¿Cuál déficit municipal?


(Columna el Diario Financiero, 12/07/04)

Por: Patricio Arrau P.



El bizarro caso del Municipio de Valparaíso ha puesto sobre la mesa la evaluación de la gestión financiera de los ediles. Buena cosa a pocos meses de que la ciudadanía se apronta a elegir en todo Chile a los alcaldes y a los concejos municipales que gobernarán las comunas por los próximos cuatro años. Sería altamente conveniente que los electores pasen la cuenta a los alcaldes y los concejos incapaces de una mínima administración financiera razonable, por lo que este debate es bienvenido. Son muchos y de todos los partidos políticos los gobiernos comunales financieramente ineptos. El problema de la mala gestión financiera es completamente transversal y la correlación entre alcaldes populistas y municipios en bancarrota es abismante.

Se habla de un déficit de cerca de $ 4.000 millones de pesos para la gestión del municipio de Valparaíso y de otros $ 10.000 millones de la Corporación Municipal. En total un déficit de más US$ 20 millones de dólares. Pero se supone que los municipios no pueden tener déficit por ley. ¿De cuál déficit se habla entonces?. ¿Están los municipios fuera de la ley?. Curiosamente no. Los municipios no pueden tener déficit de caja puesto que no pueden endeudarse en el sistema financiero para financiar un déficit de su operación. Pero lamentablemente todo tipo de ingreso distinto del endeudamiento directo cuenta como tal y cualquier obligación de pago distinta de la obligación de una deuda financiera no cuenta como deuda. En esto la actual ley también es absurdamente inepta y bien haría el gobierno en modificarla previamente a promover nuevos ingresos para los municipios. Vamos por parte.¿Cómo puede un alcalde populista gastar más de lo que tiene, es decir, tener un déficit efectivo, pero al mismo tiempo no tener déficit de caja?. Tiene varios mecanismos. El primero es simplemente no pagar a sus proveedores. Las cuentas por pagar a contratistas, empresas de utilidad pública, honorarios e incluso remuneraciones quedan esperando el juicio de los justos que rara vez llega. En Valparaíso llegó por razones distintas a la fiscalización del Concejo Municipal que debe ser el órgano que limite estos excesos. Nada saca un concejal con venir a recordar ahora que “yo lo dije hace meses”. Que haga su pega y denuncie como corresponde o que renuncie. El problema con los alcaldes populistas es que la mala política los blinda. La ambición detrás del engañoso capital electoral corrompe las mentes de incluso los más justos. También los proveedores impagos prefieren hacer vista gorda con el propósito de conseguir el próximo contrato y recargan la probabilidad de no pago en el precio de sus próximos servicios. Así el bolo crece y crece. Una segunda manera de tener ingresos de caja que no son ingresos permanentes es a través de la venta de activos u operaciones financieras con los activos del municipio. Entre estos últimos es preferido el lease-back para activos inmobiliarios. Se vende el activo con compromiso de recompra generando un gran ingreso hoy a cambio de varios egresos para el futuro, por cierto a un considerable costo de fondos oculto. El actual sistema corrompe la vida comunal, especialmente en las comunas y ciudades de menor tamaño.

En Chile hemos logrado eliminar el populismo de la alta dirección del Estado pero éste gobierna campante en las comunas. No es razonable que el gobierno promueva proyectos de ley para incrementar los ingresos de las comunas (la ley de rentas II) mientras no se cambie radicalmente los incentivos para los alcaldes y los concejos municipales. La contabilidad municipal debe modificarse por una contabilidad devengada y exigirse auditorías regulares. Además, las Contralorías Regionales deben pronunciarse sobre la gestión financiera anual de los municipios y ponerlos a disposición del público en internet tan pronto como estén disponibles. Asimismo, los alcaldes debieran responder con su cargo y con su patrimonio, al igual que los directores de sociedades anónimas, por actos financieros irresponsables que dejen a sus comunas en la bancarrota. Por ahora, el debate sobre Valparaíso debe ampliarse a todas las comunas con similares historias, para lo cual el periodismo investigativo parece ser hoy el único camino. Es de esperar que en la próxima elección los electores voten por la responsabilidad en la gestión financiera y boten a los ineptos.


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