya a Colombia y Venezuela. La soya se lleva a Puerto Suárez en la hidrovía que une Bolivia y Argentina; viaja en barcazas hasta Rosario; se embarca en ese puerto argentino para dar la vuelta por el Estrecho de Magallanes y llegar a Colombia y Venezuela. Ese trayecto toma 60 días pero podría realizarse en 15 días si existiera la infraestructura vial y portuaria hacia la Primera Región que permitiera realizar ese comercio en forma competitivo. Faltan los caminos.

Podemos ayudar sin duda en la inversión caminera. Actualmente el Gobierno boliviano se encuentra realizando un gran esfuerzo para lograr pavimentar el tramo entre la localidad de Oruro y la localidad fronteriza de Pisiga, que junto a la inversión chilena entre Huara y Colchane, implicará el mejor corredor comercial entre la importante zona de Santa Cruz y el moderno puerto de Iquique. En total son 231 kilómetros donde aún se requiere definir el financiamiento del último tramo de 70 kilómetros entre Pisiga y Huachacalla por unos US$ 22 millones. Chile podría aportar por primera vez financiamiento a un país vecino para que éste pueda terminar esta importante inversión. Al mismo tiempo, se requiere escalar las inversiones en el lado chileno para terminar en dos años este corredor que hará no sólo más competitivo el comercio exterior boliviano, sino que es un paso necesario para que el sentimiento antichileno de nuestros vecinos dé paso a un deseo definitivo de integración comercial. Esta decisión no sería un “precedente nefasto”, ni tampoco un reconocimiento de culpas respecto a la situación boliviana. Sólo significaría que al fin nos atrevemos a actuar de acuerdo al mayor desarrollo que hemos alcanzado.


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